MORAL Y LUCES

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martes, 26 de junio de 2012

BALAGUER FUE UN ZORRO DE LA POLÍTICA


“Balaguerología”: ¿Maña vieja o doctrina política?


César Medina
lobarnechea1@hotmail.com
En un país como el nuestro –“donde el día más claro llueve, a la suerte le llaman chepa y al peso tolete”–, me ha extrañado mucho no haber visto todavía que a ninguno de los líderes reformistas se le haya ocurrido sugerir la “balaguerología” como doctrina política.
Porque es verdad que nadie como Balaguer ha tenido el instinto tan aguzado para manejar a la gente y resolver situaciones que de afuera parecían críticas, momentos engorrosos de la política. Todas las crisis las sorteaba a su favor. Hacía cualquier bellaquería política y se quedaba como si nada. Salía siempre bien parado.
Como cuando le renunciaron los generalotes aquellos, los jefes de todas las ramas militares encabezados por el secretario de las FFAA. A primera hora de la mañana entró un ayudante apresurado a su habitación cuando aún no se había despertado, como si el mundo se estuviera acabando. Cuando le dijeron de lo que se trataba volvió a dormirse diciendo: ¡Tiren eso por ahí! “Eso” era la carta de renuncia de los jefes militares.
Ese día llegó a su trabajo como de costumbre, poco antes de las 12:00, agotó su agenda con un viaje en helicóptero a una inauguración en el interior, después volvió a despachar al Palacio y regresó a su casa como a las 5:00 de la tarde. Comió algo y durmió su siesta. Entonces casi a la medianoche, tras su segunda tanda de trabajo, emitió un decreto sustituyendo a los renunciantes.
Con un solo decreto se los llevó a todos... Y se quedó como si nada, en su rutina diaria.
Mientras el país era un hervidero y no cabían ya más rumores y decires maliciosos.
Al día siguiente ya la gente ni hablaba de eso. Y los generalotes con la cara larga: Milo, Chinino, Pérez y Pérez, Rivera Caminero...
¡Tan guapos que eran! Cuando el 17 de agosto de 1978 esos mismos guardias, acompañados de otros, irrumpieron en la JCE y pararon el conteo de los votos cuando se hacía evidente su derrota electoral frente al PRD, Balaguer se quedó durmiendo mientras el embajador de EU, Robert Yost, permanecía en una silla al lado del oficial de guardia de su casa para entregarle en persona el mensaje del presidente Jimmy Carter: EU no aceptaría una interrupción del orden constitucional.
Muchas horas después recibió al diplomático, de quien ni siquiera se disculpó por la espera de horas. No tenía que hacerlo, ese caballero llegó a su casa sin cita.
Entonces a la hora acostumbrada se fue a Palacio y ya entrada la noche dio un discurso a la nación donde reiteraba que el gobierno respetaría la voluntad popular expresada en las urnas y se desvinculó de los acontecimientos protagonizados por los guardias esa misma madrugada en la sede de la Junta.
A partir de ese momento cesaron los rumores y la gente se fue a dormir tranquila.
El “golpe” de Wessin
Todos quedamos sin aliento aquella noche en que sin previo aviso apareció en la televisión, en una sala del Palacio repleta de militares, y a su lado, demacrado, cabizbajo y triste, el general retirado Elías Wessin y Wessin.
Lo denunció como “conspirador impenitente”, hizo poner para que lo escuchara el país una cinta magnetofónica donde Wessin en su propia voz proclamaba un golpe de Estado y deponía el gobierno balaguerista denunciándolo de asesino y corrupto. El dramatismo no podía ser mayor.
Y como Wessin era tan guapo y estaba tan dispuesto a cualquier cosa, Balaguer le pasó el micrófono para que se defendiera...
Pero Wessin ni siquiera levantó la cabeza. A partir de ahí dio pena más que otra cosa.
Del Palacio salieron Wessin al exilio y una caterva de generales y coroneles, activos y en retiro, directos a la cárcel. Muchos años después –de retorno al poder, tras la pausa entre 1978 y 1986– , con similar sorpresa, Balaguer reincorporó a la guardia a Wessin, de coronel lo ascendió a mayor general con rango transitorio de teniente general, y lo nombró secretario de Estado de las Fuerzas Armadas. ¡Habráse visto cosa...! 
Lo salvó la virgencita
Fue antológica su otra aparición una noche en la Voz Dominicana, en medio de una ola de rumores que lo daba por muerto en un accidente de helicóptero.
Llegó enlodado, con la corbata a medio anudar y completamente desaliñado. Contó que había ido a la televisión a darle gracias a la Virgen de La Altagracia por haberlo salvado de esa tragedia, que su helicóptero se había precipitado entre Villa Altagracia y Bonao, que sus ayudantes lo sacaron del monte a calitomé y que volvió a la ciudad en una “bola” que le dio un buen samaritano en un destartalado carro del concho. En ese momento ya los grupos militares en pugna habían bloqueado la entrada al Palacio y las tropas se posicionaban en los cuarteles ante la muerte inminente del Presidente. Aquello fue cosa de locos. Unos días después hubo elecciones. ¿Cuál fue el resultado? No es preciso decirlo...
A Balaguer le dijeron de todo.
Lo llamaron de todas las formas.
Pero una cosa sí que es cierta: Se metió al país en un bolsillo.
Y hay quienes dicen que en el bolsillo chiquito del pantalón.
Porque conocía la naturaleza de los dominicanos, sabía dónde radicaban sus fortalezas y sus debilidades. Aprendió eso y mucho más al lado de Trujillo, su maestro por más de 30 años, a cuyo lado se formó, se desarrolló, y quien lo entrenó sobre los trucos del poder...
...Y entonces se sentó debajo de la mata a esperar que el mango madurara. Y cuando maduró...
cayó.
Fuente: Listin Diario

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