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miércoles, 9 de mayo de 2018

No habrá desarrollo sin paz, ni paz sin desarrollo

Sabemos que no habrá desarrollo sin paz, ni paz sin desarrollo

Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, clausura la ceremonia de inauguración del XXXVII período de sesiones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en el Palacio de Convenciones de La Habana, Cuba, el 8 de mayo de 2018. ACN FOTO/ Abel PADRÓN PADILLA/ rrcc
Discurso pronunciado por Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba, en la inauguración del Trigésimo Séptimo Período de Sesiones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), en el Palacio de Convenciones, el 8 de mayo de 2 018, “Año 60 de la Revolución”.
(Versiones Taquigráficas – Consejo de Estado)
Excelentísimo señor António Guterres, secretario general de las Naciones Unidas:
Excelentísima señora Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Cepal:
Distinguidos ministros, jefes de delegaciones, delegados e invitados:
Permítanme darles la bienvenida a nuestro país, que se honra en acoger este 37 período de sesiones con la presencia de todos ustedes.
Quisiera destacar la importancia de esta reunión, que se efectúa al calor del aniversario 70 de la Cepal. Se cumplen 10 años, además, de que la señora Alicia Bárcena asumiera la conducción de la Comisión, y cuyos éxitos al frente de esta son dignos de felicitación.
La Cepal, que ha constituido durante décadas un referente del conocimiento económico y social en la América Latina y el Caribe, a nivel regional y global, ha contribuido decisivamente a situar la equidad en el centro del desarrollo, ha demostrado que la región sigue siendo la más desigual del planeta, y ha estudiado determinadas causas estructurales del problema, que seguramente serán abordadas en esta reunión.
Es preciso transformar la cultura de la desigualdad, asociada al pasado colonial de nuestras naciones y que particularmente afecta a las poblaciones indígenas, personas afrodescendientes, a las niñas y a las mujeres. Es también, en nuestra opinión, consecuencia del imperialismo, el neoliberalismo, de políticas macroeconómicas que durante décadas favorecieron a las transnacionales e hicieron más profundas las diferencias: de clases, por el color de la piel, territorios y población urbana y rural.
Habrá que enfrentar asimismo serios desafíos que incluyen el lento crecimiento de la productividad, la falta de diversificación de la estructura productiva y la pobre modernización tecnológica.
No hay más opción que avanzar en la integración regional y el desarrollo con equidad, que nos conduzcan a revertir la pirámide por la cual, en los principales países de la región, el 1 % más rico de la población se apropia de una enorme parte de las riquezas.
Cuando en febrero de 2010 decidimos la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), con la que los países de Nuestra América destacamos la intención de promover la unidad en la diversidad, nos comprometimos a “concentrar los esfuerzos de política social en la población en situación de mayor vulnerabilidad para responder al desafío de la pobreza, la desigualdad y el hambre, y alcanzar el mayor desarrollo económico y social de los pueblos latinoamericanos y caribeños sobre la base de la integralidad, la no discriminación y el reconocimiento de la persona como sujeto de derecho. Continuaremos impulsando, por lo tanto, políticas de desarrollo social para asegurar dentro de los ámbitos nacionales un enfoque que priorice los programas dirigidos a la reducción de la pobreza, la desigualdad y el hambre”.
La Proclama de la América Latina y el Caribe como Zona de Paz traza una ruta indispensable. Sabemos que no habrá desarrollo sin paz, ni paz sin desarrollo.
Estimados delegados:
Como bien apunta el informe preparado por la Cepal, «la desigualdad tiene no solo implicaciones económicas, sino también políticas, sociales y culturales».
La distribución de los ingresos y la riqueza constituye el elemento central para cerrar esa brecha y para ello ha de garantizarse por parte de los Estados el acceso de todos a la alimentación, al trabajo, a la educación de calidad, a la salud, a la cultura y a mejores condiciones de existencia.
Si bien es cierto que debemos abordar, como reza el tema central de esta reunión, «la ineficiencia de la desigualdad», el verdadero objetivo tiene que ser la «búsqueda de la igualdad de oportunidades y la justicia social» y, por consiguiente, la reducción y eliminación de la creciente pobreza, que padecen cientos de millones de latinoamericanos y caribeños.
La historia reciente de la región demostró que políticas públicas adecuadas condujeron a exitosos resultados de progreso social y crecimiento económico que sacaron del hambre, el analfabetismo y la incultura a decenas de millones de personas, como registran los informes de la Cepal. Sería inadmisible y cruel el intento de imponer una oleada neoliberal como la que ya hizo retroceder una década a nuestros pueblos.
Es preciso luchar por convertir en realidad el tema que preside la Agenda de Desarrollo Sostenible 2030, o sea, que realmente no se “deje a nadie atrás”.
Con el Acuerdo de París se puede haber iniciado un camino conducente al enfrentamiento al cambio climático, que nos afecta a todos en una u otra medida; pero en los Estados del Caribe estas amenazas se multiplican e imponen enormes tensiones a sus economías que requieren un trato especial y diferenciado, y, a la vez, mayor apoyo, solidaridad y cooperación.
Es esencial que, al abordar el tema de la desigualdad, también lo hagamos con el acceso al conocimiento.
Las tecnologías de la información y las comunicaciones favorecen el desarrollo. Para reducir la separación entre «los que tienen» y «los que no tienen», y entre países ricos y pobres, será fundamental tratar de eliminar la diferencia entre “los que saben” y “los que no saben”, entre el conocimiento y la ignorancia.
Debemos apostar por un uso de dichas tecnologías que promueva la solidaridad social, cree valores, contribuya a la paz y a la sostenibilidad económica, cultural y política de nuestras naciones.
Del mismo modo, nos obliga a la reflexión y el análisis permanente la creciente monopolización de los medios y el intento de imponer, a través de ellos, un pensamiento único, el consumismo, la manipulación de la voluntad de las personas y valores muy alejados de las realidades y aspiraciones de nuestros países.
Distinguidas delegaciones:
Por nuestra parte, a pesar de las dificultades que enfrenta la economía cubana, muy particularmente debido al recrudecimiento del bloqueo impuesto contra Cuba por casi seis décadas, seguiremos enfocados en las metas de desarrollo fijadas a fin de preservar, ampliar y profundizar los logros obtenidos.
Trabajamos en la elaboración de un Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta 2030, cuyos ejes estratégicos están entrelazados con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, como parte del proceso de actualización del Modelo Económico y Social, iniciado en el año 2011, regido por la premisa inviolable de no dejar a ningún ciudadano desamparado. Nunca aplicaremos las conocidas terapias de choque que solo afectan a los más necesitados.
De manera particular, reiteramos en este foro el compromiso de Cuba con la cooperación solidaria hacia otros países, sobre la base del respeto mutuo, la ayuda desinteresada y la complementariedad. Pese a carencias y dificultades, mantendremos esta voluntad, siguiendo el principio de compartir lo que tenemos, no lo que nos sobra.
Hemos recibido la presidencia pro témpore de la Cepal para el período 2018-2020, y de dos de sus órganos subsidiarios: el Comité de Cooperación Sur-Sur y el Foro de los Países de América Latina y el Caribe sobre Desarrollo Sostenible.
Lo hacemos con un alto compromiso y conciencia de los retos que enfrentamos, enfocados en continuar promoviendo la cooperación entre los países de la región en la materialización de la nueva Agenda 2030. Pondremos nuestros esfuerzos en apoyar la vocación de la Cepal de impulsar la búsqueda de un mundo justo, equitativo e inclusivo que reconozca a las personas como el elemento central del desarrollo sostenible. Nos esforzaremos por promover la unidad dentro de la diversidad.
Deseo reconocer al gobierno mexicano por el trabajo desarrollado desde el Trigésimo Sexto Período de Sesiones durante su mandato como Presidente pro témpore de la Comisión.
Les deseo éxitos en las sesiones de trabajo que sostendrán en los próximos días y les reitero el firme compromiso de Cuba con la Cepal, con la integración latinoamericana y caribeña, con la hermandad y la solidaridad entre nuestras naciones y en la lucha común por el desarrollo económico y social de la América Latina y el Caribe, ratificando la tesis de José Martí: «es preferible el bien de muchos a la opulencia de pocos».
Muchas gracias (Aplausos).

domingo, 20 de diciembre de 2015

LA OPCIÓN NEOLIBERAL GANADORA EN ARGENTINA CAMINO A DAR SUFRIMIENTO AL PUEBLO

La derecha al gobierno, el pueblo a las barricadas




Angel Guerra Cabrera
Periodista cubano residente en México y columnista del diario La Jornada.
Mauricio Macri no ha hecho más que realizar su largamente anhelado arribo a la Casa Rosada y ya reconfirmó sus credenciales como hombre del partido del dinero y el orden, que no se anda con chiquitas ni remilgos cuando de imponer las políticas neoliberales se trata. Cero impuestos a los terratenientes y subida de los precios de los servicios públicos a partir de enero.

Cualquier parecido con las políticas económicas de la dictadura militar de Videla, que lo enriqueció, y con los gobiernos de Ménem, que lo siguieron enriqueciendo, no es pura coincidencia. A partir de ahora, los de abajo a joderse y los de arriba a recuperar la mayor o menor tajada que se vieron forzados a ceder, pareciera ser el mensaje, se mire a Argentina o a Venezuela.

Por supuesto, no podía faltar el decretazo del flamante mandatario para llevarse de encuentro a la vapuleada Ley de Medios puesto que su imagen y candidatura se gestaron en los laboratorios de publicidad y las redacciones del conglomerado mediático Clarín y del diario La Nación, ambos también cómplices y privilegiados beneficiarios de la dictadura y del menemismo.

Los decretos suscritos por el flamante mandatario carecen de legitimidad al no corresponder con las luchas e intereses del pueblo argentino, cuando no de ilegalidad, como es el caso del nombramiento, pasando sobre la soberanía del Senado, de dos jueces de la Corte Suprema de Justicia. Para colmo, ligado uno al Banco Mundial y el otro, integrante del Opus Dei.

Tan palmariamente inconstitucionales han sido esos nombramientos, que varios miembros de la coalición que llevó a Macri al gobierno se han deslindado de ellos. Pero es muy chistoso que los mismos medios que antes golpeaban tanto a Cristina Fernández, arguyendo -entre otras mentiras-, su no apego a la institucionalidad, hoy callen estruendosamente ante los enormes atropellos a la misma del ex gobernador de la provincia de Buenos Aires.

En el caso venezolano vemos una contrarrevolución que está actuando y amenazando desde una subestimación de la fuerza del pueblo y una sobrestimación de su propia fuerza. Con solo que hagan la mitad de lo que han declarado, o se sabe que proyectan hacer aprovechando sus escaños parlamentarios, no tardarían en provocar una furiosa reacción popular en su contra.

Por no mencionar las amenazas de sacar a Chávez del Cuartel de la Montaña, donde reposan sus restos, que podría muy bien convertirse en la chispa que desencadenara un derramamiento de sangre de pronóstico reservado, con todo y el enorme patriotismo, aplomo, disciplina y contención que ha mostrado la Fuerza Armada Nacional Bolivariana ante crispantes situaciones que la han puesto a prueba. El último caso han sido los alocados insultos a líderes militares por personeros del campo enemigo del proceso bolivariano, al percatarse de su inmutabilidad ante lisonjas y guiños.

En resumen, la contrarrevolución se propone desmantelar los gigantescos logros sociales de la Revolución Bolivariana, entre ellos la independencia del país y entregar a Estados Unidos los primeros recursos del mundo en hidrocarburos.

Ante este panorama amenazador de conquistas sociales y civilizatorias en los dos países mencionados, parece necesaria la vuelta al combate en las calles de ese sujeto revolucionario creado por los movimientos populares y los nuevos gobiernos independientes latino-caribeños. Chavismo es su nombre en Venezuela pero está distribuido del río Bravo a la Patagonia.

Ese sujeto equivale hoy en América Latina y el Caribe (ALC) al proletariado. Aquel al que Marx consideró en la Europa occidental y central del siglo XIX el encargado de encabezar la revolución socialista. Hoy su tarea inmediata es impedir la restauración conservadora, preservar las conquistas sociales y la nueva cultura política conseguidas a partir del levantamiento indígena de Chiapas(1994) y la llegada de Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela, continuar demoliendo el neoliberalismo en nuestra región hasta las últimas consecuencias.

Afirmar que ahora sí termina el “ciclo progresista”, como lo han bautizado, porque haya sido electo por la mínima un presidente de derecha en Argentina, por la amenaza de desafuero contra la presidenta Dilma Rousseff o por la muy sensible conquista del parlamento a manos de la contrarrevolución en Venezuela es no conocer la historia de ALC. Entramos en una fase más difícil y compleja de la lucha por la segunda independencia de nuestra América.

(Tomado de La Jornada)

jueves, 20 de agosto de 2015

Los retos de la izquierda latinoamericana

Por: Ricardo Arturo Salgado


La intensificación de los ataques de la derecha contra todos los movimientos populares de izquierda, así como sus partidos políticos y gobiernos nos plantean escenarios en los que para seguir adelante, necesariamente tendremos que aplicarnos en muchas tareas que hemos relegado por muchos años, quizá demasiados, si consideramos la fuerza con que nuestros pueblos han buscado incansablemente su liberación y un cambio hacia sociedades más justas y prosperas.

La lección histórica es dura; no basta ganar elecciones y administrar gobiernos para consolidar procesos revolucionarios. Se necesita plantear la vía alternativa que conduzca a los pueblos a la consumación de sus aspiraciones y construya una sociedad capaz de transformarse constantemente, y responder a las exigencias que impone la realidad a cada generación.
La parálisis en la producción teórica, que dura varias décadas, el conformismo excesivo con los planteamientos reduccionistas que ya no son buenos ni para manuales, nos han llevado poco a poco a un camino estéril en el que protestamos, nos declaramos victimas pero no producimos las ideas necesarias para construir el nuevo mundo, que sigue siendo posible. Todo esto nos ha llevado a un callejón sin salida en el que terminamos divorciados de la realidad y sin entender lo que hace el enemigo.
En esto nos movimos pálidamente a aceptar con demasiada facilidad la política tradicional que gusta tanto a la derecha; renunciamos por mucho a lo que somos, y modificamos hasta nuestro vocabulario para entrar en la trampa de la ideología dominante que nos llena de estereotipos y de estigmas. Preferimos disfrazarnos de progresistas, en algunos casos, o pretendernos ultra radicales, en otros, ninguno de ellos consecuente con las necesidades que nos plantea cada momento histórico.
Y es que hemos abandonado la obligatoria misión de producir ideas para sostener nuestros argumentos. En muchos casos caemos en la arrogancia de creer que solo existe una verdad, y en ese punto comenzamos a atomizarnos en un camino sin regreso. Esta posición nos condena irremediablemente a perder el horizonte estratégico, y a enredarnos en profundas discusiones cuyo único asidero son los intereses particulares de grupos que viven muy bien en el entorno del dogma.
La ofensiva de la derecha a nivel continental en estos días es de tal envergadura que no podemos darnos el lujo de obviar cuestiones básicas, pero que muchas veces parecemos olvidar. No puede ser que nosotros sirvamos como herramienta para minar las construcciones revolucionarias en aquellos países donde con muchas dificultades hemos podido avanzar. Llenamos páginas enteras de “verdades” que invariablemente pierden de foco al enemigo, y confunden el blanco.
Esto no quiere decir que quienes dirigen nuestros partidos políticos no cometen errores, ni que llegados al gobierno son infalibles. Al contrario, la falta de producción teórica nos lleva una y otra vez a la improvisación, y con ello nos llegan muchas dificultades para encontrar formas para avanzar y profundizar nuestros procesos. Ahora bien, este asunto tiene sus orígenes en nuestro planteamiento de lucha, no parece, hasta ahora, que hayamos sido capaces de encontrar la forma de superar las estructuras neoliberales imperantes, mucho menos que podamos avanzar en la construcción de un nueva ideología hegemónica.
No solo somos detenidos por la acción incesante del enemigo, que por demás estará siempre presente, sino por nuestras serias limitaciones, así como la grave tendencia que mostramos a la burocratización de nuestras actitudes. En el debate sin sentido sobre lo que no hacemos, dejamos de lado mucho de lo que tenemos que hacer en la labor cotidiana. Políticamente nos hemos acostumbrado a estar en el campo del enemigo, y, peor aún, casi hemos renunciado a construir nuestro propio ambiente.
Otro asunto que tiende a obstaculizar nuestro avance, es la visión local, corto plazista en la que jerarquizamos en orden de “importancia” a cada partido y a cada país. Produciendo inconscientemente, luchadores de primera, segunda, tercera y hasta cuarta categoría. El enemigo no puede pedir mucho más de nosotros. No tenemos un marco común, y preferimos particularizar nuestras realidades al máximo. Esto favorece mucho el accionar desestabilizador de la derecha que es mucho más coherente, y mantiene posiciones en el largo plazo.
No se trata hoy de cuan acertados o equivocados estuvieran Marx, Engels, Lenin o Mao. Se trata de que nosotros hemos fallado a la hora de asumir la responsabilidad de llevar adelante los procesos revolucionarios que aquellos cimentaron con sus ideas. Peor aún resulta la experiencia cuando creemos entrar en el ámbito del pragmatismo, de la “Real Politik” en el que muchas veces hacemos concesiones, aun siendo más fuertes en el escenario.
La idea, cada vez más propagada, del “progresismo” nos presenta un reto sí misma. Adherimos un movimiento que en nombre de la modernidad, frena la misma creatividad de los revolucionarios. Tanto así que la derecha ha tenido poca exigencia en el campo de la propaganda, porque nos regresa invariablemente al expediente de la Unión Soviética, al que nosotros mismos no vemos aun con sentido crítico.
Da la impresión que los casos en que estamos conscientes nos mimetizamos con facilidad a la derecha, y en otros, menos claros, somos víctimas ideológicas inevitables del capitalismo.
Si somos auto críticos, no auto destructivos, encontraremos grandes preguntas: ¿Están la ideología y la economía en campos paralelos, mutuamente excluyentes? ¿Cómo construimos la sociedad socialista? ¿Es el neoliberalismo el único sistema que puede producir riquezas? ¿Cómo combatimos en consumismo demencial en nuestras sociedades? ¿Cómo construimos la unidad alrededor de una correspondencia teórico-práctica? ¿Qué necesitamos para formar cuadros políticos comprometidos con una verdadera integración de nuestros pueblos?, y muchas más. Algo es seguro, esas cuestiones aun no tienen respuestas.
Es necesario, urgente, construir los espacios de pensamiento que nos permitan resolver nuestras limitantes en este campo. Más allá de las organizaciones que ya existen y que cumplen su función, se impone la constitución de uno o varios cuerpos que formulen, que propongan, que discutan, que sean capaces de conocer al enemigo, y le quiten la posibilidad de pensar por nosotros.
(Tomado de Telesur)