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domingo, 31 de diciembre de 2017

Xi y Putin dos lideres que apuestan a la paz mundial

Xi y Putin renuevan compromiso y refuerzan su alianza estratégica



El presidente de Rusia, Vladimir Putin (izda.) y su par chino, Xi Jinping, en la ciudad china de Xiamen, 5 de septiembre de 2017.
Publicada: lunes, 1 de enero de 2018 2:28

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, y su par chino, Xi Jinping, se han manifestado este domingo, dispuestos a fortificar la ‘cooperación’ entre ambos país tanto en asuntos estratégicos de política exterior como en lo económico.

Con motivo de felicitar el Año Nuevo, los mandatarios han intercambiado mensajes, recalcando las buenas relaciones entre Rusia y China, y han abogado por mejorar aun más la “cooperación mutua” en amplias esferas.

El jefe de Estado chino, por su parte, ha asegurado a Putin su disposición para afianzar los lazos en este nuevo año, mientras destacaba que ambos países han mantenido una “estrecha” cooperación en 2017, en la defensa mutua de sus intereses comunes en la escena internacional.

“Esta cooperación entre Pekín y Moscú, especialmente en puntos de conflicto, ha contribuido a mantener la paz y la estabilidad mundiales”, ha señalado Xi, según informa la agencia china de noticias Xinhua.

Putin, a su vez, ha expresado la voluntad de Moscú de seguir fomentando la coordinación con Pekín en cuestiones internacionales y ha saludado el fuerte incremento del comercio bilateral durante 2017.


Esta cooperación entre Pekín y Moscú, especialmente en puntos de conflicto, ha contribuido a mantener la paz y la estabilidad mundiales”, ha señalado el presidente de China, Xi Jinping.




Rusia y China comparten la misma postura respecto a muchas crisis en el mundo, como en el caso norcoreano, el conflicto en Siria, y la causa de la ciudad palestina de Al-Quds (Jerusalén) y critican a EE.UU. de alterar la paz mundial con sus políticas erróneas.

Varios analistas arguyen que las tensiones entre esos países, podrían conllevar a un conflicto bélico, mientras dan una amplia ventaja a Pekín y Moscú para ganar una posible guerra con Washington.

sábado, 30 de diciembre de 2017

La mujer palestina lucha y resiste contra Sionismo Israelí

Más sonrisas de la victoria

Además de Ahed Tamimi, hay otras 58 mujeres palestinas encarceladas por el régimen fascista de Israel. Estas son algunas de ellas.


1.- Jalida Jarrar, parlamentaria palestina, miembro del Frente Popular para la Liberación de Palestina. Tiene 54 años y lleva más de un año encarcelada sin cargo alguno, "detención administrativa", en la jerga fascista israelí. El lunes los fascistas israelíes, esos que son amparados por el muy democrático Occidente (EEUU y la UE, sobre todo), cuatro días antes de que expirara su plazo de "detención administrativa", la volvieron a prorrogar otros seis meses. Tiene dos hijas.



2.- Sabah Faraoun, costurera. Tiene 34 años y dos hijos. Encarcelada cuatro veces, siempre aplicándosele la "detención administrativa". Esta última vez lleva en la cárcel desde septiembre.


3.- Ihsan Dababsé, 31 años. Lleva entrando y saliendo de la cárcel desde 2014. En "detención administrativa" desde septiembre.


4.- Ahlam al-Malouk, 19 años. En "detención administrativa" desde septiembre.


5.- Istabraq Tamimi, 22 años, estudiante de periodismo. En "detención administrativa" desde julio.



6.- Hanadi Halawani, 36 años. Es una conocida activista en la defensa de la mezquita de Al-Aqsa. En "detención administrativa" desde septiembre.


7.- Jadija Jweis, 34 años, una hija. Es maestra y está en "detención administrativa" desde septiembre.


8.- Nurhan Awad, 18 años. Condenada a 13 años de cárcel bajo la acusación de "intento de apuñalamiento" con unas tijeras de un soldado del régimen fascista de Israel.


9.- Lama al-Bakri, 17 años. Condenada a 3 años de cárcel bajo la acusación de "intento de ataque a un soldado" al defender a su madre de una detención.



10.- Sirin Issawi, 36 años, abogada. Condenada a 4 años por "proporcionar fondos a los presos palestinos". Está en celda de aislamiento en la actualidad.


Estas son algunas de esas mujeres indoblegables en Palestina, las otras sonrisas de la victoria.

El Lince



martes, 26 de diciembre de 2017

La segunda sonrisa de la victoria

Ahed Tamimi es mi heroína más joven. Es la encarnación de la resistencia palestina a la ocupación, de la lucha contra el fascismo, de la determinación y de la coherencia. Es indoblegable. Es un ejemplo para quienes van de "progres" y se ocultan o agachan la cabeza cada vez que alguien les dice que tienen que cumplir la ley. Porque ella no la cumple. Ella pelea, lucha y sufre las consecuencias por ello. Tan vez algún imbécil de los muchos que hay por el mundo diga que su lucha es insignificante aunque reconozca en voz baja su coherencia. Ahed Tamimi, con sus escasos 16 años, nos pone a todos frente al espejo. Hoy, Ahed Tamimi es el rostro de Palestina.

Ahed Tamimi se enfrentó, otra vez, a los soldados ocupantes del régimen fascista de Israel y ha sido detenida. Lleva ya dos semanas encarcelada y tal vez algún imbécil de los muchos que hay por el mundo diga que utilizó la violencia para hacer frente a esos fascistas porque se atrevió a dar una bofetada en la cara a uno de ellos. Ahed Tamimi no se doblega. Ya en 2015, es decir, cuando tenía 14 años, el régimen fascista de Israel la consideraba una amenaza.

Ahed Tamimi es el símbolo de la infancia robada por los fascistas israelíes y sus patrocinadores occidentales, esos que se llenan la boca hablando de los "valores democráticos" y de "los derechos de los niños". Lleva luchando contra la ocupación de Palestina desde los 12 años.

Ahed Tamimi es un peligro para el régimen fascista de Israel y para sus patrocinadores occidentales por la que nadie pondrá ninguna pancarta en un balcón de ningún ayuntamiento, ni nadie recibirá a su familia, ni ningún democrático parlamento otorgará ningún premio a su lucha. 

Pero Ahed Tamimi es la segunda sonrisa de la victoria.




Al igual que su madre Nariman, también detenida.

Ahed Tamimi continúa con valentía y con decisión la senda marcada en 1968 por Vo Thi Thang, la legendaria guerrillera del Vietcong (Vietnam Congsan, Vietnam Rojo) que al ser capturada tras la ofensiva del Tet se mostró siempre sonriente durante su captura y juicio.


Vo Thi Thang tuvo siempre muy claro lo que tenía que hacer para combatir la ocupación estadounidense y luchar contra el régimen títere de Vietnam del Sur. 

Vo Thi Thang era una guerrillera. Ahed Tamimi lo es también, a su manera.

La imagen de Vo Thi Thang es conocida como "la sonrisa de la victoria". Ahora, casi cincuenta años después, tiene una digna sucesora en Ahed Tamimi, la sonrisa de la victoria del siglo XXI.



El Lince

martes, 26 de diciembre de 2017

El capital trampa legal

Cuidar de los ricos


Basta que se mencione reforma tributaria para que los empresarios se froten las manos: ¡Excelente! Menos impuestos y nunca tributación justa. El que gana más, paga más. No. Es el que gana más quien mueve al país. Tiene que pagar menos impuestos para que se anime a hacer inversiones y a lo mejor contrate algunos trabajadores por algún tiempo.

Emir Sader. La Jornada


En Estados Unidos y en Argentina, de manera formal, con nuevas leyes. En Brasil y en otros países, con medidas concretas que equivalen a lo mismo, se disminuyen los impuestos a los ricos.

Leonardo Boff dice que hay que cuidar a las personas. Lula dice que gobernar, cualquiera gobierna. Pero de lo que se trata es de cuidar a la gente más pobre, más frágil.

Los gobiernos de derecha, hoy todos neoliberales, se dedican a cuidar a los ricos. Ya no les basta ser ricos. Tienen que ser cuidados. Si no, no se deciden a invertir su platita, ganada con el sudor del rostro ajeno. Hay que tentarlos a que hagan inversiones, convencerlos, darles argumentos para que se arriesguen a hacer inversiones. A lo mejor a crear algunos bienes, quién sabe si algunos empleos informales.

Esa es la lógica de los ministros y de los cronistas de derecha, tanto en las reformas laborales como en las tributarias. Asumen el llanto de los grandes empresarios, de que invertir sale muy caro. Hay mucho riesgo, además.

Que los costos de contratar trabajadores son demasiado elevados. Que así no es posible. Que no vale la pena. Mejor poner la plata en la bolsa de valores, donde no se contrata a nadie, no se paga prácticamente ningún impuesto, se saca y se lleva la plata para la bolsa de algún otro país, si vale más la pena.

Que hay que abaratar los costos de la contratación de trabajadores –a expensas de los derechos de éstos, claro– para que se contrate a más gente. Que éstos se adapten al ritmo, a las necesidades, a la temporalidad del capital, que es el motor de la sociedad, desde luego. Dos horas hoy, ninguna mañana, pasado, a lo mejor otro día 14 horas, si las máquinas así lo demandan.

Total, el sistema vigente se llama capitalista. Su centro es el capital. Todos tienen que adecuarse al movimiento del capital. Si les interesa viajar a alguna isla lejana, hay que generar las condiciones para que hagan ese viaje. Si quieren volver, que se creen las condiciones de bienvenida a los que retornen.

Sin capital no hay capitalismo, no hay capitalistas, no hay siquiera empleo para mucha gente. Los gobiernos que se importan con el desarrollo del país tienen entonces que cuidar del capital, que a su vez cuidará del país y de sí mismo.

Basta que se mencione reforma tributaria para que los empresarios se froten las manos: ¡Excelente! Menos impuestos y nunca tributación justa. El que gana más, paga más. No. Es el que gana más quien mueve al país. Tiene que pagar menos impuestos para que se anime a hacer inversiones y a lo mejor contrate algunos trabajadores por algún tiempo.

Es el regalo de Navidad de los gobiernos de los ricos para los ricos, por buen comportamiento, buen financiamiento, préstamo de sus cuadros al gobierno para ayudar a cuidar de ellos. Si no les agrada, pueden dejarnos e ir a asumir riesgos en otros pagos.

Menos impuestos, perdón de deudas, financiamientos a intereses bajos –esas son las condiciones de tener el apoyo de los empresarios. Cuidar a los ricos para que no nos abandonen por algún paraíso cualquiera.

Si no nos quedaríamos prisioneros de los pobres, de esos que viven del sudor de su rostro, de los que no explotan a nadie, de los producen todas las riquezas del país, de esos que se asocian, se organizan, se movilizan.

Para evitar esto, reforma laboral, reforma de las jubilaciones, reforma tributaria. A los que no tienen nada les quitaremos todo. Cuidar a los ricos para que seamos países de ricos, para que los otros sepan que no hay para todos, que en el capitalismo gana el que tiene capital.

Y si un gobierno de ricos no cuida a los ricos, ¿quién lo hará?

La palestina Ahed Tamimi es mi heroína más joven.

La segunda sonrisa de la victoria



Ahed Tamimi es mi heroína más joven. Es la encarnación de la resistencia palestina a la ocupación, de la lucha contra el fascismo, de la determinación y de la coherencia. Es indoblegable. Es un ejemplo para quienes van de "progres" y se ocultan o agachan la cabeza cada vez que alguien les dice que tienen que cumplir la ley. Porque ella no la cumple. Ella pelea, lucha y sufre las consecuencias por ello. Tan vez algún imbécil de los muchos que hay por el mundo diga que su lucha es insignificante aunque reconozca en voz baja su coherencia. Ahed Tamimi, con sus escasos 16 años, nos pone a todos frente al espejo. Hoy, Ahed Tamimi es el rostro de Palestina.

Ahed Tamimi se enfrentó, otra vez, a los soldados ocupantes del régimen fascista de Israel y ha sido detenida. Lleva ya dos semanas encarcelada y tal vez algún imbécil de los muchos que hay por el mundo diga que utilizó la violencia para hacer frente a esos fascistas porque se atrevió a dar una bofetada en la cara a uno de ellos. Ahed Tamimi no se doblega. Ya en 2015, es decir, cuando tenía 14 años, el régimen fascista de Israel la consideraba una amenaza.

Ahed Tamimi es el símbolo de la infancia robada por los fascistas israelíes y sus patrocinadores occidentales, esos que se llenan la boca hablando de los "valores democráticos" y de "los derechos de los niños". Lleva luchando contra la ocupación de Palestina desde los 12 años.

Ahed Tamimi es un peligro para el régimen fascista de Israel y para sus patrocinadores occidentales por la que nadie pondrá ninguna pancarta en un balcón de ningún ayuntamiento, ni nadie recibirá a su familia, ni ningún democrático parlamento otorgará ningún premio a su lucha. 

Pero Ahed Tamimi es la segunda sonrisa de la victoria.




Al igual que su madre Nariman, también detenida.

Ahed Tamimi continúa con valentía y con decisión la senda marcada en 1968 por Vo Thi Thang, la legendaria guerrillera del Vietcong (Vietnam Congsan, Vietnam Rojo) que al ser capturada tras la ofensiva del Tet se mostró siempre sonriente durante su captura y juicio.


Vo Thi Thang tuvo siempre muy claro lo que tenía que hacer para combatir la ocupación estadounidense y luchar contra el régimen títere de Vietnam del Sur. 

Vo Thi Thang era una guerrillera. Ahed Tamimi lo es también, a su manera.

La imagen de Vo Thi Thang es conocida como "la sonrisa de la victoria". Ahora, casi cincuenta años después, tiene una digna sucesora en Ahed Tamimi, la sonrisa de la victoria del siglo XXI.

El Lince

viernes, 22 de diciembre de 2017

Bosch: El fracaso del sistema

Este texto fue tomado del libro de Bosch "Dictadura con respaldo Popular" tesis planteada 1969



Juan Bosch  y Domingo Nuñez

No nos hagamos ilusiones. No es con ayuda norteamericana como nosotros podemos solucionar nuestros problemas. Nuestros pueblos han llegado a la situación que dicen los números copiados en este trabajo en los años que más grande ha sido la expansión del bienestar en otros países del mundo, especialmente en los Estados Unidos. Lo que tenemos que prever es lo que sucederá cuando en esos países se presente una crisis económica. No hay soluciones extranjeras. Esas soluciones han fracasado completamente. Este fracaso fue reconocido por el presidente Nixon cuando al hablar en la sede de la Organización de los Estados Americanos (OEA) en Washington, el 15 de abril, en ocasión de la celebración del Día de las Américas, dijo que el crecimiento de la economía latinoamericana no era más grande que cuando se inició ocho años atrás el programa de la Alianza para el Progreso. “La proporción de crecimiento [económico de la América Latina] es menor que la de los países no comunistas del Asia”, declaró Nixon en esa oportunidad (ver “Nixon Cast Doubt on Future of the Alliance for Progress”, en International Herald-Tribune, Paris, April 16, 1969, p.1). 

Pero antes de que el presidente de los Estados Unidos admitiera el fracaso de la Alianza para el Progreso había sido admitido en los centros directores de aquel país el fracaso total de toda la política elaborada para el desarrollo de la América Latina. Durante años y años los expertos en el asunto estuvieron hablando de que había que cambiar las estructuras, pero de pronto comenzaron a hablar de otra cosa; empezaron a decir que la causa del atraso latinoamericano era el aumento de la población, y luego empezó a decirse que si no se contenía ese aumento no podría haber desarrollo.

En 1968 se había generalizado en los Estados Unidos y en los círculos sociales y económicos más altos de nuestros países la idea de que para que la América Latina progresara era necesario evitar que siguieran naciendo tantos latinoamericanos. Esa era la manera más falsa de decir que los planes habían fracasado, que las perspectivas hacia el porvenir indican que éste será peor que el pasado. Nada es más absurdo que la idea de confiar la solución de los problemas latinoamericanos al control de la natalidad, pues si es verdad que el ser humano que va a nacer consumirá más comida, más ropa, más electricidad, más vehículos, más medicinas y más libros, también es verdad que sólo el ser humano produce esas cosas, y en consecuencia lo que hay que hacer no es evitar que el ser humano se multiplique; lo que debe hacerse es poner al ser humano en condiciones de que multiplique los bienes que necesita para producir los artículos que él consume. Ahora bien, ¿por qué se cree que debe suprimirse el nacimiento de más latinoamericanos? Porque se cree que el latinoamericano es un hombre que no tiene condiciones para enfrentar las tareas del desarrollo, y ésa es una idea racista y discriminatoria, que los latinoamericanos tenemos que rechazar con energía.

No somos nosotros los que hemos fracasado; ha sido el sistema social, económico y político en que hemos vivido. En vez de suprimir la vida de los latinoamericanos que van a nacer debemos dedicarnos a crear para nosotros y para ellos una sociedad más libre, más rica y más justa, en la que con el esfuerzo de todos aseguremos la libertad, la riqueza y la justicia para todos, no para una minoría. Pues el sistema ha fracasado para los pueblos, no para las minorías privilegiadas, y mientras ese sistema no sea destruido y pongamos otro en su lugar, las minorías seguirán gozando de privilegios y las mayorías seguirán siendo esclavas, seguirán padeciendo miseria y seguirán sufriendo injusticias.

El sistema en que hemos vivido hasta ahora ha sido el mismo que establecieron en nuestras tierras los españoles, los portugueses, los ingleses, los franceses, los holandeses; ese sistema evolucionó en otras partes de América y del mundo pero no en nuestros países, y dados los cambios que se han hecho en la Humanidad, ya no podrá evolucionar en la América Latina tal como evolucionó en otras partes. Nuestra organización social se quedó en una etapa atrasada debido precisamente a que el progreso en otras regiones de América produjo fuerzas que ahogaron en la América Latina el desarrollo capitalista e impidieron que nuestras estructuras sociales se formaran según el modelo de la sociedad capitalista.


Las estructuras sociales dependen de la forma en que se relacionan los hombres y los medios de producción. En los países donde toda la sociedad, a través de sus organismos superiores —gobiernos y otras instituciones—, es la dueña de todos los medios de producción, el sistema económico y social se llama socialista; aquellos donde la dueña de los medios de producción es una clase llamada burguesía, el sistema económico se llama capitalista y el sistema político es la democracia representativa, organizada generalmente en repúblicas, federales o unitarias, y algunas veces monarquías de las llamadas constitucionales, en las que los reyes representan al país, pero no lo gobiernan. En el caso de la América Latina hay repúblicas que se llaman a sí mismas democracias representativas, pero no lo son, pues aunque vivimos dentro del sistema capitalista los medios de producción no pertenecen en su totalidad a las burguesías nacionales.



Inversiones para la producción

Todo lo que produce un país se suma cada año y al total de esa suma se le llama Producto Nacional Bruto, o PNB. Para que un país o un cierto número de países progrese, su PNB tiene que aumentar por año más que su población. Esto puede explicarse con un ejemplo. Si un hombre que hace sillas de mesa produce al mes 100 pesos —cualquiera que sea la moneda de su país—, y con esa entrada puede mantener a su mujer y a dos hijos, al tener otro hijo el dinero no le alcanzará para que la familia viva al mismo nivel que antes; si le nacen dos hijos más, la situación de la familia será más estrecha, y llegará el momento en que ya no podrá mantenerse con la misma entrada. O ésta aumenta o se pasarán estrecheces.

En el caso de un país, el aumento del PNB tiene que ser cada año superior no sólo al aumento de la población, sino que además deberá ser superior en una cantidad determinada.

Si la población aumenta un 1 por ciento, el PNB tiene que aumentar más de esa proporción. ¿Por qué? Porque por cada 1 por ciento más de personas hay que invertir al año siguiente un 3 por ciento del PNB de ese año debido a que sin esa inversión no sería posible aumentar la producción en la cantidad que hace falta para alimentar, vestir y dar techo a ese 1 por ciento que nació el año anterior. El asunto es complicado, pues este año nacen los niños, pero los que habían nacido seis años antes y están vivos todavía, entran este año en la escuela, de manera que hay que hacer más escuelas para ellos; los que habían nacido hace diecisiete años entran este año en edad de trabajar, y es necesario que se monten fábricas para que encuentren trabajo. Hay especialistas que consideran que la inversión del 3 por ciento del PNB no es suficiente para cubrir todas las necesidades que tiene una población que crece un 1 por ciento al año y que debe invertirse el 4 por ciento del PNB. Ahora bien, en la América Latina la población aumenta cada año a razón de 2,9 personas por cada 100 habitantes, y eso quiere decir que los países latinoamericanos deben invertir en conjunto el 8,7 por ciento de su PNB cada año, si es que se está de acuerdo con los que opinan que la inversión de un 3 por ciento por cada 1 por ciento de aumento de la población es suficiente, porque si se está de acuerdo con los que piensan que lo correcto sería invertir el 4 por ciento, entonces la inversión total deberá ser el 11,6 por ciento del PNB.
En la América Latina no está haciéndose ni lo uno ni lo otro. La inversión del conjunto de nuestros países no llega a esas cifras, salvo los pocos años de precios muy buenos que coincidan con cosechas muy buenas, cosa que se da muy pocas veces. En algunos países la inversión puede llegar y hasta pasar del 8,7 por ciento o del 11,6 por ciento, pero no siempre y nunca en todos.

En el mundo hay países que invierten cada año proporciones muy altas de su PNB, y debido a esa alta inversión aumentan también cada año su PNB de manera notable, lo que
les permite disponer cada vez de más y más riquezas dado que sólo es riqueza lo que se produce. Por ejemplo, en 1966 el Japón invirtió 33 centavos de dólar de cada dólar que produjo en 1965; Suiza invirtió casi 28 centavos de cada dólar; Alemania
del Oeste, un poco más de 26 centavos; Italia y Holanda, un poco más de 24 centavos, y aunque en ese mismo año (1966) hubo un país latinoamericano que invirtió casi tanto como el Japón, ese país es el único en toda América Latina que dispone de grandes entradas debido a su enorme riqueza petrolera y minera, y nos referimos a Venezuela.

Los países del Mercado Común Centroamericano —que son Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica— invirtieron en 1966 12 centavos de cada dólar producido en 1965; Chile invirtió 11 y Bolivia 7. Ahora bien, esos números dicen poco si no se relacionan con el aumento de la población. La población de Costa Rica, por ejemplo, crece a razón de 3,8 anual por cada 100 personas, de manera que si debe invertir anualmente el 3 por ciento por cada 1 por ciento de aumento de su población, en1966 debió invertir el 11,8 por ciento de lo que produjo en 1965, y si invirtió el 12, que es sólo 2 décimas de centavo más que el 11,8, no podía esperar en 1966 ningún progreso importante a menos que lo tuviera por causas naturales, como tiempo excepcionalmente bueno para el café, que es su principal producto de exportación; y el tiempo excepcionalmente bueno o malo no puede predecirse, de manera que contando con él es imposible planear el desarrollo de un país. Pero hay algo más que aclarar, pues el tanto por ciento del PNB que se invierte puede ser bajo, aunque la cantidad parezca alta; eso depende de cuál fue el aumento del PNB en los años anteriores. Así, en relación con el PNB de 1960, calculando éste en 100 dólares, el PNB de Uruguay en 1964 había bajado a 93, lo que quiere decir que fue de menos 7; Honduras no aumentó ni un centavo entre 1960 y 1964; Ecuador aumentó en ese tiempo sólo 2 dólares; Argentina, que había subido de 100 en 1960 a 107 en 1961, bajó 6 en 1963, de manera que en 1964 sólo había aumentado 3 sobre 1960; así, al invertir en 1966 el 21 por ciento de su PNB de 1965, Argentina estaba en realidad invirtiendo menos de lo que necesitaba para equilibrar el déficit que tenía.
De acuerdo con el criterio del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial para la Reconstrucción y el Desarrollo, los países de la América Latina necesitan crecer año por año a razón de un 5 por ciento; es decir, deben producir cada año 105 dólares por cada 100 producidos el año anterior; pero de esos 105 tienen que invertir de 15 a 20, lo que significa que hay que producir 105 y consumir sólo de 85 a 90. Pues bien, si suponemos que en 1960 se produjeron 100, en 1961 se produjeron 105, pero el aumento en 1962 fue sólo de 3,6 y en 1963 de 1,9, y aunque en 1964 se llegó a 6,4, ya estábamos en déficit, y para cubrir ese déficit debió haber en ese año de 1964 un aumento no de 6,4 sino de 9,5; en 1965 sólo llegamos a 4,8, en 1966 a 4,6 y en 1967 a 4,3 (Naciones Unidas, Estudio económico de América Latina 1967, p.5, cuadro Nº 3). Como puede verse, a lo largo de siete años sólo se alcanzó el aumento de 5 por ciento o más en dos años, en uno no se llegó a 4 y en otro no se llegó ni a 2 por ciento. Son varios los países de la América Latina que no pueden ahorrar del 15 al 20 por ciento de su producción anual; algunos como Guatemala, Barbados y la República Dominicana ahorran sólo del 5 al 10 por ciento, lo que está muy lejos de lo que se requiere para mantener un ritmo de desarrollo; otros, como Bolivia, Costa Rica, El Salvador, Ecuador, Honduras, México, Paraguay y Uruguay, van del 10 al 15 por ciento (ver André Lewin, en publicaciones del Instituto de Administración Pública, París: Chapitre VIII a XII, Fasc. III, Années 1967-1968, pp.25-26). En años de buenas cosechas que sean también por coincidencia de buenos precios para algunos de sus productos, unos cuantos países latinoamericanos llegan a ahorrar del 15 al 20 por ciento de su producción. Pero lo cierto es que las inversiones no aumentan. El coeficiente global de inversión interna bruta que fue de 18,1 en 1960 bajó al 17,2 en 1967 y sólo en 1961 subió a 18,6; a partir de ese año, en ningún otro llegó a 18, y en 1963, 1965 y 1966 no alcanzó a 17 Estudio económico de América Latina 1967, p.5, cuadro 4). Si se saca de ahí un país como Venezuela, el coeficiente bajaría a menos del 15, y si se saca México, bajaría mucho más, lo que quiere decir que la mayor parte de los países tienen un coeficiente de inversión interna bruta totalmente inadecuado.

La producción por persona

Esos datos que se han dado se refieren a los países; al trasladarse a cada una de las personas que viven en la América Latina nos hallamos, como es claro, con la misma situación. Los organismos internacionales que dirigen los planes para lograr el desarrollo de la América Latina —Comisión Internacional de la Alianza para el Progreso (CIAP), Comisión Económica para la América Latina de las Naciones Unidas (CEPAL)— habían calculado que nuestros países necesitan aumentar su producción año tras año a no menos de 2,5 por ciento per cápita, lo que quiere decir por habitante, y que si no se alcanza ese nivel será muy difícil que nuestros pueblos progresen. La producción per cápita de un país se sabe dividiendo el PNB de ese país por el número de sus habitantes, y como esa operación se hace cada año, cada año puede sacarse en claro cuál es el producto por persona, y de acuerdo con lo que establecieron los organismos internacionales, por cada 100 dólares de producción per cápita o por persona debe haber cada año un crecimiento de 2 dólares 50 centavos en relación al año anterior.

En los años de 1950 a 1955 se había alcanzado un crecimiento de 2,2 por ciento del producto bruto por persona, pero de 1955 a 1960 se bajó a 1,8 y de 1960 a 1965 se bajó a 1,7. Los especialistas partidarios de la Alianza para el Progreso, y especialmente los norteamericanos, se alborozaron mucho en 1962 porque en 1961 se había subido a 2,4, pero sucedió que en 1962 hubo un descenso violento, que llevó el crecimiento a menos de 1 por ciento —a 80 centavos de dólar por cada 100 dólares de la producción por persona de 1961—, y la situación se agravó en 1963, cuando se bajó a menos de 0,5, es decir, a 99 dólares con 50 centavos por cada 100 dólares de la producción por persona en 1962.Otra vez volvieron a saltar de alegría los especialistas en 1965, porque en 1964 se había subido a 3,3, un nivel que no se había alcanzado en quince años, pero en 1965 se volvió a descender a 2,4 y en 1966 a 1,1; en 1967 se llegó a 1,5 (Estudio económico de América Latina 1967, p.1, cuadro 1), y los datos preliminares de la OEA para 1963 indican que en 1968 hubo 13 países que no llegaron al 2,5, entre ellos Venezuela, que sólo llegó al 1,9; Uruguay, que aumentó 1,8; Chile, 1,3, y Perú que apenas alcanzó el 0,1, esto es, 10 centavos de dólar por cada 100 dólares de la producción por persona de 1967 (Comercio exterior, ya citado). Todos esos números quieren decir que en los siete años que habían corrido de 1961 a 1967, en vez de alcanzar el 2,5 por ciento anual de aumento en el producto bruto por persona que se considera indispensable para el progreso de la América Latina se había logrado nada más un promedio de 1,6, y con ese promedio no puede asegurarse el avance, pero tampoco puede asegurarse ni siquiera la estabilidad de la situación actual.  Los mismos centros internacionales que dirigen la política del desarrollo de nuestros países esperaban que la producción per cápita sería de 410 dólares al terminar el año de 1967, y según una información fechada en Washington en abril de 1969, en 1968 se llegó nada más a 385 dólares (El Caribe, Santo Domingo, 22 de abril de 1969, p.1). En un folleto mimeografiado (América Latina, indicadores socio-económicos seleccionados, abril de 1968), el Banco Interamericano de Desarrollo, que es una de las instituciones que tienen más responsabilidades en la tarea de dirigir y acelerar el desarrollo de los países latinoamericanos, estimaba que la población de la América Latina sería de 242 millones 941 mil al final de 1967, sin incluir a Cuba, Barbados, Jamaica y Guayana; que en esa población había sólo 6 médicos y 31 camas de hospitales por cada 10 mil personas; que sólo es económicamente activa la tercera parte de la población, sin incluir ni a Haití ni a Paraguay; que por cada 100 dólares que producía en 1966 cada persona económicamente activa en los Estados Unidos, el latinoamericano también económicamente activo producía sólo 14,5; que en la mayoría de nuestros países —en 170 millones de personas no se alcanza a ingerir el mínimo de 2.550 calorías que se consideran indispensables para mantener funcionando el organismo humano; que nuestro consumo de energía eléctrica era sólo de 409 kilovatios hora por habitante en 1965. En Notas sobre la economía y el desarrollo de América Latina, publicación preparada por los Servicios Informativos de la CEPAL, Nº 7, de noviembre 30, 1968, se afirma que alrededor del 40 por ciento de la mano de obra latinoamericana se encuentra actualmente —es decir, en 1968— en condiciones de subempleo, y que esas condiciones —que van desde una desocupación parcial hasta el desempleo total— afectan a cerca de 100 millones de latinoamericanos. Ahora bien, de pronto todas esas proporciones aparecieron incorrectas, pues un cable de la Associated Press (ver “Población Latinoamericana se eleva a 276 Millones”, Listín Diario, Santo Domingo, 23 de abril de 1969, p.11), sin dar con claridad la fuente, informaba que “América Latina, acelerando su explosión demográfica, ha elevado a 276 millones el número de sus habitantes”. Y eso, que de acuerdo con el Director General de la Oficina Sanitaria Panamericana, otro organismo oficial, “de cada 100 personas que fallecen en América Latina 45 son niños menores de cinco años” (ver “Informan Promedio Muerte Infantil”, El Nacional, Santo Domingo, 22 de abril de 1969, cable de la AP). Según León Rozitchner (Moral burguesa y revolución, Argentina, Ediciones Proeyon, 1969, p.9, nota), en 1963 “En enfermedades provocadas por la desnutrición. Al cabo de 10 años hay 20 millones de niños muertos... que es el mismo número de muertos que produjo la Segunda Guerra Mundial”.

En los datos que se han dado se encuentran juntos los que se refieren a los países ricos y los que se refieren a los países pobres, y también los que se refieren a las gentes ricas y los que se refieren a las gentes pobres. Hay cinco países latinoamericanos que tienen una producción anual superior a los 500 dólares por persona, y esos pueden ser considerados entre nosotros como ricos; son Argentina, con 24 millones de habitantes; Chile, con 9 millones 600 mil; Panamá, con algo más de 1 millón 300 mil; Uruguay, con algo más de 2 millones 800 mil, y Venezuela, que a fines de 1967 llegó a 10 millones 400 mil. Esos países suman un poco más de 47 millones de personas. Tenemos dos países que producen más de 400 y menos de 500 dólares anuales por persona; son México, que alcanzó a fines de 1967 los 49 millones, y Costa Rica, que llegó a 1 millón 700 mil. Quedan entonces unos 178 millones cuya producción por persona no llega a 1 dólar por día. La República Dominicana, Honduras, El Salvador, Ecuador, Paraguay, por ejemplo, no alcanzan a 300 y Haití ni siquiera a 100. Ahora bien,  ¿cómo se distribuye esa producción? ¿Qué proporción le toca a cada latinoamericano?

Según Raúl Presbich, una verdadera autoridad en la materia, se distribuye así: de cada 100 dólares que producimos, 5 personas de cada 100 se quedan con 6 dólares cada una y a las 95 restantes les corresponden sólo 73 centavos por cabeza.

¿Cuál es el resultado de esa situación en la vida de la gran mayoría de los latinoamericanos?

Podemos verlo en el aspecto de la vivienda. Galo Plaza, Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), dijo en un discurso pronunciado en New Orleans a fines de 1968 las siguientes palabras: “En la actualidad, las ciudades latinoamericanas deberían estar construyendo un millón de nuevas viviendas al año, y para 1975 el ritmo de construcciones de viviendas debería ser de 1 millón 800 mil...al año. Sin embargo se está iniciando la construcción de sólo 400 mil viviendas al año”. Y agregó: “Aparte de las deficiencias del programa de viviendas, están surgiendo otras mayores todos los años en materia de abastecimientos de agua, servicios comerciales, de gas, electricidad, alcantarillado, transportes, escuelas y hospitales”. Al reproducir esas palabras, la Carta Semanal que edita el Equipo de Información de la Alianza para el Progreso, Unión Panamericana, semana del 9 de diciembre de 1968, decía que “entre 1968 y 1980 será necesario destinar 80 mil millones de dólares para dar albergue y ofrecer los servicios necesarios a la creciente población de la América Latina”.

¿De dónde van a salir esos 80 mil millones de dólares, sólo para viviendas urbanas y servicios, es decir, agua, electricidad, gas, alcantarillado, calles, transportes, escuelas y hospitales?

Eso significa más de 6 mil millones de dólares al año, o lo que es lo mismo, más de 500 millones de dólares mensuales durante trece años. Seis mil millones de dólares por año equivalen a la tercera parte de las inversiones brutas de toda la América Latina en 1967, que alcanzó a 18 mil 68 millones. ¿Van a salir tantos dólares de la Alianza para el Progreso, que en siete años proporcionó sólo 5 mil 800 millones y aun de esa asuma cobró 4 mil 543 millones en capital e intereses en esos mismos siete años?