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martes, 5 de abril de 2016

Desafíos del futuro para la Revolución cubana

Por: Frei Betto


La Habana Vieja, Cuba. Foto: Desmond Boylan / Facebook
La Habana Vieja, Cuba. Foto: Desmond Boylan / Facebook
El papa Francisco, cuando cumplió sus 78 años, el 17 de diciembre del 2014, hizo un inestimable regalo al continente americano: el comienzo del fin del bloqueo de los Estados Unidos a Cuba y el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre los dos países.
Ése fue el tema que Francisco priorizó con Obama durante el encuentro que mantuvieron en Roma en mayo de aquel año. Un año antes, al asumir el pontificado, Francisco se enteró de la cuestión cuando recibió a Díaz-Canel, vicepresidente de Cuba.
Obama admitió en la televisión que “el aislamiento no funcionó”. De hecho el bloqueo impuesto a Cuba, contra todas las leyes internacionales, no consiguió siquiera aflojar la autodeterminación cubana tras la caída del muro de Berlín.
Fidel, que cumplirá 90 años en agosto de este año, sobrevive a 8 presidentes de EE.UU., de los cuales enterró a 4; y a más de 20 directores de la CIA.
Los EE.UU. son lerdos para admitir que el mundo no es fruto de sus caprichos. Por eso tardaron 16 años en reconocer a la Unión Soviética; 20 al Vietnam; y 30 a la República Popular de China. Y tuvieron que pasar 53 años para aceptar que Cuba tiene derecho a su autodeterminación, como lo señaló la Asamblea General de la ONU.
De hecho los EE.UU. y Cuba nunca rompieron el diálogo. En Washington funcionó, a lo largo de cinco décadas, una legación cubana, igual que en La Habana el predio de la legación usamericana se yergue majestuoso en el Malecón.
La noticia de esa reaproximación marca el fin definitivo de la Guerra Fría en nuestro continente. Y Cuba sale gananciosa, pues ofrece una estructura turística aceptable, incontaminada y exenta de violencia a un millón de canadienses que, en invierno, a sólo tres horas de vuelo, cambian sus menos 20 grados de frío por los 30 de calor del Caribe.
Con la apertura del mercado cubano a inversores extranjeros los EE.UU., que todo lo ven en cifras, no desean quedarse atrás de la Unión Europea, del Canadá, de México, del Brasil y de Colombia, que ya tienen importantes acuerdos con la isla revolucionaria. “En lugar de aislar a Cuba, estamos aislando sólo a nuestro país, con políticas ultrasuperadas”, le dijeron a Obama en una carta los congresistas estadounidenses Patrick Leahy (demócrata) y Jeff Flake (republicano) al regresar de La Habana.
A cambio de Alan Gross, agente de la CIA detenido en Cuba por acciones terroristas, Obama liberó a tres de los cinco cubanos presos en los EE.UU. desde setiembre de 1998, acusados de terrorismo (dos ya habían sido liberados). Realmente los cinco cubanos trataban de evitar que surgiesen en Florida iniciativas terroristas por parte de grupos anticastristas. Y fueron usados como carne de cañón por el FBI y por grupos de derecha para impedir, en aquella época, la aproximación entre los EE.UU. y Cuba. El tribunal de Atlanta había admitido, por unanimidad, que las sentencias aplicadas a tres de los cinco (Hernández, Labañino y Guerrero, los últimos liberados) carecían de fundamento jurídico: no hubo transmisión de información militar secreta ni pusieron en peligro de la seguridad de los EE.UU.

Capital simbólico

Bandera cubana en un edificio emblemático de La Habana. Foto: Desmond Boylan/ Facebook
Bandera cubana en un edificio emblemático de La Habana. Foto: Desmond Boylan/ Facebook
Cuba vive actualmente un momento histórico de grandes transformaciones. Su lógica revolucionaria de desarrollo, centrada en las necesidades y en los derechos de la mayoría de la población, deja de ser estatizante y se abre a las colaboraciones público-privadas. La construcción del puerto de Mariel, el más importante del Caribe, promete nuevas posibilidades al desarrollo cubano.
El sector turismo, incrementado por la excelencia de los servicios – como en el sector médico y el alto nivel educacional de la mano de obra y la protección ambiental -, se amplía como estrategia prometedora de captación de divisas. El gobierno de Cuba se empeña en solventar el problema de la duplicidad de monedas; el peso cubano, utilizado por la población local, y el CUC, moneda convertible, obligatoria para los turistas y accesible a los cubanos en condiciones de pagar 24 pesos por un CUC. En fin, una serie de nuevas medidas está siendo estudiada y planificada para impulsar el desarrollo del país.
Lo que hay de original en la lógica del desarrollo de Cuba es precisamente su capital simbólico fundamentado en valores espirituales, como el sentido de la libertad y la independencia, de cooperación y solidaridad, que marca la historia del país, de la lucha de los esclavos a la implantación del socialismo. Muchos en el exterior ignoran cuán arraigada está en el pueblo cubano esa ética revolucionaria y apuestan a que en breve Cuba será una miniChina, políticamente socialista y económicamente capitalista.
Ese peligro existiría si Cuba abandonase lo que tiene de más precioso: su capital simbólico. El país no tiene muchos bienes materiales, y lo poco que tiene ha sido repartido para asegurar a cada habitante el derecho a la dignidad como ser humano.
Pocas naciones del mundo son tan ricas como Cuba en capital simbólico, encarnado en figuras como Félix Varela, José Martí, Ernesto Che Guevara, Raúl y Fidel Castro. Ese capital simbólico no es sólo procedente de la Revolución victoriosa en 1959. La Revolución lo potencializó. Es consecuencia de siglos de resistencia del pueblo cubano a los dominadores españoles y estadounidenses. Resulta de ese profundo sentido de independencia y soberanía que caracteriza a la cubanidad y marca la gloriosa historia del país.
Ahora bien, si la Revolución cubana tiene el propósito de durar como “sol del mundo moral”, en feliz expresión de Luz y Caballero que da título a la clásica obra de Cintio Vitier sobre la eticidad cubana, y si el desafío es perfeccionar el socialismo, la cuestión ética se vuelve central en los procesos de educación ideológica. Cada cubano debe preguntarse por qué Martí, que vivió casi quince años en los EE.UU., no vendió su alma al imperialismo ascendente. ¿Por qué Fidel y Raúl, hijos de un terrateniente, educados en los mejores colegios de la alta burguesía cubana, no vendieron sus almas al enemigo? ¿Por qué el Che Guevara, médico formado en la Argentina, consagrado como revolucionario en Cuba, ministro de Estado y presidente del Banco Central, osó franciscanamente abandonar todas las honras políticas y las facilidades inherentes al ejercicio de sus función es en el poder para ir a meterse anónimamente en las selvas del Congo y de Bolivia, donde lo encontró la muerte en un estado de completa penuria?
El capitalismo, con su poderosa máquina publicitaria, quiere que la humanidad tenga como sentido el tener, y no el ser. Quiere formar consumistas y no ciudadanos y ciudadanas. Quiere una nación de individuos, no una comunidad nacional de compañeros y compañeras.
El socialismo va en dirección contraria: en él lo personal y lo social son dos caras de la misma moneda. En él cada ser humano, independientemente de su salud, ocupación, color de la piel o condición social, está dotado de dignidad ontológica y, como tal, tiene derecho a la felicidad.
Ésta es la ética que debe ser cultivada para que Cuba, en el futuro, no llegue a ser una nación esquizofrénica, con política socialista y economía capitalista. El socialismo de una nación no se mide por los discursos de sus gobernantes, ni por la ideología del partido en el poder. El socialismo de una nación se mide por la amplitud democrática de su sistema político, emanado efectivamente del pueblo y, sobre todo, de su economía, de modo que todos, ciudadanos y ciudadanas, tengan iguales derechos a compartir los frutos de la naturaleza y del trabajo humano. Por eso yo considero el socialismo como el nombre político del amor.

Cambiar los objetivos

Niño en chivichana en una calle del Vedado habanero. Foto: Desmond Boylan/ Facebook
Niño en chivichana en una calle del Vedado habanero. Foto: Desmond Boylan/ Facebook
La reaproximación de Cuba y los EE.UU. es vista con cautela por los cubanos. En mis visitas a la isla durante los últimos 15 meses, oí decir a cubanos que dicha reaproximación era inevitable. Sin embargo, “queda un largo camino por recorrer”, me dijo Fidel, que continúa lúcido y atento al noticiero. Y muy interesado por todo lo que pasa en el Brasil.
No basta con la nueva retórica de Obama. “Es necesario que los EE.UU. excluyan a Cuba de la lista de los países terroristas”, recalcó Fidel (lo cual sucedió tras el encuentro entre Raúl y Obama en Panamá, en abril del 2015), “y que suspendan el bloqueo”. En la reunión de la CELAC EN Costa Rica, en enero del 2015, Raúl Castro añadió: “Y que devuelvan la base naval de Guantánamo”.
Cuba recibe hoy tres millones de turistas al año. (Para vergüenza nuestra, el Brasil, con todo su inmenso potencial turístico, apenas recibe seis millones). La diferencia con nuestro país está en que Cuba tiene una política de Estado de implementación turística, y promueve turismos ecológicos, científicos y culturales; mientras que el Brasil, aparte de la carencia de una política apropiada para el sector, explota apenas el Carnaval, las playas y las mulatas…
Con la reaproximación entre Cuba y los EE.UU. se prevé que viajarán a Cuba cada año tres millones de estadounidenses. Lo que, por otra parte, es el temor para los cubanos. Además de que por ahora no dispone de la infraestructura adecuada par absorber a tantos visitantes.
Según los cubanos, los canadienses son respetuosos, discretos y de fáciles relaciones con la población local. Mientras que los estadounidenses cargan con tres acentuados defectos: la arrogancia (se creen los dueños del mundo); el consumismo (compran, desde los autos antiguos que aún transitan por las calles de La Habana, hasta mujeres…); y la manía de viajar sin salir de los EE.UU…. (lo que explica la existencia, en cada punto turístico del planeta, de MacDonald´s y redes hoteleras yanquis, como Sheraton, Intercontinental, etc.)
Incluso así, los dólares son bien recibidos en una economía deficitaria, a pesar de que se tenga conciencia de que la aproximación significa el choque del tsunami consumista con la austeridad revolucionaria.
Todo indica que, inicialmente, el flujo mayor de viajeros de los EE.UU. hacia Cuba estará motivado por el llamado “turismo médico”. Para el ciudadano común los tratamientos de salud en los EE.UU. son caros y precarios. Cuba, además de excelencia en esa área, internacionalmente reconocida, posee mucha experiencia en ortopedia. Y actualmente fabrica vacunas eficientes contra varios tipos de cáncer.
Ahora le queda a la Casa Blanca pasar del discurso a la práctica. Como me hizo notar Fidel, “ellos son nuestros enemigos y por tanto es necesario que cambien no sólo los métodos sino sobre todo los objetivos en relación a Cuba”.

Galería de fotos: Cuba, por Desmond Boylan


domingo, 3 de abril de 2016

Relaciones Cuba y EEUU, si, pero con dignidad y respeto...

La nueva relación no puede nacer de la amnesia colectiva


La visita de Obama a Cuba, creo fue buena para todos, un paso positivo, un paso más hacia adelante, un reconocimiento a que la política de EE.UU. contra Cuba por más de medio siglo fracasó.

Sobre el discurso… La invitación a olvidar el pasado, la invitación a ocuparse y luchar cada uno por sí mismo, lo cual es una tentación pero no es mi opción. Obama subestimó la estatura moral e intelectual de una nación y un pueblo culto, como el nuestro.

Fue un discurso inteligente y cuidadoso, pero lamentablemente también injerencista, lleno de mensajes dirigidos a mostrarnos el llamado “sueño americano” y el proyecto en vitrina para que “los cubanos decidan su futuro”. No podía ser de otro modo.

Contrario a lo que dicen, respetamos su derecho a defender su modelo democrático en el que cuesta 1 millón de dólares ser diputado y 3 mil millones ser presidente, donde solo dos partidos se turnan en la protección de privilegios para una minoría, entre otros derroches insólitos que nadie en sus plenos cabales puede admirar.

Ellos son así y les funciona y nadie puede ir a su casa a criticarles.
Cuando la gente allí se harta porque no funciona para la mayoría (y a cada rato se hartan), la policía reparte golpes, gases lacrimógenos, arresta, aísla, mata, y nadie se molesta mucho con eso, ni en EE.UU., ni en el mundo. (Ocupywallstreet, Ferguson, la mayor población carcelaria del mundo y un largo etc…)

No fue un discurso inspirador, no para mí, ni para muchos de mis compatriotas. Muchos aplaudieron y otros muchos no aplaudieron o aplaudieron algunas partes. Y nadie les obligó.

No es el presidente de Estados Unidos quien debe pedirles a los jóvenes cubanos que olviden el pasado. En Cuba les pedimos estudiar la historia para construir un futuro diferente y mejor, sin los atropellos del gigante país vecino que trazaron nuestra relación. Nuestro pasado y presente, que no han sido perfectos, están marcados por la búsqueda de una sociedad mejor.

Nuestra nueva relación no puede nacer de la amnesia colectiva, sino de la grandeza mutua de reconocer por lo que hemos pasado, en una relación asimétrica y desigual donde una parte sostiene por el cuello a la otra preguntándole ¿Y por qué será que tú no respiras bien?

Sanciones que nunca debieron existir, nacidas de aquella época nada lejana en que EE.UU. era el sostén de todas las dictaduras del mundo entero y entrenaba asesinos y torturadores en la famosa Escuela de las Américas cerrada hace muy poco. Es cierto que Obama no tuvo que ver con eso y es lógico que no se quiera ni acordar, pero nosotros más vale no se nos olvide.

De esa época es la política que hoy todavía nos golpea duramente y no acaba de acabar. Alguien dijo que terminó el último capítulo de la guerra fría pero la política dirigida a asfixiar a Cuba y hacernos colapsar se mantiene, como bien recordó Raúl en su declaración de prensa.

Como dice Calle 13, perdono pero no olvido… Sería muy tonto hacerlo y no es necesario olvidar para llevarnos bien y con respeto. Hay que saber de dónde venimos para saber hacia dónde vamos. Eso no quiere decir negarnos al cambio en la construcción de una nueva relación que todos apoyamos, con optimismo, esperanza, sin odio ni resentimientos, pero también sin euforia y con la cautela del que ya fue herido y traicionado.

Tengo familia, muchos amigos y conocidos en Estados Unidos y aplaudo a Obama por todo lo que ha comenzado a hacer diferente y siempre, siempre le agradeceré la parte importante que le corresponde en la libertad de los Cinco.
Creo que es legítimo su cariño por Cuba y espero que este viaje ponga también en su corazón el rostro bueno de los millones de cubanos que en nuestra Patria queremos vivir mucho mejor pero no soñamos con tener un yate para cada uno como si eso fuera todo en la vida.

Respetamos a los que sueñan con ser multimillonarios, pero pedimos que no se castigue a quienes queremos repartirnos entre todos la riqueza que entre todos generamos, sin bloqueo ni presiones artificiales para hacernos fracasar.
Cuba no bloquea a Estados Unidos, es al revés. Que no se nos olvide. Faltó la disculpa por tanta agresión, pero no la esperaba y entiendo, allí no lo perdonarían.

Apoyo 100% la visita y sus resultados que nos permitirán a ambas partes avanzar todavía más en positivo, en paz, en múltiples áreas en pie de igualdad en los próximos meses por el bienestar de ambos pueblos y las familias cubanas, y todo eso es muy importante.

Fue un discurso inteligente, electorero… eso sí, que demuestra una vez más que, contrario a lo que dicen, Estados Unidos no está listo para permitir, sin intervenir, que los cubanos tengamos el derecho conquistado a discutir entre nosotros cómo dibujar nuestro futuro.

Ahí están ellos todavía repartiendo fondos al que se porte bien para “tomarnos de la mano, guiar el pincel y dividirnos, apoyando a algunos, ignorando a muchos”, reconociendo la salud y la educación mientras nos llaman a privatizar todo y decidiendo que el Estado cubano no puede cobrar impuestos a los quemás ingresarán, pero el que ganó de EE.UU sí puede.

No por gusto las nuevas medidas favorecen al sector privado (apruebo los espacios para el sector privado y cooperativo que Cuba, por cierto, fue quien lo abrió hace 20 años en una medida correcta y bienvenida), pero defiendo la fortaleza del estatal. Estoy en contra de que EE.UU.penalice al sector público cubano, que debe seguir siendo fuerte y mejorado, como si fuera un crimen hacer cosas para todos y no para unos pocos.

No parecen aptos para permitir que perfeccionemos nuestro socialismo, pero confío en que seamos mayoría los que no estamos listos para abandonar nuestro proyecto, imperfecto por demás, que es más difícil de lograr pero que siempre será mucho mejor que el que nos quieren imponer, ahora a las “buenas”. De nosotros depende.

Y hablando de no olvidar, recuerdo que se mantiene el bloqueo, la ocupación ilegal del territorio cubano en Guantánamo, la asignación ilegal anualmente de más de 100 millones de dólares por parte del Congreso para “ayudar a quienes mejor respondan al llamado de nuestro vecino”.

Sé que no hay otro camino, pero somos muchos los que no nos damos por vencidos. Mientras tanto, debemos seguir mejorando nuestro país por nosotros mismos, para responder a nuestras legítimas aspiraciones de un futuro mejor para todos. Esa es la mejor contribución a nuestra soberanía y bienestar para que no haga falta que venga nadie a explicarnos cómo deberíamos hacer las cosas.

Por lo pronto tras el discurso de Obama a los cubanos me siento más libre para decirles a los jóvenes estadounidenses y de otras partes del mundo que luchen y abran los ojos, porque no es humano morir por no tener dinero para pagar una cirugía o estudiar. Los cubanos tenemos derechos con los que millones sueñan y vamos a seguir por más.

En un mundo lleno de ideas y valores por escoger, yo sigo pensando que seré siempre más feliz al sentirme parte de un esfuerzo colectivo para mejorar todo para todos y no para unos pocos.

Por suerte en Cuba siempre hemos visto gratuitamente lo mejor del cine y la televisión de Hollywood y nuestra gente aprendió a ver el filme y a apagar el televisor conociendo que la vida es otra cosa, que la felicidad está en otra parte, en las opciones dentro de uno mismo para empezar.

(Tomado de Pensando Américas)

jueves, 10 de diciembre de 2015

Venezuela, punto de bifurcación

Por: Katu Arkonada


Katu Arkonada
Politólogo vasco. Ha coordinado las publicaciones “Transiciones hacia el Vivir bien” y “Un Estado muchos pueblos, la construcción de la plurinacionalidad en Bolivia y Ecuador”. Es miembro de la Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad.

Según las matemáticas, una bifurcación sucede cuando una variación en los parámetros de un sistema, en principio pequeña, produce cambios importantes de grado cualitativo. La dimensión de la bifurcación es el número de parámetros que deben ser modificados para que esa bifurcación ocurra.

En Venezuela, la llegada al gobierno de una sola persona, especie de número primo de la política, produjo un punto de bifurcación en todo el sistema: neoliberalismo o emancipación; el pueblo venezolano optó por la construcción de un proyecto de dimensión nacional-popular no sólo para Venezuela, sino para toda América Latina.

Como no podía ser de otra manera, la muerte de esa misma persona produjo un nuevo punto de bifurcación: restauración o chavismo. En ese punto es en el que nos encontramos y en función de cómo se resuelva ese dilema está en juego no sólo el futuro de Venezuela, sino de buena parte de América Latina y el Caribe, cuanto menos la posibilidad de seguir profundizando los procesos de cambio en la región.

Hay dos variables que nos pueden ayudar a entender qué está pasando en Venezuela. Una se llama petróleo, y la otra posneoliberalismo. Pero si vamos más allá de estos dos elementos tan obvios como permanentes en nuestros análisis, descubrimos que detrás de la rama de Venezuela hay todo un bosque llamado América Latina y una serie de intereses que encabeza el complejo industrial-militar estadunidense, lobby golpista que se sustenta sobre dos patas que se entrelazan, los intereses de las trasnacionales españolas en la región, con Felipe González de cabildero mayor del reino, y una serie de operaciones de contrainsurgencia mediática para desgastar cualquier opción que se salga del sendero trazado, sea posneoliberal, como Venezuela, Bolivia o Ecuador, o simplemente reformista, como Honduras o Paraguay.

Y en medio de esta ecuación un hombre, de apellido Maduro, al que la historia le puso en un lugar que nunca buscó. Un hombre al que hay que desmitificar, al que no se le puede pedir que sea lo que no es, un hombre al que hay que apoyar porque apoyarlo es respaldar la posibilidad de seguir transformando, avanzando, descolonizando y, en definitiva, profundizando proyectos que con distintos ritmos, matices e intensidades, sirven por vez primera a las mayorías sociales y no a unas élites minoritarias.

Este es el escenario en el que llegamos a la Cumbre de las Américas, organizada por la OEA en Panamá los días 10 y 11 de abril, para la que necesitamos hacer uso de un diagrama de dispersión, una gráfica que se puede usar para examinar la posible relación entre dos variables llamadas en este caso Cuba y Venezuela. Después de declarar fracasada su política hacia/contra Cuba, Estados Unidos necesita seguir manteniendo un enemigo externo en el otrora patio trasero, y ese no podía ser otro que Venezuela, el país con las reservas de petróleo probadas más grandes del mundo y el que dejó atrás el fin de la historia que los intelectuales del imperio se empeñaron en teorizar.

Pero una vez más, igual que el teorema de Chávez vino a contradecir las tesis de Fukuyama demostrando que era posible acceder al gobierno y a continuación tomar el poder para, desde una propuesta de izquierda y nacional-popular, refundar el Estado y redistribuir la riqueza, el teorema de Maduro va a demostrar a Brzezinski que el nuevo orden mundial ya no pasa más por un imperio en decadencia por muy peligroso que éste sea en su descenso y pérdida de hegemonía, que hoy América Latina y el Caribe tienen instrumentos para hacer frente al caos destructivo desde la integración política, económica, energética, científica, tecnológica, alimentaria y cultural.

Panamá va a ser el inicio del fin de la era Obama, y la constatación del fracaso de su política exterior hacia nuestra América. Seguramente aumentará el número de bases militares, seguramente se seguirán produciendo golpes blandos contra las democracias nacional-populares, pero al pasado ya no vamos a volver jamás. En Panamá se verá una imagen de unidad frente al imperio sin precedente en el continente, el legado de Obama será la imagen de la unidad latinoamericana y caribeña; un fracaso para Estados Unidos, una victoria de la soberanía del sur.

Las fichas en el gran tablero mundial han saltado por los aires y los jugadores se han reordenado a la vez que otros nuevos se sentaban a la mesa. En un extremo de la misma tenemos a Venezuela y el núcleo bolivariano, rodeado por un segundo anillo progresista; en el otro extremo tenemos el capitalismo depredador que en su fase imperial cristaliza en atrocidades como la de Ayotzinapa, recordatorio de ese futuro-pasado al que los pueblos de nuestra América no pueden regresar. El único axioma posible en esta partida es de seguir profundizando y radicalizando los procesos desde la unidad que hoy, aquí y ahora, pasa por la defensa de una Venezuela acechada y asediada por los buitres, pero más respaldada que nunca por América Latina y el sur geopolítico, actores protagonistas del nuevo orden multipolar.

(Tomada de http://www.jornada.unam.mx/2015/04/04/opinion/018a1mun"target="_blank" rel="nofollow">La Jornada)


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sábado, 30 de mayo de 2015

¿Quién es Diosdado Cabello y por qué lo atacan?

Diosdado somos todos

Diosdado Cabello. Foto: Tomada de El Universal.
Diosdado Cabello. Foto: Tomada de El Universal.

La Orden Ejecutiva del Presidente Obama definiendo a Venezuela como “una inusual y extraordinaria amenaza a la seguridad nacional de los Estados Unidos” y declarando “una emergencia nacional para tratar con esta amenaza” el pasado 9 de marzo provocó la alarma justificada y el rechazo unánime en todo el Continente y más allá. No era la primera vez que Washington empleaba un lenguaje tan arrogante como irracional. La historia está repleta de agresiones militares y otras violaciones al derecho internacional cometidas por el Imperio valiéndose de semejante formulación. Con esas palabras justificaron brutales invasiones armadas contra Panamá y la diminuta isla de Granada entre otros atropellos con los que aplastaron pueblos inermes y causaron muerte y destrucción en naciones que fueron despojadas de su independencia.


Pese a la desaprobación universal, desde esa fecha se ha intensificado la campaña mediática contra Venezuela. El aparato propagandístico dirigido por Estados Unidos concentra ahora sus ataques especialmente contra Diosdado Cabello, Presidente de la Asamblea Nacional de la República Bolivariana de Venezuela a quien acusan calumniosamente de vínculos con el narcotráfico internacional. Sin presentar prueba alguna el infundio es repetido rápidamente por centenares de periódicos y otros medios de comunicación en todo el mundo.
¿Quién es Diosdado Cabello y por qué lo atacan?
Unido a Hugo Chávez desde que era un joven oficial lo acompañó en su lucha contra los desmanes y la corrupción de la Cuarta República y después en la obra transformadora y pacífica de la Revolución Bolivariana. Fue pieza clave en la resistencia popular que en 2002 derrotó al golpe fascista y reinstauró a Chávez en la jefatura del Estado para la que había sido elegido democráticamente con el voto de la mayoría de los venezolanos.
Cuando se produjo la desgraciada desaparición física de Chávez y la misma derecha ultramontana que ahora lo denigra quiso, en una torpe maniobra para dividir al chavismo, que Diosdado asumiera la Presidencia de la República, encontró en él el rechazo más vigoroso. Diosdado Cabello dio un ejemplo extraordinario de firmeza revolucionaria y espíritu unitario. Demostró que no lo doblegan las lisonjas ni las amenazas.
La derecha reaccionaria y el imperialismo no le perdonaron una conducta que lo hace hoy sintetizar la voluntad de un pueblo dispuesto a preservar la independencia y la soberanía. Defender a Diosdado Cabello es defender a Venezuela, es cumplir un deber de solidaridad inexcusable para todo latinoamericano. Porque Diosdado somos todos.

Ricardo Alarcón de Quesada
Doctor en Filosofía y Letras, escritor y político cubano. Fue Embajador ante la ONU y Canciller de Cuba. Presidió durante 20 años la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba (Parlamento).