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viernes, 19 de febrero de 2016

PLD: preservemos ese legado # 4

Por DIÓMEDES NÚÑEZ POLANCO
diomedesnp[@]gmail.com




Fue tanta la entrega y la pasión que aportaron a su partido los peledeístas hasta el VI Congreso Ordinario Juan Bosch, celebrado en marzo de 2001, que convirtieron a esa organización en una fuerza debidamente dotada para la toma del poder: ya en 1990, con apenas 8 mil miembros en sus organismos, la llevó a ser la más votada y a obtener el triunfo en esas elecciones generales. (Las razones que impidieron a Juan Bosch tomar la Presidencia no son materia de este trabajo).

El crecimiento de la simpatía popular del PLD fue extraordinario, como queda expresado en los datos siguientes, con participación de los aliados: 1978: 18,375; 1982: 179,849; 1986: 387,881;1996 (segunda vuelta) con la coalición del Frente Patriótico (PRSC y otros): 1,446,384; 2000: 753,349; 2004: 2,063,871; 2008: 2,199,734; y 2012: 2,323,150. En los planos congresual y municipal de las últimas dos elecciones, experimentó estos resultados: 2006: 1,155,833 (52.23 %), y 2010:1,859,821 (56.18 %).
Estos números expresan un historial, obviamente avalado por la trayectoria peledeísta, siempre apegada a las mejores causas del pueblo y la sociedad, así las significativas y contundentes ejecutorias gubernamentales. El PLD ha operado, sin duda, como una maquinaria electoral, término que no ha dejado de generar su controversia. Así, doña Carmen Quidiello de Bosch, a raíz del VI Congreso Juan Bosch, en marzo de 2001, expresó:
“Me confieso sorprendida ante las nuevas misiones anunciadas por algunos de los protagonistas cobijados bajo el nombre de Juan Bosch. Se habla de la conversión del partido en una poderosa e invencible maquinaria electoral y nada más”. (Listín Diario, 19 de marzo, 2001).
Tras estas y otras inquietudes de doña Carmen, militante y compañera de vida de Juan Bosch, aparecidas con gran despliegue en el diario citado, ella fue visitada por miembros del Comité Político y la comisión organizadora del VI Congreso, quienes le hicieron las aclaraciones correspondientes.

Tal como infería doña Carmen, el problema no es ser maquinaria electoral, sino el riesgo de que fuera esa la única fortaleza partidaria, cuando en el fundamento de los triunfos y las obras de los gobiernos encabezados por el PLD están, en lo esencial, la doctrina y la trayectoria de mística y disciplina en las que se forjó el partido.

Más aún, cuando los congresos peledeístas, especialmente desde el VI de 2001 hasta el VIII Comandante Norge Botello, en 2015, han acordado y proclamado el “boschismo como la teoría oficial del Partido”, definido en trabajos anteriores de esta mini serie, y la obligatoriedad de ejecutar un eficaz programa de formación política.

Los mayores ejemplos de maquinarias institucionales están en la Iglesia Católica y el ejército: ambas entidades fueron tomadas como paradigmas de disciplina cuando Bosch se propuso modernizar el Partido Revolucionario Dominicano, y también cuando decidió fundar el PLD. “(…). El conocimiento – explicaba – de que tanto la Iglesia Católica como los ejércitos tenían siglos de vida me llevó a pensar que los partidos eran relativamente pasajeros porque no aplicaban métodos de trabajo en sus actividades…”.
La Iglesia, siendo una gran maquinaria social, se convirtió en la religión mayoritaria de Occidente, sin perder sus esencias, su doctrina, constituida en una entidad universal de sólido prestigio: Cuenta con grandes tesoros materiales, espirituales y culturales, y se le reconoce trascendental peso político y moral.

Comenzó siendo una comunidad pequeña, con Jesús como líder y los doce apóstoles, que él mismo seleccionó, con un mensaje de ruptura política y social, frente al Imperio romano; fue conglomerado perseguido y en ocasiones diezmado, pero su templanza y su fe renacían hasta de las cenizas. Esa calidad se convirtió en cantidad, muchedumbre de seguidores por doquier, sin perder sus valores, principios y vocación intelectual, de pensamiento. Su castillo ha sido construido en la roca, no en la arena, lo que explica que ni sus alianzas con imperios, ni cismas como los de 1054, en Oriente, y el de la Reforma Protestante de 1517, ni la Inquisición , ni la pederastia, hayan podido destruirla. Al contrario, como reivindicación humana y símbolo de un cambio de época, lo que ha brotado de su seno es una estrella llamada Francisco.


La Biblia y los evangelios marcan su ruta, su cotidianidad. En gran medida, la Iglesia Católica y otras confesiones han devenido en organizaciones de cuadros y de masas, como aspiró Bosch que fuera alguna vez el PLD, tal como le respondió a Víctor Grimaldi en aquella memorable entrevista de diciembre de 1973.


jueves, 11 de febrero de 2016

BOSCH: LA REVOLUCIÓN DE ABRIL 1965 FUE UNA REVOLUCIÓN AUTENTICA


LA REVOLUCIÓN DOMINICANA DE ABRIL 1965 FUE UNA REVOLUCIÓN AUTENTICA

JUAN BOSCH: La Revolución Dominicana de abril no fue un hecho improvisado.


El Coronel Caamaño en acción de combate contra el invasor Yanqui 
 
Los Estados Unidos, que en el mes de abril (1965) tenían en Vietnam 23 mil hombres, desembarcaron en Santo Domingo 42 mil. Para los funcionarios de Washington, los sucesos de la República Dominicana eran de naturaleza tan peligrosa que se prepararon como si se tratara de llevar a cabo una guerra de la que dependía la vida misma de los Estados Unidos. La fuerza de los Estados Unidos se usó en el caso de la Revolución Dominicana de una manera absolutamente desproporcionada. Un pueblo pequeño y pobre que estaba haciendo el esfuerzo más heroico de toda su vida para hallar su camino hacia la democracia fue ahogado por montañas de cañones, aviones, buques de guerra, y por una propaganda que presentó ante el mundo los hechos totalmente distorsionados

La Revolución Dominicana de abril no fue un hecho improvisado. Era un acontecimiento histórico cuyos orígenes podían verse con claridad. En realidad, esa revolución estaba en marcha desde fines de 1959, y fue manifestándose gradualmente, primero con una organización clandestina de jóvenes de la clase media que fue descubierta a principios de 1960, después con la muerte de Trujillo en mayo de 1961, más tarde con las elecciones de diciembre de 1962 y por último con la huelga de mayo de 1964. El golpe de Estado de septiembre de 1963 no podía detener esa revolución. Fue una ilusión de gente ignorante en achaques de sociología y de política pensar que al ser derrocado el Gobierno que yo presidí la revolución quedaba desvanecida. Fue una ilusión creer, como consideraron los que formulan en Washington la política dominicana, que una persona de buena sociedad y de los círculos comerciales era el hombre indicado para dominar la situación dominicana. Fueron precisamente el uso de la fuerza y la frivolidad del favorito de Washington —Donald Reid Cabral— los factores que aceleraron el estallido de la revolución de abril. La Revolución Dominicana tenía causas no sólo profundas, sino además viejas. 

La falta de libertades de los días de Trujillo y el desprecio a las masas del Pueblo volvieron a gobernar el país a partir del golpe de Estado de 1963; el hambre general se agravó con la política económica sin sentido del equipo encabezado por Reid Cabral, y la corrupción trujillista resultó a la vez más extendida y más descarada que bajo la tiranía de Trujillo. Se pretendió volver al trujillismo sin Trujillo, un absurdo histórico que no podía subsistir. 

La clase media y las grandes masas se aliaron en un mismo propósito; barrer ese pasado ignominioso que había renacido en el país y retornar a un estado de ley y de honestidad pública. Veamos ahora el punto que toca al tiempo histórico. Lo que le da carácter peculiar a la historia de Santo Domingo es lo que en otras ocasiones he llamado su “arritmia”. Los acontecimientos dominicanos suceden en un tiempo que no corresponde al tiempo histórico general de la América Latina. El momento histórico en que se hallaba la República Dominicana en abril de 1965 era el equivalente de 1910 en México, y es curioso que los Estados Unidos actuaran sobre Santo Domingo, en cierto sentido, como lo hicieron sobre México en 1910, aunque alegaran para ello que en Santo Domingo estaba en marcha una segunda Cuba. Pero en Santo Domingo no podía estar en marcha en abril de 1965 una segunda Cuba como no podía producirse en México de 1910. Lo que había estallado en la República Dominicana en abril de 1965 era —y es— una revolución democrática y nacionalista; y el 1965 era el momento histórico exacto para que los dominicanos iniciaran su revolución democrática y nacionalista. En términos de 1965, justicia económica. Por otra parte, el nacionalismo es un sentimiento que se origina en la necesidad vehemente de hacer progresar en todos los órdenes el propio país, en la necesidad de afirmar la conciencia nacional en el campo económico, en el político y en el moral, y toda revolución verdadera, sobre todo si es democrática, tiene un alto contenido de nacionalismo. Para no equivocarse en el caso de la Revolución Dominicana de 1965 bastaba con situarla en su tiempo histórico. Eso hubiera servido también para evitar el costoso error político de considerar que era una revolución comunista o en peligro de derivar hacia el comunismo. 

El precio que pagarán los Estados Unidos por ese error será alto, y a mi juicio lo veremos en nuestro propio tiempo. Un índice de la magnitud del error es el tamaño de la fuerza usada originalmente para embotellar la revolución. Los Estados Unidos, que en el mes de abril tenían en Vietnam 23 mil hombres, desembarcaron en Santo Domingo 42 mil. Para los funcionarios de Washington, los sucesos de la República Dominicana eran de naturaleza tan peligrosa que se prepararon como si se tratara de llevar a cabo una guerra de la que dependía la vida misma de los Estados Unidos. 

Siempre recordaré como un síntoma de esa enorme equivocación un detalle de la densa propaganda hecha por el departamento de guerra psicológica, el del famoso submarino ruso capturado en el puerto de la vieja capital dominicana. Ese submarino desapareció misteriosamente tan pronto llegaron a Santo Domingo los primeros periodistas norteamericanos independientes, pero sigue navegando en las aguas del rumor interesado. La fuerza de los Estados Unidos se usó en el caso de la Revolución Dominicana de una manera absolutamente desproporcionada. Un pueblo pequeño y pobre que estaba haciendo el esfuerzo más heroico de toda su vida para hallar su camino hacia la democracia fue ahogado por montañas de cañones, aviones, buques de guerra, y por una propaganda que presentó ante el mundo los hechos totalmente distorsionados. 

La revolución no fusiló una sola persona, no decapitó a nadie, no quemó una iglesia, no violó a una mujer; pero todo eso se dijo, y se dijo en escala mundial; la revolución no tuvo nada que ver ni con Cuba ni con Rusia ni con China, pero se dio la noticia de que 5 mil soldados de Fidel habían desembarcado en las costas dominicanas, se dio la noticia de que había sido capturado un submarino ruso y se publicaron “fotos” de granadas enviadas por Mao Tse-Tung. La reacción norteamericana ante la Revolución Dominicana fue excesiva, y para comprender la causa de ese exceso habría que hacer un análisis cuidadoso de los resultados que puedan dar la fe en la fuerza y el uso ilimitado de la fuerza en el campo político, y convendría hacer al mismo tiempo un estudio detallado del papel de la fuerza cuando se convierte en sustituto de la inteligencia. En el caso de la Revolución Dominicana, el empleo de la fuerza por parte de los Estados Unidos comenzó a tener malos resultados inmediatamente, no sólo para el Pueblo dominicano sino también para el Pueblo norteamericano. Con el andar de los días, esos resultados serán peores para los Estados Unidos que para Santo Domingo. Pero mantengámonos ahora dentro del límite estrecho de los daños causados a Estados Unidos en Santo Domingo. Por de pronto, la Revolución Dominicana, que hubiera terminado en el propio mes de abril a no mediar la intervención de los Estados Unidos, quedó embotellada y empezó a generar fuerzas que no estaban en su naturaleza, entre ellas odio a los Estados Unidos. Ese odio no se extinguirá en mucho tiempo. 

El nacionalismo sano de la revolución irá convirtiéndose a medida que pasen los meses en un sentimiento antinorteamericano envenenado por la frustración a que fue sometida la revolución. Y es una tontería insigne considerar que el nacionalismo de los pueblos pequeños y pobres puede ignorarse, desdeñarse o doblegarse. La más poderosa de las armas nucleares es débil al lado del nacionalismo de los pueblos pequeños y pobres. 

El nacionalismo es un sentimiento profundo, casi imposible de desarraigar del alma de las sociedades una vez que aparece en ellas, y ese sentimiento, según lo demuestra la historia, lleva a los hombres a desafiar todos los poderes de la tierra. Ahora bien, cuando el nacionalismo democrático es ahogado o estrangulado, pasa a ser un fermento, tal vez el más activo, para la propagación del comunismo. Estoy convencido de que el uso de la fuerza de los Estados Unidos en la República Dominicana producirá más comunistas en Santo Domingo y en la América Latina que toda la propaganda rusa, china o cubana. La fuerza, en su caso, fue empleada para impedirles que alcanzaran su democracia. Para muchos norteamericanos esto no es y no será cierto, pero yo estoy exponiendo aquí lo que sienten y sentirán por largos años los dominicanos, no las intenciones norteamericanas. Debido a que la fuerza nunca es tan fuerte como creen quienes la usan, los Estados Unidos tuvieron que recurrir en Santo Domingo a un expediente que les permitiera usar la fuerza sin exponerse a las críticas del mundo; y eso explica la creación de la junta cívico-militar encabezada por Antonio Imbert. Esa junta, como es de conocimiento general, fue la obra del embajador John Bartlow Martin, es decir, de los Estados Unidos; y pocas veces en la historia reciente se ha cometido un error tan costoso para el prestigio de los Estados Unidos como el que se cometió al poner en manos del señor Imbert parte de las fuerzas armadas dominicanas y al proporcionarles como justificación para sus crímenes el argumento de estar combatiendo el comunismo en Santo Domingo. 

Las matanzas de dominicanos y extranjeros —entre los últimos, un sacerdote cubano y uno canadiense— realizadas por las fuerzas de Imbert bajo el pretexto de que estaban aniquilando a los comunistas, quedarán para siempre en la historia dominicana cargadas en la cuenta general de los Estados Unidos y en la particular del señor Martin. Esas matanzas fueron hechas mientras estaban en Santo Domingo las fuerzas norteamericanas; y además el embajador Martin sabía quién era Imbert antes de invitarlo a encabezar la junta cívico-militar. La tiranía de Imbert fue establecida a ciencia y conciencia, y después de la tiranía de Trujillo no había excusa que pudiera justificar el establecimiento de la de Imbert. La revolución no fusiló a nadie ni decapitó a nadie; pero las fuerzas de Imbert han fusilado y decapitado a centenares, y aunque a esos crímenes no se les ha dado la debida publicidad en los Estados Unidos, figuran en los expedientes de la Comisión de los Derechos Humanos de la OEA y de las Naciones Unidas, con todos sus horripilantes detalles de cráneos destrozados a culatazos, de manos amarradas a la espalda con alambres, de cadáveres sin cabezas flotando en las aguas de los ríos, de mujeres ametralladas en los “paredones”, de los dedos destruidos a martillazos para impedir la identificación de los muertos. 

La mayor parte de las víctimas fueron miembros del Partido Revolucionario Dominicano, un partido reconocidamente democrático, pues la función de la llamada democracia de Imbert es acabar con los demócratas en la República Dominicana. Parece un sangriento sarcasmo de la historia que los crímenes que se le achacaron a la revolución sin haberlos cometido, hayan sido cometidos por un falso gobierno creado por los Estados Unidos sin que eso conmueva a la opinión norteamericana. La mancha de esos crímenes no caerá toda sobre Imbert, que al fin y al cabo es un ave de paso en la vida política dominicana; caerá también sobre los Estados Unidos y, por desgracia, sobre el concepto genérico de la democracia como sistema de gobierno. O yo no conozco a mi pueblo, o va a ser difícil que a la hora de determinar responsabilidades los dominicanos de hoy y de mañana sean indulgentes con los Estados Unidos y duros solamente con Imbert. En general, va a ser difícil salvar a los Estados Unidos de responsabilidad en todos los males futuros de Santo Domingo, aún de aquellos que se hubieran producido naturalmente si la revolución hubiera seguido su propio curso. 

El Pueblo dominicano no olvidará fácilmente que los Estados Unidos llevaron a Santo Domingo el batallón nicaragüense “Anastasio Somoza”, el émulo centroamericano de Trujillo; que llevaron a los soldados de Stroessner, los menos indicados para representar la democracia en un país donde acababan de morir miles de hombres y mujeres del Pueblo, peleando por establecer una democracia; que llevaron a los soldados de López Arellano, que es para los dominicanos una especie de Wessin y Wessin hondureño. En todos los textos de historia dominicana del porvenir figurará en forma destacada el bombardeo a que fue sometida la ciudad de Santo Domingo durante 24 horas los días 15 y 16 de junio. Todos estos puntos a que me he referido a la ligera son consecuencias del uso de la fuerza como instrumento de poder en el tratamiento de los problemas políticos. Una apreciación inteligente de los sucesos de Santo Domingo hubiera evitado los males que ha producido y producirá el uso de la fuerza que se desplegó en el caso dominicano. Para la sensibilidad de los pueblos de la América Latina, para su experiencia como víctimas tradicionales de gobiernos de fuerza, todo empleo excesivo e injusto de la fuerza provoca sentimientos de repulsión. Desde el punto de vista de los latinoamericanos, los Estados Unidos cometieron en Santo Domingo el peor error político de este siglo. El presidente Johnson dijo que los infantes de marina de su país habían ido a Santo Domingo a salvar vidas, pero lo que puede asegurar el que conozca la manera de sentir de los latinoamericanos es que esos infantes de marina destruyeron en todo el Continente la imagen democrática de los Estados Unidos. Es que parece estar en la propia naturaleza de la fuerza destruir en vez de crear, y cuando se usa en forma excesiva e inoportuna, la fuerza tiende a destruir a quien la usa. 

Una revolución puede detenerse con la fuerza, pero sólo durante cierto tiempo. En muchos sentidos, las revoluciones son terremotos históricos incontrolables, sacudimientos profundos de las sociedades humanas que buscan su acomodo en la base de su existencia. Y la Revolución Dominicana de abril de 1965 fue —y es— una revolución auténtica. Por lo menos eso creen los que tienen razones para conocer la historia, las fallas, las angustias y las esperanzas dominicanas, es decir los dominicanos que las hemos estudiado y estamos vinculados al destino de aquel pueblo por razones tan justas y tan honorables como puede estar vinculado el mejor de los norteamericanos al destino de los Estados Unidos.

Puerto Rico. 29 de junio de 1965

viernes, 5 de febrero de 2016

Diomedes: PLD, preservemos ese legado (3 de 4)


Por DIÓMEDES NÚÑEZ POLANCO
diomedesnp[@]gmail.com 2:00 am

Aunque nos hallamos en plena campaña electoral, faltando apenas tres meses y diez días para las elecciones del 15 de mayo próximo, hay comentarios y análisis de la vida partidaria que deben hacerse, precisamente, en estos momentos: el pueblo dominicano debe saber que las inconductas que se expresaron en las primarias parciales o congreso elector peledeísta, que es como se llama en el partido a ese proceso eleccionario, no se corresponden con la modélica disciplina que siempre había exhibido la organización.

Pero, al mismo tiempo, debe informarse de la decisión inaplazable de la alta dirección del partido de sancionar de manera ejemplarizadora a los responsables de los actos violentos perpetrados el 13 de diciembre pasado.

Esas medidas contribuirán con el encauzamiento del partido hacia los espacios en los cuales ha debido mantenerse siempre, sin ningún tipo de desviación, como garantía de la calidad política.
De ese modo se evitaría caer en una tradición con raíces en América Latina y en otras partes del mundo en la que la involución política e ideológica ha afectado a partidos y organizaciones que tuvieron glorioso historial en defensa de sus pueblos, al perder o reducir en gran medida su cuerpo doctrinario, principios, esencias y naturaleza, así como su identidad.

Sobresalen los siguientes casos: Partido Aprista Peruano (APRA), cuyas siglas se originan en el nombre de la Alianza Popular Revolucionaria Americana; fundado por Víctor Raúl Haya de la Torre, el 7 de mayo de 1924, como propuesta para formar una red de movimientos sociales y políticos anti imperialistas en América Latina y de tendencia indoamericanista. Con el nombre de Partido Aprista Peruano fue creado el 20 de septiembre de 1930. Enfrentó las dictaduras de Luis Miguel Sánchez Cerro y de Manuel A. Odría.

Luego de haber triunfado en las urnas, fue despojado varias veces de sus victorias por golpes militares. Perseguido por Odría en 1949, Haya de la Torre se asiló en la Embajada de Colombia, donde, al negársele salvoconducto, permaneció más de cinco años en esa misión diplomática. No obstante, el APRA ha llegado al gobierno en dos ocasiones, con Alan García como presidente de la República. En su día, influyó ideológicamente en la fundación de partidos en Venezuela, Costa Rica, Chile, Uruguay y Brasil, entre otros países.

Todo ese historial quedó atrás. El APRA involucionó. Al salir de su primer gobierno (1985-90), ese partido llegó a los mínimos de aceptación popular, oscilando entre un 9 y un 20 por ciento, y Alan García, el líder aprista , tuvo que huir a Colombia, por la persecución judicial: fue acusado de actos de corrupción. Volvió al poder en 2006, y salió de él en julio 2011 con una situación tan sombría, que en las elecciones generales de ese año no presentó candidato presidencial, y apenas obtuvo cuatro curules para el Congreso, ocupando así el sexto lugar como partido.

Otros casos de desnaturalización de organizaciones y entidades que por su nacimiento y trayectoria fueron heroicas y modélicas: Partido Revolucionario Institucional (PRI), de México, nacido como Partido Nacional Revolucionario(PNR), el 4 de marzo de 1929; en 1938 pasó a llamarse Partido de la Revolución Mexicana (PRM), y tomó la actual denominación (PRI) en 1946. En sus orígenes, fue influido por todo el legado de la revolución mexicana de 1910.

Para nosotros, los dominicanos, ese hecho tiene una particularidad: uno de sus fundadores, Emilio Portes Gil, era de ascendencia dominicana, y el PNR se fundó mientras él ocupó la presidencia interina de ese país (1 de diciembre de 1928 al 5 de febrero de 1930), luego del asesinato del presidente electo Alvaro Obregón.

También figuran el Partido Socialista de Chile, fundado el 19 de abril, 1933; los venezolanos: Acción Democrática, 13 de septiembre, 1941; Comité de Organización Política Electoral Independiente (C0PEI), el 13 de enero, 1946; Partido Justicialista (Peronista), Argentina, 21 de noviembre, 1946; Partido de Liberación Nacional, Costa Rica, fundado por José Figueres Ferrer, el 12 de octubre, 1951; y otros. Entre las organizaciones europeas, se destacan el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), fundado por el tipógrafo Pablo Iglesias, 2 de mayo, 1879; Partido Socialista Italiano, 14 de agosto, 1892, hasta 1994, cuando fue disuelto; y el Movimiento Socialista Panhelénico (PASOK), Grecia, 3 de septiembre, 1974.

miércoles, 3 de febrero de 2016

PLD recuerda que Juan Bosch fundó ese partido para completar obra de Duarte


Oleo del padre fundador de la patria
Domingo Nuñez Polanco junto al oleo de Duarte pintado por Miguel Nuñez  pintor de la patria.

Santo Domingo, Rep.Dom.-El Partido de la Liberación Dominicana (PLD), recordó este martes a sus dirigentes y miembros, en ocasión de la celebración del 203 aniversario del natalicio de Juan Pablo Duarte, que esa organización fue fundada por el profesor Juan Bosch, para completar la obra concebida del patricio de una República independiente a la que se le respete su soberanía.


El PLD invitó a sus miembros y militantes a reverenciar al padre de la Patria sumándose a los actos oficiales programados para este día y reflexionando sobre su grandeza.

Una nota enviada a END por la Secretaría Nacional de Comunicaciones, dice que “celebramos los 203 años del nacimiento del Padre de la Patria, aquel que creyó siempre en una República Dominicana, cuando otros, consideraban que la independencia para un territorio como el nuestro, no era viable”.

En el despacho divulgado por el PLD se cita al profesor Bosch quien en sus comparecencias públicas y en escritos, calificó al patricio Juan Pablo Duarte como un hombre de fe.

“Sólo quien tuviera una fe de esas que mueven montañas podía pensar que con una base humana tan escuálida podía llevarse a cabo una lucha que culminara en la fundación de un nuevo Estado en la América Latina” escribió Bosch sobre el padre de la Patria, destacando su decisión de edificar un Estado independiente en territorio pequeño, con una reducida población y escasos medios de producción.

“Este día y en ocasión del 203 aniversario del natalicio del padre de la Patria, Juan Pablo Duarte, el presidente Danilo Medina afirmó que mantener vivo el recuerdo del Fundador de la República, ayudará a luchar por la inclusión de la población”, apunta.

En su mensaje, el presidente Danilo Medina llamó a los ciudadanos y ciudadanas a dar honra y honor a Juan Pablo Duarte, Padre de la Patria Dominicana, de quien destacó el ejemplo de probidad, sacrificio y consagración a los ideales patrios.

Fuente: Nuevo Diario


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BOSCH: EL DESENGAÑO

EL MAESTRO


JUAN BOSCH

“Durante años y años creí que políticamente la Verdad se hallaba en la llamada democracia representativa, pero sucedió que cuando el pueblo dominicano se lanzó a morir por esa democracia que yo, entre varios pero quizá más que muchos, le había enseñado a buscar, la tal democracia representativa sacó de sus entrañas la putrefacción, el crimen, la mentira, el abuso”
“vi a la soldadesca norteamericana llegar a Santo Domingo armada hasta los dientes para bombardear a la ciudad más vieja de América, para aniquilar el impulso creador de nuestro pueblo y para exterminar, como se hace con las fieras, a los luchadores democráticos dominicanos; vi a la República desamparada, engañada por los organismos internacionales y traicionada por la OEA” 

JUAN BOSCH

JUAN BOSCH MAESTRO APOSTOL



“En realidad, dos cosas han guiado mi vida de escritor y político, dos fuerzas, dos impulsos: uno es servirle a mi pueblo, ese ha sido permanente desde que tengo conciencia; cuando fui teniendo conciencia de que los seres humanos como individuos son una cosa y como pueblo son otra, ya no tenía que dedicarle mi atención al individuo, fuera vieja, fuera niño o fuera hombre sino al pueblo. El segundo impulso es hacer bien lo que estoy haciendo (…) No me importa nada más. Para mí, los honores, los bienes reales, la nombradía, la gloria, nada de eso significa nada”. “Nadie se muere de verdad si queda en el mundo quien respete su memoria”. Juan Bosch