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martes, 28 de mayo de 2013

¿Margarita Presidenta?



César Medina 
lobarnechea1@hotmail.com


Margarita no se ha propuesto ser candidata. Menos violentando la aspiración no declarada de su marido, el líder del partido y expresidente Leonel Fernández...

Pero ahí está, por si las circunstancias exigen su presencia y tiene que aspirar a ser la primera mujer Presidenta de la República. Ella ni se hace ilusiones con esas cosas ni se desespera para forzar situaciones “que cuando van a llegar, llegan solas”.

Mientras tanto, está ejerciendo la Vicepresidencia con la misma ilusión con que fue Primera Dama, trabajando y sirviendo de buena voluntad a los sectores necesitados que abarcan los programas sociales bajo su responsabilidad.

Margarita es la figura de mayor popularidad y aceptación después del presidente Danilo Medina en el PLD. Está casi 15 puntos por encima de Leonel, objeto de una brutal campaña de descrédito desde que abandonó el poder hace poco más de nueve meses.

A ella ni siquiera le pasa por la cabeza un enfrentamiento eventual con su marido por la candidatura presidencial, pero esa realidad no escapa a la coyuntura política y a los intereses que se mueven alrededor de los proyectos potenciales por el poder.

Su mayor credencial es que ha podido desarrollar su propia imagen sin las muletillas de Leonel, aunque ahora tiene en su otro flanco al propio presidente Danilo Medina. Ha quedado entre dos celos que si los administra bien, terminaría ganando un espacio que le llegaría solo, por su condición de mujer... De mujer inteligente, resuelta, capaz.

Aquello no fue un invento
Lo de Humberto Salazar no fue un invento. Todo estuvo bien pensado y más que un globo de ensayo es una estrategia de doble pespunte.

La idea es enviar un mensaje al peledeísmo rancio que se resiente al regreso de Leonel... Si no fuera Leonel, entonces es Margarita. ¿A cuál de los dos preferiría la ortodoxia peledeísta? La respuesta no requiere mayor análisis.

La dirigencia tradicional del PLD no le confiere méritos a la doctora Cedeño de Fernández para tener el liderazgo que le asignan las encuestas, y lo atribuyen al asistencialismo que ejerció por ocho años como Primera Dama administrando un Despacho con presupuestos voluminosos para el manejo de los programas sociales del gobierno.

El más grave problema que tiene el PLD en este momento es precisamente la carencia de liderazgos emergentes capaces de colocarse en la línea sucesoral para la alternancia en el poder. Eso, por lo menos, es lo que revelan las encuestas a lo interno del partido.

Los grupos tradicionales del PLD, algunos de los cuales objetan el retorno de Leonel partiendo de la necesaria alternancia, estarían compelidos “a ganar con Margarita o a perder con cualquiera de ellos”. En semejante escenario, Leonel es la solución.

El otro pespunte de Salazar
Si por cualquier razón Leonel quedara fuera de la carrera, entonces Margarita sería la opción de los grupos aliados al PLD, encabezados por el Partido Reformista.

La propuesta sería celebrar unas primarias abiertas donde los partidos aliados presenten una opción que sería Margarita para enfrentar al candidato del PLD, en un proceso similar al que celebra la Concertación de Chile cada cuatro años para escoger a su candidato.

La propuesta fue consultada por Salazar con las más altas instancias reformistas y recibió la aprobación para hacerla pública, con la condición de que la hiciese a título personal.

La idea es cubrirse ante una eventual orfandad de candidatos con el arraigo necesario para conservar el poder más allá del 2016. Si no puede ser Danilo porque la reelección está proscrita en la Constitución... Si tampoco pudiera ser Leonel porque las circunstancias no lo favorezcan... Entonces hay una solución... Lo veremos mañana.

lunes, 27 de mayo de 2013

La vigencia de las ideas de Javier Díez Canseco



Hace ya algo más de dos semanas que murió Javier Diez Canseco, yo estaba de viaje al recibir la noticia. Desde ese día pensé que mi mayor homenaje póstumo era volver a divulgar algunas de lasideas que me comunicó en una entrevista que realizara con él en noviembre de 1989 y que muy pronto formarían parte de mi libro: Izquierda y crisis actual [1]  publicado en Perú y otros países. El lector o lectora podrá comprobar que, aunque ya ha transcurrido casi un cuarto de siglo desde el día en que él las enunciara, esas ideas no han perdido vigencia , aunque seguramente él habría preferido usar otros términos para referirse a algunas cosas.
A continuación en cursivas sus palabras. He dejado el número de los párrafos del libro original para que quienes lo deseen puedan encontrar más fácilmente el contexto en el que estaban insertos.
Partir del acumulado histórico de nuestros pueblosEn el acápite “Aprendizaje a través de la práctica” escribíamos:
44. [...] concordamos con Javier Diez Canseco —miembro de la comisión política del Partido Unificado Mariateguista (PUM) y senador de la Izquierda Unida peruana— quien rechaza la tesis que sostiene que la masa debe ser considerada siempre como un sector atrasado, cuya conciencia se reduce a ser un producto de la ideología dominante, y que el partido es lo esclarecido. Esto conduce a considerar a la masa como un instrumento que el partido manipula, usa, para el logro de objetivos que lo benefician, pero sin que ésta participe creadoramente en su consecución.
45. Una concepción de este tipo en la que el partido es la conciencia, la sabiduría, y la masa un sector atrasado, lleva a que la relación de éste con la masa tenga una fuerte dosis de autoritaritarismo, de compulsividad.
46. La conciencia de las masas no sólo es producto de la influencia de la ideología dominante, sino que también hay que tener en cuenta que se va construyendo a través de sus experiencias de lucha, y es, por lo tanto, un fenómeno acumulativo.
47. Las masas peruanas —señala Diez Canseco— a través de la historia de su lucha contra el colonialismo español, de la resistencia de la comunidad campesina con la mantención de formas de trabajo colectivo, asociativo y de expresiones culturales, de lengua y de otros elementos, se han ido dotando de herramientas de lucha e instrumentos organizativos que expresan niveles de desarrollo de su conciencia. Y por eso sostiene: los revolucionarios deben partir de lo acumulado histórica y socialmente por las masas: tanto en lo que se refiere a ideas, valores, concepciones, como también a formas de organización y estilos de trabajo del movimiento de masas. Esto no significa, sin embargo, desconocer la necesidad de una conducción política y es importante decirlo, porque hay corrientes en la izquierda peruana y yo creo que en la izquierda latinoamericana también, que caen en concepciones de corte basista, espontaneísta... Estas concepciones tienen fuerte influencia en algunos sectores cristianos.
  No olvidar el contexto al hacer análisis cuantitativosJavier nos advierte en otra parte de la entrevista en que debemos tener cuidado con no quedarnos en los análisis cuantitativos cuando analizamos una situación concreta.
260. [...] no debe jamás dejar de considerar el contexto en el cual estas masas se mueven; porque muy distinto es hacer grandes concentraciones en ciudades cuya vida democrática es relativamente normal, a hacerlo en ciudades militarizadas [2] , y mucho más si ellas se realizan después de verdaderos genocidios populares como ocurrió en El Salvador después de los años 79 y 80.
[...]
264. Si tomamos el caso concreto de la clase obrera en situaciones de desarrollo relativamente democrático, una estadística del número de huelgas y paros en general, el carácter legal o ilegal de los mismos, el tipo de enfrentamiento al que se llega, los logros que se alcanzan, pueden ser datos indicativos de su estado de ánimo. Pero en épocas de crisis económicas, cuando el empleo es un verdadero privilegio y la represión contra toda manifestación de rebeldía en las industrias es castigada con la expulsión, difícilmente se logra movilizar a la clase obrera a partir de sus centros de trabajo.
265. Si yo mido un paro en el Perú de 1989 con los patrones del Perú de 1987, me equivoco —sostiene Javier Diez Canseco— porque en el año 1987 salir a un paro era muy distinto que salir a un paro en 1988. Hoy salir a un paro es correr el riesgo de ser acusado de subversivo, de terrorista, pasar 15 ó 20 días detenido o ser ingresado a un proceso judicial que es kafkiano; perder el trabajo, el riesgo del allanamiento domiciliario... Entonces se trata de otra situación. Salir a la calle con una izquierda que no ofrece nada más que lo tradicional: el paro sindical, con el dirigente sindical a la cabeza; salir a la calle a ofrecer el pecho a una policía que opera con gases lacrimógenos, perdigones, que nos ha dejado más de 70 ciegos en los últimos meses —porque disparan a la cara con escopetas de perdigones de cartucho—, con grupos operativos enmascarados con pasamontañas, sólo los ojos a la vista, sin galones ni mecanismos de identificación, determina que el movimiento de masas tenga exigencias distintas para actuar. Si yo le ofrezco el viejo método, no va a salir. Y ése es uno de los grandes debates en el Perú. Los paros nacionales no caminan, l as masas no salen a la plaza y yo en esas condiciones tampoco saldría a la plaza, porque es un suicidio.
266. Pero no debemos caer en el error de estimar que éste es un índice de que su estado de ánimo necesariamente ha decaído; porque esos mismos obreros que no se movilizan en las fábricas, están muchas veces dispuestos a luchar conspirativamente en los barrios.
267. Ese fue el caso, por ejemplo, de los sandinistas. El comandante Jaime Wheelock nos contaba que ellos tuvieron una “enorme dificultad” para ligarse a los sindicatos. Los trabajadores tenían temor a participar en actividades políticas a partir de los sindicatos o a partir de las fábricas, por miedo a ser despedidos de sus centros de trabajo. “Era más fácil organizarlos en sus barrios. Un obrero prefería ser un militante clandestino de una organización armada que participar en actividades políticas, o incluso hasta gremiales.” [3]   
  Cómo construir la Hegemonía popularEl mayor aporte del dirigente peruano —a mi entender— fueron sus reflexiones acerca del tema de la hegemonía.
Abandonar la política de “aplanadora”  954. [...] hegemonía es lo opuesto a hegemonismo. Nada tiene que ver con la política de “aplanadora” que algunas organizaciones revolucionarias, aprovechándose de ser las más fuertes, han pretendido emplear para sumar fuerzas a su política.
955. Hegemonía es la antítesis del hegemonismo —sostiene Javier Diez Canseco—, porque este último consiste en pretender imponer la dirección desde arriba, acaparando cargos e instrumentalizando a los demás.
956. No se trata de instrumentalizar, sino, por el contrario, de sumar a todos los que estén convencidos y atraídos por el proyecto que se pretende realizar. [...]
Compartir responsabilidades con otras fuerzas.957. Estoy convencido de que sólo se puede lograr construir la hegemonía si se es capaz de compartir responsabilidades con otras fuerzas. No puedes pretender llevar a cabo una política excluyente. En mi opinión, la hegemonía está íntima e inmediatamente vinculada al concepto de frente. [...]
958. Se debe buscar incorporar en las estructuras de conducción a representantes de vastos sectores, ya sea a personalidades como a formas organizativas que no necesariamente tengan un origen exclusivamente clasista; por ejemplo, formas organizativas que expresan a movimientos sociales: indígenas, estudiantiles, cristianos, barriales, femeninos y otros; y en la que también se sientan representados fenómenos regionales que, en algunos países, especialmente en los de mayor extensión territorial en América Latina, llegan a adquirir una gran importancia.
959. Esto es algo que obviamente es mucho más fácil de decir que de aplicar —reconoce—, porque la tendencia general de las fuerzas políticas es al hegemonismo. Sólo es posible superar esta tendencia si se ha logrado implementar una concepción del ejercicio de la dirección suficientemente clara y madura.
Y más adelante agrega:
966. Por desgracia, todavía en la izquierda hay muchísimo hegemonismo y hay muchas cosas concebidas como dogmas. Así se estima, por ejemplo, que la dirección de la clase obrera se expresa en la dirección de la central sindical obrera sobre el frente de masas y si la central obrera no tiene la dirección del frente de masas se considera cuestionada la dirección obrera del frente. Con una lógica de este tipo siempre hay alguien a quien le corresponde el puesto de presidente, de secretario general, y otras organizaciones, por muy poderosas y representativas que sean, no podrán nunca aspirar a esa posibilidad... De este modo hay una suerte de concepción de la representación de la clase que es profundamente excluyente.
967. “Yo pienso —afirma Javier Diez Canseco—que algunos partidos comunistas tienen todavía esta concepción muy metida en la cabeza y que ella conduce, casi automáticamente, a una política de tener compañeros de ruta, en el mejor de los casos, pero nada más que compañeros de ruta. Y el compañero de ruta siempre sabe que en cualquier momento lo desembarcan y eso te conduce a sentirte en una posición realmente inestable dentro del frente político. Aparte de que en mi opinión es una discusión francamente sonsa, porque tú, por decreto, no vas a determinar el liderazgo de nadie. Ninguna ley ni ningún libro te va a garantizar el liderazgo.
Se puede ganar y perder968. “Si no tienes una concepción dinámica de lo que es ganar la hegemonía y mantenerla, que es además un proceso que tiene que ser recreado permanentemente, porque el reto de dirigir adecuadamente es un reto permanente. La vida sigue su curso, aparecen nuevos problemas, y con ellos nuevos retos.
No se mide por número de cargos sino por el número de personas que hacen suyas nuestras ideas  [...]
971. El grado de hegemonía alcanzado no puede medirse entonces por la cantidad de cargos que se logre conquistar. Lo fundamental es que quienes están en cargos de dirección hagan suya e implementen nuestra línea, aunque no sean de nuestra organización.
972. Es importante aclarar —sostiene el dirigente peruano— que hegemonizar no implica tener cargos, ni tener las organizaciones bajo control directo del partido. La hegemonía es algo mucho más amplio: es la influencia que tienen determinadas concepciones sobre un sector muy vasto de la población. Esos conceptos, posiciones, valores, pueden ser recogidos por fuerzas que no necesariamente están organizadas en ese partido, o por personas sin partido.
973. Yo creo que un problema clave para lograr eso es partir del hecho de que lograrlo supone la existencia de un proyecto estratégico básico común, porque si éste no existe, no se dan los elementos de confianza suficientes como para compartir. Confianza que, a su ve, se gana a partir de una experiencia de trabajo común. Si no hay confianza entre los sectores, compartir responsabilidades se torna algo casi imposible.
974. Tiene razón Diez Canseco cuando dice que una forma de expandir la hegemonía de una determinada organización es situar en cargos de responsabilidad a gente que no necesariamente milite en dicha organizaciónSi tú los vas convenciendo en la práctica de que tú tienes la razón en cuanto al proyecto y, al mismo tiempo, demuestras que estás dispuesto a compartir responsabilidades con ella, eso va creando una gran confianza que se traduce en una adhesión al proyecto político que tú planteas.
[...]
987. Por otra parte, no hay que olvidar que para ganar la hegemonía en condiciones de desventaja en la correlación de fuerzas, situación de la que parte todo movimiento revolucionario, es fundamental la experiencia práctica de las masas. En este aspecto pone especial hincapié Javier Diez Canseco:
988. Nuestra concepción del partido —expresa— es la de una fuerza que apunta a conquistar la hegemonía, es decir, que apunta a conquistar la conciencia de las masas, partiendo de experiencias concretas y acumuladas que las masas tienen, potenciando sus aspectos positivos.
989. Considero —añade— que el eslabón clave en la hegemonía es el ejercicio de una dirección que responda a las necesidades de los sectores sociales a los que uno aspira a conducir y cuyos intereses uno aspira a representar, organizar y llevar adelante.
Relación entre hegemonía y capacidad de resolver los problemas de la gente990. Yo creo que para ganar la hegemonía no basta tener una propuesta programática teórica correcta, si no se posee la capacidad de avanzar con los sectores convocados por esta propuesta, en la solución de sus problemas más vitales. El recorrer juntos los caminos que va acercando a algunas soluciones va permitiendo avances en los aspectos organizativos y en la conciencia tanto de las masas cómo de los mismos cuadros dirigentes. Opino que ése es un punto clave en este proceso.
  Una nueva cultura política991. Otro punto clave es el de tener una práctica política que exprese concretamente estilos, métodos, formas de acción nuevas, que impliquen una negación de lo viejo, de lo que la gente rechaza. Me refiero a formas de conducta dignas, honestas, que reflejen disposición al sacrificio, combatividad, consecuencia. Sólo así una fuerza política puede lograr no sólo representar a sectores de masas, en el sentido de que defiende sus intereses, sino que además tenga comportamientos políticos que sean considerados aceptables y positivos por la gente.
  Profunda inserción en la historia nacional1019. [...] compartimos la opinión de Javier Diez Canseco, quien sostiene que la lucha por la hegemonía tiene que ser una lucha construida a partir de una inserción muy profunda en la historia. es bien difícil llegar a ser una fuerza hegemónica si uno no logra insertarse en las tradiciones históricas, en la vía nacional que las masas han transitado y eso implica construirse, a la vez que como una fuerza internacionalista y socialista, como una fuerza nacional. Creo que ése es un fenómeno indispensable para la construcción de la hegemonía.


[1] . Este libro aborda el tema de la necesidad de una conducción política para que los estallidos revolucionarios no aborten. Hace una comparación entre las tesis leninistas y las reflexiones y aportes de la práctica revolucionaria latinoamericana de los últimos años, recogidas a través de diversos testimonios de varios de los protagonistas. Publicado en: Argentina, Ediciones de Gente Sur, 1990; Uruguay, TAE Editorial, 1990; Chile, Brecha, 1990; Nicaragua, Barricada, 1990. Con el título Izquierda y crisis actual en: México, Siglo XXI Editores, 1990; Perú, Ediciones Amauta, 1990; Venezuela, Abre Brecha, 1990; Dinamarca, Solidaritet, 1992. Disponible en libros libres: http://www.rebelion.org/docs/92106.pdf
[2] . Este fue justamente un factor que influyó enormemente en hacer fracasar el paro de octubre de 1988 en Colombia.
[3] . Jaime Wheelock, Nicaragua: El papel de la vanguardia, p.37.

domingo, 26 de mayo de 2013

Carta, elegía a mi madre


Escrito por: JOSÉ SILIÉ RUIZ

Hoy celebramos el “Día de las Madres”, el primero que nos toca celebrar sin tu presencia física terrenal, lo hago un día para mi memoria personal como queriendo recuperar años en el territorio de la feliz infancia donde tú, con tantos mimos y cariños nos brindaste en vida, en el recordatorio de la cotidianidad amorosa vividos en un hogar de un convivir casi sagrado.

Hoy en mi memoria no quiero aliarme a la melancolía y prefiero “filosofar” sobre lo que es la vida, esa unidad que consiste en dos cosas: la primera, “materia” sorprendente en su falta de perpetuidad, su transitoriedad, lo efímero y frágil de la subsistencia misma.

Así podemos hablar de la vida en términos de finalidad, adaptación y de función social. Pero no hemos encontrado en las cosas vivientes artificios y trampas que logren burlar las leyes físicas de la temporalidad.

Lo segundo, es el “espíritu”, encontramos y espero que sigamos encontrando una coincidencia en que el amor es el bálsamo más reconfortante para el alma, aceptamos que el amor de madre, este es el superior de todos los amores terrenales, el más efectivo para: curar heridas, desamores, desencuentros, tristezas y desenmarañar los misterios del vivir, desde que ese embrión humano está en el antro materno hasta que esa madre viaja a ignotas esferas siderales acompañada de una lluvia de estrellas sagradas.

He tratado en estos meses de tu ausencia terrenal madre querida hacerte presente diariamente, y ante los amables lectores me atrevo y pidiéndoles una venia gramatical compartir un acróstico a tu nombre.

El nombre de mi madre no es común, según la leyenda era el de una virgen indígena, Vaganiona: “Verte partir fue el mayor desgarro de mi Alma, drama que inició en mí el sufrir como un Galeote, pues como nunca Antes había padecido tanto el alma mía, esto hizo Nesgar las fibras de mi corazón creándose entonces, un Intersticio entre esa triste realidad y el yo negarme, que cual Ojiva que enlaza ese No querer aceptar que ya no estás y sí te has ido con todo tu Amor y tu inmensa dulzura de una madre buena”.

En este filosofar sobre la vida y los misterios de este tránsito terrenal, efímero, indescifrable y encarnado sobresale un nombre: ¡madre! Inicio de la vida y del amor, ellas nos dejan la herencia ineludible de venerarlas siempre, aún después de haberse ido a territorios de sacrosantos cielos, iniciándose un diálogo intimista que no termina nunca.

Ante la parca se pregunta uno como el inglés en Hamlet, “Tobe or not to be”. ¿Ser qué? Pregunta de poeta, qué pregunta porque la respuesta -su respuesta va incluida en la pregunta y porque lo que busca es que el lector -el hombre- responda conociéndose, en virtud del signo que la poesía le hace “ser o no ser”, frase inmortal: lugar común o base de todo pensar del hombre, porque esa fue y será la cuestión.

Quiere decirse: Shakespeare expresó claramente la inquietud que todo hombre lleva dentro, y al evidenciarlo con el famoso verso, dijo también otra cosa que sólo saben los poetas de verdad: que la poesía es un frente a la muerte.


En Celeste, Carol y doña Ingrid, un abrazo a todas las madres del mundo. ¡En paz querida Nona! El amor de madre es el superior de todos los amores terrenales Carta, elegía a mi madre No quiero aliarme a la melancolía y prefiero “filosofar” sobre lo que es la vida.

Carta, elegía a mi madre


Escrito por: JOSÉ SILIÉ RUIZ

Hoy celebramos el “Día de las Mad re s”, el primero que nos toca celebrar sin tu presencia física terrenal, lo hago un día para mi memoria personal como queriendo recuperar años en el territorio de la feliz infancia donde tú, con tantos mimos y cariños nos brindaste en vida, en el recordatorio de la cotidianidad amorosa vividos en un hogar de un convivir casi sagrado.

Hoy en mi memoria no quiero aliarme a la melancolía y prefiero “filosofar” sobre lo que es la vida, esa unidad que consiste en dos cosas: la primera, “mater ia” sorprendente en su falta de perpetuidad, su transitoriedad, lo efímero y frágil de la subsistencia misma.

Así podemos hablar de la vida en términos de finalidad, adaptación y de función social. Pero no hemos encontrado en las cosas vivientes artificios y trampas que logren burlar las leyes físicas de la temporalidad.

Lo segundo, es el “espír itu”, encontramos y espero que sigamos encontrando una coincidencia en que el amor es el bálsamo más reconfortante para el alma, aceptamos que el amor de madre, este es el superior de todos los amores terrenales, el más efectivo para: curar heridas, desamores, desencuentros, tristezas y desenmarañar los misterios del vivir, desde que ese embrión humano está en el antro materno hasta que esa madre viaja a ignotas esferas siderales acompañada de una lluvia de estrellas sagradas.

He tratado en estos meses de tu ausencia terrenal madre querida hacerte presente diariamente, y ante los amables lectores me atrevo y pidiéndoles una venia gramatical compartir un acróstico a tu nombre.

El nombre de mi madre no es común, según la leyenda era el de una virgen indígena, Vaganiona: “Verte partir fue el mayor desgarro de mi Alma, drama que inició en mí el sufrir como un Galeote, pues como nunca Antes había padecido tanto el alma mía, esto hizo Nesgar las fibras de mi corazón creándose entonces, un Intersticio entre esa triste realidad y el yo negarme, que cual Ojiva que enlaza ese No querer aceptar que ya no estás y sí te has ido con todo tu Amor y tu inmensa dulzura de una madre buena”.

En este filosofar sobre la vida y los misterios de este tránsito terrenal, efímero, indescifrable y encarnado sobresale un nombre: ¡madre! Inicio de la vida y del amor, ellas nos dejan la herencia ineludible de venerarlas siempre, aún después de haberse ido a territorios de sacrosantos cielos, iniciándose un diálogo intimista que no termina nunca.

Ante la parca se pregunta uno como el inglés en Hamlet, “To be or not to be”. ¿Ser qué? Pregunta de poeta, qué pregunta porque la respuesta -su respuestava incluida en la pregunta y porque lo que busca es que el lector -el hombre- responda conociéndose, en virtud del signo que la poesía le hace “ser o no ser”, frase inmortal: lugar común o base de todo pensar del hombre, porque esa fue y será la cuestión.

Quiere decirse: Shakespeare expresó claramente la inquietud que todo hombre lleva dentro, y al evidenciarlo con el famoso verso, dijo también otra cosa que sólo saben los poetas de verdad: que la poesía es un frente a la muerte.

En Celeste, Carol y doña Ingrid, un abrazo a todas las madres del mundo. ¡En paz querida Nona! El amor de madre es el superior de todos los amores terrenales Carta, elegía a mi madre No quiero aliarme a la melancolía y prefiero “filosofa r” s ob re lo que es la vida.

Juan Bosch analiza Panorama político de América Latina en 1961

BOSCH: "EL PASADO ES EL ESPEJO DEL PORVENIR"

REFLEXIONAR SOBRE EL PASADO DE CARA AL PRESENTE 

A mediados del año 1961, la situación política de la América Latina es tan grave como lo era en 1809, y por razones semejantes. Los sucesos que se produjeron desde 1810 en las colonias de España y Portugal y terminaron, hacia 1824, con esas colonias transformadas en repúblicas.
¿Están llamados los que se produzcan a partir de ahora a terminar, digamos en 1975, con un nuevo orden político y social en la mitad meridional del Nuevo Mundo?
Muchas personas piensan que sí, y las lecciones de la historia confieren un valor especial a esa tajante afirmación.
                    Paralelo de los antecedentes
En 1809, la escasa conciencia política de América Latina se hallaba sacudida por un cambio tan serio en el Hemisferio Occidental, que de él habían surgido dos repúblicas –Estados Unidos y Haití–, símbolos de los tiempos antimonárquicos que se avecinaban. Además, en todo el Continente se sentía el impacto de las fuerzas que desde hacía veinte años lanzaba sobre el mundo la Revolución Francesa.
En 1961, la amplia conciencia política de América Latina se encuentra conmovida por una serie de sacudimientos sociales que se inició en México hacia 1910, renació con la revolución cubana en 1933, apareció de nuevo hacia 1944-1948, y culminó al fin en la profunda revolución fidelista de 1959.
En 1809, las ideas revolucionarias tenían como vehículo principal las logias masónicas, cortas en número y cortas en afiliados; en 1961, abundan los partidos revolucionarios y por todo el Continente se extiende uno de organización férrea y dedicado profesionalmente a organizar la revolución. Obviamente, nos referimos al Partido Comunista.
En 1809, la lentitud en las comunicaciones entre continentes y países y la pequeñez de los círculos latinoamericanos que tenían interés en las noticias políticas, hacían que la influencia de acontecimientos.
Tan importantes como las revoluciones de América del Norte, de Haití y Francia, se redujera mucho en nuestros pueblos.
En 1961, la velocidad y la agresividad de los medios modernos de difusión han acortado el tiempo hasta reducirlo a su mínima expresión. Al acortar el tiempo han contraído el espacio, de manera que en todos los países latinoamericanos se viven simultáneamente las experiencias de cualquiera de ellos. Un discurso de Fidel Castro, por ejemplo, se oye en Guatemala o en Venezuela en el momento en que está siendo dicho en La Habana; se oye, y se siente a la multitud que aplaude al orador. La técnica publicitaria ha aumentado a grados insospechados el poder agitador de los medios modernos de difusión, y, a la vez, el aumento de la sensibilidad política de las masas multiplica la fuerza comunicativa de los acontecimientos.
A principios del siglo XIX, a pesar del alto porcentaje de la población sometida a la esclavitud, y a pesar del movimiento de Túpac Amaru en 1780 y de la rebelión haitiana que acabó con el establecimiento de una república en enero de 1804, las masas no tenían verdadera inquietud política.
En 1961, las grandes mayorías de nuestros pueblos están afiliadas a movimientos izquierdistas y millones de hombres y mujeres tienen no solo inquietud, sino
 también actividad política.


Paralelo de los grupos directores

No puede haber cambio revolucionario de las formas o de las estructuras políticas y económicas si no hay, por lo menos, un grupo o una clase social que necesita y desea ese cambio.
En 1809, los grandes terratenientes y algunos sectores mercantiles de América Latina necesitaban y deseaban un cambio. Los hombres que encabezaban esos sectores fueron quienes dirigieron las guerras de independencia, o los que lograron la independencia sin necesidad de guerras costosas, como sucedió en el Brasil. Y la historia de Venezuela nos enseña que tales jefes batallaron y alcanzaron sus miradas sobre nuestra América.
Propósitos aún contra la voluntad de la masa popular, allí donde la masa prefirió pelear bajo la bandera del Rey.
En 1961, la mediana y la pequeña clase media de América Latina, necesitan, y desean, una transformación de la sociedad. De estos dos grupos sociales han salido los líderes revolucionarios de nuestros países, por lo menos los que han iniciado en este siglo la marcha hacia un cambio en el estado político y económico; y puede asegurarse que sin una sola excepción, de ahí han salido también los fundadores y las principales figuras de los partidos comunistas de América Latina.
En 1809, los terratenientes y sectores de comerciantes de las colonias necesitaban y deseaban asegurar con el poder público las riquezas que habían acumulado. La formación de los primeros era antigua, pero su ascenso al más alto nivel del poderío económico había tenido lugar sobre todo en los últimos cincuenta o sesenta años, a favor de la política liberal de los Borbones españoles. Con los cambios que estaban operándose en el mundo, los grandes terratenientes veían en peligro ese poderío económico si no controlaban por sí mismos el poder político; y se lanzaron a conquistarlo.
En 1961, la mediana y la pequeña clase media latinoamericanas necesitan y desean apoderarse de los mandos de la sociedad, pues a pesar de que sus hombres más conscientes se hallan técnicamente preparados para ascender, la alta clase media y la burguesía no les abren paso y su destino inmediato es caer en la categoría de proletarios intelectuales. Estas mediana y pequeña clase media han venido formándose en los últimos cuarenta o cincuenta años, y han alcanzado un alto nivel técnico en tiempos recientes gracias al mejoramiento de los centros de estudios que han estimulado precisamente los gobiernos revolucionarios posteriores a 1910. En la actualidad, hay en cada país de América Latina decenas de millares de jóvenes bien preparados que se quedan sin destinos, y sus perspectivas inmediatas son emigrar a países más prósperos –que en nuestro caso quiere decir, casi siempre, Estados Unidos– o lanzarse a la conquista del poder total.
                            El vacío de poder en 1809
En la sociedad organizada no puede haber vacíos de poder prolongados. Si los hay, la sociedad se descompone: y la sociedad tiene que sobrevivir; se resiste a ser disuelta. El camino adecuado para la supervivencia es que siga a los que le ofrecen un tipo nuevo de organización, o que se someta a ellos aunque no desee esa nueva organización.
Es natural que al producirse un vacío de poder, acudan a llenarlo los que necesiten o desean el poder, y es también natural que al desplazarse de su lugar social hacia el mando político, el grupo que corre a ocuparlo se comporte con violencia y desate en torno suyo una tormenta de hierro y sangre. Pues si procediera con cautela, otros podrían llegar al poder antes que él, y siempre hay posibilidad de que suceda esto último en un ambiente de conmoción y de miedo.
En 1809, nuestros pueblos se hallaron lanzados en un vacío de poder; en 1961, hay un semivacío que puede transformarse cualquier día en vacío total, como sucedió ya en Cuba el 1 de enero de 1959.
El de 1809, se produjo cuando la prisión de Fernando VII y de sus padres, llevada a cabo por Napoleón en 1808, dejó al imperio español sin su jefe tradicional. El imperio pasó a ser un cuerpo sin cabeza, que se movía en el campo de la historia con la incertidumbre de un tronco perdido en medio del océano. Los terratenientes y ciertos sectores mercantiles de las colonias españolas acudieron a llenar el vacío, y cosa parecida sucedió en Brasil cuando el rey portugués volvió a Lisboa, pasado el huracán napoleónico. Hubo países americanos donde las grandes masas siguieron a sus nuevos jefes, como en el Brasil, por ejemplo; y allí la lucha no fue costosa. Pero los hubo donde combatieron contra ellos, y al cabo de largos años de guerras, acabaron sometiéndose.
A ningún estudioso de la historia de América Latina puede caberle duda de que la gran crisis que terminó con el establecimiento de repúblicas en nuestro Continente fue precipitada por la conjunción de dos hechos históricos: la existencia de grupos sociales que necesitaban y deseaban el poder político, y la aparición de un vacío político en el imperio español, determinado por la prisión de Fernando VII y de sus padres.
El semivacío de poder en 1961

Ahora bien, en 1961, hay un semivacío de poder en América Latina; y hay también un grupo social –el compuesto por la mediana y pequeña clase media– que necesita y desea el poder público. Allí donde el semivacío quede convertido, aunque sea momentáneamente, en vacío total –como sucedió en Cuba hace dos años y medio–, la revolución brotará con fuerza irresistible, y tomará el poder.
Desde principio de este siglo XX, América Latina ha sido un satélite político y económico de Estados Unidos. La alianza de los sectores imperialistas de Estados Unidos con los gobernantes oportunistas y antinacionales de nuestros países ha formado durante más de media centuria el núcleo de poder en las tierras latinoamericanas. Esa alianza ha fijado el centro gobernante en un eje que une a Washington con la capital de cada uno de nuestros países; y así como antes de 1810 el poder estaba en Madrid y en la persona del rey; desde hace más de medio siglo está repartido entre los gobiernos criollos y el presidente de Estados Unidos.
Y sucede que a partir de 1953, hay en Washington un intermitente vacío de poder, por lo menos en relación con América Latina. Durante algunos años de la Administración Eisenhower, el poder estuvo en manos de Foster Dulles, y el señor Dulles reforzó la alianza de los grupos imperialistas de su país con los sectores más inescrupulosos de América Latina; de manera que su ejercicio de la parte de poder norteamericano en lo que toca a la América Latina fue decididamente anti histórico. A la muerte del señor Dulles se reprodujo el vacío de poder norteamericano en relación con nuestro países; y donde ese semivacío se complete con el abandono del poder por los asociados criollos –como sucedió en Cuba a la fuga de Batista–, se hizo presente la revolución, esto es, el paso de un grupo social necesitado del poder hacia el comando de la vida pública.
 Desde la muerte de Foster Dulles, el semivacío en la porción de poder sobre América Latina que ejercía Estados Unidos se ha hecho patente. La Administración Kennedy ha tratado de llenarlo con palabras, pero no ha alcanzado todavía el terreno firme de los hechos. Más aún, la Administración Kennedy ha dado muestra de que es intrínsecamente débil; de que oscila entre el llamamiento de los sectores antiimperialistas de su propio país; que desearían ver al gobierno norteamericano libre de la influencia de los negociantes colonialistas, y la presión casi irresistible de estos últimos.

La reacción juega su carta

Al promediar el año 1961, América Latina es el campo de la batalla política más enconada del mundo. La reacción –no sólo continental, sino hemisférica– se ha lanzado con todas sus armas a una lucha sin cuartel. So pretexto de que la revolución de Cuba es comunista, todos los medios de expresión, que están en manos de las oligarquías terratenientes, financieras y comerciales, golpean día y noche a las masas con el terror psicológico. Su plan es lograr que se desate en América la persecución contra los comunistas; y después, como es claro, perseguirán a los revolucionarios no comunistas.
¿Por qué actúan así esos grupos? ¿Por pureza ideológica? ¿Es que su amor a la democracia resulta tan sincero que no pueden aceptar la menor amenaza contra los regímenes democráticos?
Pues sucede que no. Los mismos que hoy agitan sin descanso el espantajo comunista fueron los que iniciaron la campaña de descrédito contra líderes democráticos como Haya de la Torre, José Figueres y Rómulo Betancourt; ellos sembraron la semilla de insultos y calumnias que los comunistas cultivan ahora con tanto esmero. Estos ardientes defensores del mundo libre eran, hasta hace poco, panegiristas de Trujillo, de Pérez Jiménez y de Somoza.
La reacción juega su carta anticomunista, no por amor a la democracia, sino para defender sus privilegios. Si logra asociar todo cuanto se ha hecho en Cuba con el color rojo de la bandera soviética, pondrá sus fortunas a salvo de la revolución social latinoamericana. Para esos sectores el anticomunismo es negocio que rinde beneficios.
¿Puede decirse lo mismo de las grandes masas de nuestros países?

La incógnita por millones

Seguramente no. Nadie sabe a ciencia cierta qué piensan esas grandes masas. De hecho, ellas son una incógnita. Lo que puede afirmarse es que más de ochenta millones de latinoamericanos –entre los cuales hay cerca de cuarenta millones de adultos– no saben leer, y, por tanto, ignoran lo que dicen los diarios.
Los que leen, y convierten sus lecturas en hechos, son esos grupos de la mediana y la pequeña clase media que necesitan y desean el poder político. Leen también importantes núcleos de obreros, pero la revolución cubana demostró que los obreros con buenos jornales, organizados en sindicatos y asegurados socialmente, reducen su actividad política a conservar su posición. Leen también la alta clase media y la alta burguesía; leen, sobre todo, sus propias campañas anticomunistas y las noticias que se refieren a precios, mercados y leyes favorables a las nuevas inversiones.
Demasiado ocupados en adquirir Cadillacs, en llevar a sus mujeres a cabarets y casas de modas, en hacer viajes de negocios a Nueva York y a Europa, los hombres de la alta clase media y de la burguesía latinoamericana, considerarán que van a detener la revolución social con propaganda anticomunista. Sus antepasados de hace ciento cincuenta años creyeron también que podían evitar la liquidación de la esclavitud hablando de los horrores que desató la rebelión de los esclavos de Haití.
La propaganda reaccionaria está creando la atmósfera de la batalla continental. En esa batalla, ¿qué partido va a tomar la gran masa latinoamericana?  
Necesariamente, el de la revolución; aunque es muy probable que no le importe que esa revolución sea comunista o democrática. Para la gran masa será lo mismo con tal de que le proporcione bienestar. La diferencia entre la primera y la segunda es que la última ofrece libertad, pero hasta ahora, ¿qué libertad ha conocido la gran masa?
La parte más consciente de la masa distingue solo entre una revolución sangrienta y una que no lo sea; sucede que la revolución sin sangre solo puede ser realizada si se acude hoy, no mañana, a resolver los problemas agudos que tenemos ante nosotros; los económicos, los sociales y los políticos; los de hambre, los de desigualdad en todos los órdenes y los que nos plantea la supervivencia de tiranías espantosas, como la dominicana, la de Nicaragua y la de Paraguay.
Ahora bien, entre una revolución sin sangre, pero demorada, y una con sangre, pero inmediata, ¿qué han de preferir nuestros pueblos?
Sería osado hacer vaticinios. Las conmociones sociales se dan cuando las condiciones apropiadas hacen acto de presencia en la historia. No son materia de selección ni pueden prefabricarse.
Lo único que nos es dado ver es que al promediar el año 1961, nos hallamos en una situación muy parecida a la que teníamos en 1809, un año antes de que se iniciaran nuestras guerras de independencia. Las diferencias no aplacan, sino que acentúan la inclinación a pensar que hoy, como en 1809, estamos en vísperas de grandes cambios en la estructura profunda y en las formas visibles de nuestra vida social.
JUAN BOSCH

[Política: Teoría y Acción, Año 12, No. 130, enero-marzo de 1991. Escrito en Costa Rica el 15 de julio de 1961 y publicado en Cuadernos (París), No. 53, octubre de 1961]

MALOS DOMINICANOS SE APANDILLARON Y DESTERRARON AL FUNDADOR DE LA REPUBLICA

Destierran a Duarte Su probidad era un         obstáculo
Escrito por: Minerva isa (m.isa@hoy.com.do)
No quería recordar. Una lacerante tristeza que volcó en versos y lágrimas sucedió a la separación desgarradora, la ruptura violenta con la  la familia y la patria, con todo lo que había dado sentido a su existencia. 
Nunca la noche había sido tan sombría como la del desarraigo,  aquel 10 de septiembre de 1844 en que Juan Pablo Duarte  partía hacia el exilio, víctima de un  destierro   que le arrancó de cuajo de  su suelo natal, de la  tierra por él emancipada.
El escarnio vivido,  la afrenta de grilletes e injurias hacía más angustiante su dolor, tanto que no  quería  recordarlo.
Echemos un velo sobre los días que transcurrieron hasta mi embarque para Hamburgo, dirá después. Pero, cómo olvidar si cada detalle quedó nítidamente grabado en su memoria:
    A las seis de la tarde, rodeados de numerosa tropa bajamos al muelle. Yo iba enfermo, con las calenturas que había traído de Puerto Plata.
Me apoyaba para poder andar en los brazos de mi hermano Vicente y su hijo Enrique.  Al llegar al bote que debía conducirnos a bordo del buque nos hicieron separar, pues los opresores de la Patria, para hacemos más dolorosa la separación, nos confinaron a distintos puntos.
Expulsado a perpetuidad, calumniado,  vejado, partía el Libertador en la plenitud de su vida, apenas  31 años.
Trágico desenlace de sus bregas políticas. Culminación de la  estrategia para extrañar  al patriota digno y  probo, de radical nacionalismo, que no convenía a los intereses de los conservadores. Los sectores poderosos que se adueñaron de la   República, adulterada por la  alianza del  poder político, militar y económico que, con otros protagonistas e intereses distintos, la seguirán usufructuando. 
 El bergantín alemán en que viajaba junto a Juan Isidro Pérez y los hermanos Félix y Montblanc Richiez, compañeros de exilio,  tomó aguas profundas.
Las  brumas de la noche ahondaban su dolor al alejarse de Santo Domingo,    la ciudad de sus juegos de infancia y  sueños juveniles, el foco de la revolución independentista.
Dolor intenso que soportó con dignidad y estoicismo, sin  arrebatos de ira ni sentimientos de venganza, de rencor o de odio, sin reclamo de méritos o derechos ganados como fundador de la patria.
 A su lado, en la embarcación, también se encogía de tristeza el entrañable amigo Juan Isidro, quien posteriormente  le dirá:
 Nuestra conciencia, nuestra honradez y la Patria, paréceme nos imponen el deber de sufrir hasta tanto brillen días más serenos.
!Cómo olvidar!  Juan Pablo anhelaba el sosiego que da el olvido. Mas,  cómo arrancar el recuerdo que quemaba sus sienes al ver deportados por traidores  a los  más fieles  a la patria. En su poema Romance,      brota una queja serena en la inmensidad de mar y cielo.
Proscritos sí por traidores.
los que de lealtad sobraban.
Se les miró descender
a la ribera callada;
se les oyó despedirse,
y de su voz apagada
yo recogí los acentos
que por el aire vagaban.
  Durante  la travesía, el patricio se entregaba a profundas reflexiones, a dolorosas remembranzas. En la soledad y el silencio de la noche  poblaban su mente imágenes de  la lucha por la Independencia, los goces de la libertad, los testimonios de gratitud y fidelidad,  hasta los trágicos días que no quería recordar.  
Cómo explicar las veleidades humanas, la actitud de seguidores que aclamaban a Pedro  Santana. Sangra la herida en su poema Desconsuelo,  contrastando la amistad  antes  profesada con la falsía mostrada al vencer sus enemigos y burlarse   de él “brindándole vinagre y hiel”.
Única recriminación de este hombre excepcional, dueño de un admirable  autodominio, que respondió con  perdón a los agravios.
  Tras cuarenta y seis días de lenta navegación, el 26 de octubre llegaron a  Hamburgo,  envuelta la ciudad en un frío  que helaba a los viajeros, precariamente abrigados. 
Desde  cubierta. miraban curiosos el puerto, al que llegaba gran parte del tabaco dominicano.  Al desembarcar, tiritando, se  alojaron en una modesta hospedería. Juan Isidro y los Richiez no soportaron el frío y regresaron a  América.
Suplicaron al patricio que los acompañara,  pero  rehusó, aunque aumentara  la aflicción del destierro  al quedarse solo. No quería estar  cerca de su tierra,   donde volviera a despertar intrigas disociadoras. Y con el alma deshecha los despidió. 
Con los masones. Recuperado de las fiebres palúdicas, procuró adaptarse, buscar  trabajo.  La Policía de Hamburgo le expidió  una cédula de permanencia,  6412, con la que, junto a sus credenciales masónicas, acudió a  la logia   Oriente, invitado a   un banquete.
 En su juventud, Duarte se  inició en la masonería,  alcanzó el grado de maestro, y en 1843 era   “arquitecto decorador” de la logia Constante Unión No. 8, incursión patente en la organización de la La Trinitaria, en signos, toques y palabras.
Entre masones de Hamburgo cultivó  amistades.  Condolidos,  trataron de  atenuar la dureza de  su estancia en tierra extraña. Con ellos visitó plazas y monumentos, se inició en el idioma alemán. 
 Debo a la alta sociedad hamburguesa... muchas pruebas de estimación y respeto; el considerar que estaba sufriendo por mi patria me atrajo muchas simpatías, hasta en el bello sexo.
   Eran afables, pero  la  soledad y la nostalgia no menguaban, y a poco más de un mes de andar errante, decidió marcharse. 
  Los días grises de noviembre contagiaban la tristeza del ambiente, los árboles desnudos, la crudeza del frío, más  soportable   que el que helaba su alma por la añoranza de la patria.  Sus escasas reservas de dinero se agotaban y  no hallaba trabajo. Pensó conseguirlo en  Venezuela, y hacia allá se embarcó, vía Saint Thomas, el 30 de noviembre.
Para entonces habían votado la primera Constitución dominicana, cuyo artículo 210  otorgaba excesivas facultades al jefe del Estado durante la guerra con Haití. Pero seguiría vigente tras la contienda y muchos años después, imponiendo  una tradición de regímenes  presidencialistas.
Llegó a Saint Thomas el  día de  Navidad, alegre  al abrazar compatriotas, saber que  seguía libre del protectorado la patria añorada, a la que, aunque quisiera, no podía regresar. Para él, sus puertas  permanecían cerradas.
Pensaban en sus propios intereses

“…Ni Riviére había atropellado y expulsado a tantas familias dominicanas como lo estaba haciendo Santana”.  Por eso, al  llegar a Saint Thomas Duarte encontró tantos exiliados, todos maquinando conspiraciones .

 Vieron en él una esperanza y pretendían   asociarlo a sus planes, despertar en su corazón  odio y venganza contra Santana y Bobadilla.

 Algunos le aconsejaban pactar con una potencia extranjera y regresar al país al amparo de Francia o de España. Insinuaciones  absurdas: Que  buscara  ayuda en Haití  para derrocar a Santana; que aprovechara  el disgusto de España con los afrancesados para lograr su apoyo contra el déspota.

 Tales consejos le advertían lo que le  aguardaba si regresara: convertirse de nuevo en manzana de discordia.  Los oía  con amargura, con la impresión de que aun los que más alarde hacían de patriotismo pensaban en sus propios intereses.
 Llegué a Saint-Thomas y me encontré rodeado de consejeros. Todos pensaban en favorecer sus intereses; ninguno los de la Patria,  escribió con tristeza. Mi negativa me atrajo malas voluntades de las que más tarde sufrí las consecuencias.
Los valores
1.  Autodominio

Una actitud duartiana,  saludable para controlar los impulsos del carácter y doblegar tendencias nocivas mediante la voluntad. Sin esa  fuerza interior actuamos    movidos por los instintos o los estados de  ánimo, nos exponemos a  errar, a caer en excesos, rompiendo  la armonía necesaria en toda convivencia. El  autocontrol  nos estimula a afrontar con serenidad los conflictos,  tener paciencia y comprensión.  Se fortalece ejercitándolo cada día, tratando de descubrir  rasgos del carácter no favorables.

2. Perdón

Virtud que enalteció a  JPD al perdonar traiciones y agravios. El perdón  es una liberación, nos quita ataduras que  amargan el alma. Al perdonar se expresa  indulgencia, tolerancia, compasión.

Bosch Educando en Coronado


Mientras en Cuba, bajo el carismático Fidel Castro que impulsaba una revolución de corte socialista cada vez más ligada a la Unión Soviética, se entrenaban jóvenes en guerra de guerrillas con el fin de replicar en el resto de América Latina la experiencia de Sierra Maestra. En Costa Rica se formaban jóvenes de los partidos identificados de izquierda democrática, un amplio espectro de fuerzas nacionalistas que propugnaban reformas económicas y sociales de sello anti oligárquico. Que se movían desde patrones revolucionarios a liberales, según las circunstancias, y declaraban su equidistancia de "los imperialismos norteamericano y soviético", al decir del pensador peruano Haya de la Torre. Reivindicando un proyecto de integración latinoamericanista o indoamericana, como prefería llamarle Haya por la prevalencia de las etnias indias en naciones como México, Guatemala, Perú, Bolivia, Ecuador.

En tal contexto, el 4 de enero de 1961, José Figueres, ex presidente de Costa Rica, el padre Benjamín Núñez, director del Instituto de Educación Política con sede en San José, y Sacha Volman, rubricaban una carta en papel de cabecilla de esta institución, agradeciendo a Juan Bosch su gesto de enviar un mensaje desde Caracas, donde residía, a la primera promoción de graduandos. "Muy estimado y distinguido amigo: La facultad y los estudiantes del Instituto de Educación Política han leído con sumo placer su mensaje en la ocasión del Acto de Clausura del Primer Curso del Instituto. Sus palabras de aliento han sido para todos nosotros una fuente de inspiración y apoyo moral en nuestro empeño de seguir luchando por el fortalecimiento de la democracia y la unidad hemisférica. Con las muestras de nuestra más alta consideración, nos es grato suscribirnos de Ud. atentos servidores y amigos".

En el margen izquierdo del papel impreso aparecían las organizaciones políticas participantes de esta iniciativa, definida como un "esfuerzo conjunto". A la cabeza Acción Democrática de Venezuela, Triple A de Cuba, Grupos Democráticos de Panamá, Movimiento Nacionalista Revolucionario de Bolivia, Movimiento Revolucionario de Nicaragua, Partido Aprista Peruano, Partido Liberación Nacional de Costa Rica, Partido Liberal de Colombia, Partido Liberal de Honduras, Partido Liberal Paraguayo, Partido Popular Democrático de Puerto Rico, Partido Revolucionario de Guatemala, Partido Revolucionario Febrerista de Paraguay, Partido Revolucionario Cubano (Auténtico), Partido Revolucionario Dominicano, Vanguardia Revolucionaria Dominicana. Figuraba el Institute of International Labour Research, representado por Volman.

AD gobernaba en Venezuela con Betancourt al frente de un gabinete de coalición derivado del Pacto de Punto Fijo, con la URD de Jóvito Villalba y los socialcristianos de COPEI. Entre 1945-48 Betancourt encabezó una junta revolucionaria que impuso el sufragio directo para la elección presidencial, la libertad sindical y una política petrolera progresista. AD ganó las elecciones de ese año con Rómulo Gallegos, derrocado nueve meses después. En 1964, con Raúl Leoni, los adecos reiteraron su principalía. Igual con Carlos Andrés Pérez (74-79; 89-93) y Jaime Lusinchi (84-89). El MNR de Bolivia ocupaba el poder desde 1952, al frente de una revolución que nacionalizó el estaño e impulsó la reforma agraria y le dio tres períodos alternándose Paz Estenssoro y Siles Suazo, depuesto aquél en 1964. El MNR volvería con Paz y Sánchez de Losada.

Liberación Nacional de Costa Rica consolidó orgánicamente la revolución dirigida por José Figueres en 1948, con apoyo de la Guatemala de Arévalo y dominicanos (Ornes, Ramírez Alcántara, Amado Soler) combatientes de Cayo Confites, usándose las armas de esa expedición frustrada en 1947. Un éxito de la llamada Legión del Caribe, que buscaba derrocar las dictaduras y promover cambios económicos sociales democráticos. Tras el período 48/49, en el que disolvió el ejército, nacionalizó la banca e impulsó importantes reformas, Figueres fue electo en dos ocasiones (53/58 y 70/74), gobernando el PLN con Orlich, Odúber, Monge, Figueres Olsen, Arias (dos veces), y Chinchilla.

El Partido Popular Democrático dirigía Puerto Rico bajo la fórmula del Estado Libre Asociado (ELA), replicando en la isla la política desarrollada por F. D. Roosevelt con su New Deal. Con la Operación Manos a la Obra, el gobernador Muñoz Marín (1949-65) promovió la industrialización, políticas sociales e infraestructuras que modernizaron la sociedad puertorriqueña. Aliado al ala progresista del PD de EEUU, Muñoz -contrario a las dictaduras latinoamericanas, quien acogió a refugiados republicanos en la academia y las artes-, formaría junto a Betancourt, Figueres y Lleras Camargo, una suerte de grupo consultivo de la administración Kennedy en su política hacia América Latina. No en balde, los populares Teodoro Moscoso y Morales Carrión jugaron roles destacados en la Alianza para el Progreso y el Departamento de Estado.

El Partido Liberal de Colombia ocupaba la presidencia con Alberto Lleras Camargo, impulsando la reforma agraria y la vivienda social. De raíz decimonónica, desde los 30 del s. XX dio gobiernos socialmente reformistas bajo López Pumarejo, Eduardo Santos y Lleras Camargo hasta mediados de los 40. Cuando se dividió en dos tendencias, la más radical encabezada por Gaitán, cuyo asesinato originó en 1948 el levantamiento conocido como el Bogotazo, inicio de un largo ciclo de violencia entre liberales y conservadores. Derrocada la dictadura de Rojas Pinilla en 1957, liberales y conservadores pactarían el Frente Nacional, alternándose el mando hasta 1974.

Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), fue concebida en su exilio en México por Haya de la Torre como una multinacional de partidos con plataforma común de cinco puntos. En 1930 se fundó el Partido Aprista Peruano como expresión nacional de esa plataforma continental. Haya, gozaba de un prestigio bien ganado por su sólida formación intelectual y la originalidad de sus ideas, siendo además magnífico orador. Tuteándose con los teóricos del marxismo, se propuso reformular algunas de sus tesis a partir de la especificidad de Indoamérica (aplicando la teoría espacio/tiempo de Einstein), condensando sus ideas de manera didáctica. Los apristas, pese a ganar elecciones, fueron vetados y perseguidos por los militares, alcanzando el poder ya muerto Haya, con Alan García.

En los 60's circulaban cinco tomitos de Haya, contrapeso a la difusión de Guerra de Guerrillas del Che y las obras de Marx, Lenin y Mao editadas en Moscú y Pekín. En el grupo universitario de izquierda democrática dominicano se estudiaban estos tomitos junto a artículos de Combate, Cuadernos Americanos y Cuadernos de París. Igual a Silva Herzog sobre la revolución mejicana y Escucha Yanqui de C. Wright Mills.

El Partido Liberal de Honduras gobernaba con Villeda Morales, el primer afectado en 1963 por la vorágine golpista tras el recrudecimiento de la Guerra Fría. El Partido Revolucionario de Guatemala de Méndez Montenegro ganaría en 1966. Los auténticos de Cuba dominaron desde 1944 con Grau y Prío hasta el golpe de Batista en 1952. Los demás eran grupos en el exilio, como los paraguayos, nicaragüenses y dominicanos.

Juan Bosch se integró como docente al Instituto de Coronado en abril del 61, sorprendiéndole allí el ajusticiamiento de Trujillo, cuando desempeñaba esas funciones y coordinaba las actividades culturales del segundo curso. En estas circunstancias, como relata Luis Alberto Monge -director de la revista Combate y dirigente de Liberación Nacional-, "en el Consejo Directivo, don Pepe, el padre Núñez y algunos otros más, acordamos reclutar un grupo de jóvenes dominicanos que habían vivido en sus años jóvenes la dictadura de Trujillo, los llamamos los de 'la catacumba trujillista' y trajimos 59 jóvenes por tres meses a Coronado". Realmente 57 dominicanos (25 PRD, 26 14 de Junio y 6 UCN), 2 ecuatorianos y un venezolano. En julio Bosch instruyó a Miolán para que se encomendara "al profesor José del Carmen Rodríguez y a otros profesores y profesoras del Partido la selección de los que vienen para el Instituto y con preferencia universitarios y bachilleratos".

Abunda Monge, que "el padre Núñez era muy quisquilloso en esas cosas. Sin embargo estuvo de acuerdo en la idea de don Pepe y mía que, puesto que Juan Bosch estaba exiliado aquí, él debería de dirigir ese grupo y cedimos la dirección del grupo a don Juan. Entre esos jóvenes vino José Francisco Peña Gómez, vino Molina (Ureña), el presidente durante la invasión y una serie de líderes que luego se destacaron principalmente en el PRD, que era el partido que había fundado don Juan Bosch". Se hallaban Fernando y Milagros Ortiz Bosch -nuestra futura vicepresidenta-, quienes conocieron a su tío allí. Washington de Peña, próximo secretario general del PRD, los hermanos Viriato y Plutarco Sención. Rafael Ángeles Suárez, quien ocuparía la cartera de Agricultura con Jorge Blanco y Juan Arismendi Díaz Santana, economista experto en seguridad social.

Por el 1J4 asistieron los hermanos Félix y Niní Germán. Prospectos de actores, escritores y publicistas como Armando Almánzar, Iván García, Pepito Guerra, Rubén Echavarría, Rafael Vásquez. Teobaldo Rodríguez, patriarca de ONAP. Norge Botello, Jimmy Durán y Blanco Fernández, luego dirigentes del PLD, al igual que el Ing. Hernán Vásquez. Eduardo Tavárez Justo, hermano de Manolo. De la FED, Armando Hoepelman. De Unión Cívica, Rafael Alburquerque -ingresante a la JRD, presidente de IUSY, destacaría en el PLD, dos veces vicepresidente. El publicista Brinio Díaz, asesor de Guzmán y fraterno de Peña Gómez. Asela Morel, ginecóloga icónica de valor espartano. Mi querido José Andrés Aybar Sánchez, rector emprendedor de UNICARIBE, quien atesora meticuloso el material compilado de este curso. Rodrigo Borja -a quien presenté su Enciclopedia de la Política-, presidente de Ecuador por Izquierda Democrática.

Gente buena de la Escuelita de don Pepe.

POR JOSÉ DEL CASTILLO

TOMADO DEL DIARIO LIBRE

Un texto de Juan Bosch: Un poco de historia política dominicana


             "Yo no concibo la política al servicio del estómago, sino al de un alto ideal de humanidad”.

Los orígenes del Partido de la Liberación Dominicana no se hallan a la distancia de los 15 años transcurridos desde el día 15 de diciembre de 1973, fecha en la cual se llevó a cabo su fundación; en realidad son más lejanos, nada menos que 34 años —un tercio de siglo— antes de ese día, pues fue en el 1939 cuando se inició la etapa política de mi vida, que comenzó con la fundación del Partido Revolucionario Dominicano, que no fue obra mía como ha dicho alguien sino de un médico nacido en la República Dominicana pero llevado a Cuba cuando tenía 2 años. Ese médico se llamaba Enrique Cotubanamá Henríquez y era hijo del Dr. Francisco Henríquez y Carvajal, lo que deja dicho que era hermano de Pedro y Camila Henríquez Ureña, pero nacido de un segundo matrimonio de su padre pues Salomé Ureña de Henríquez, la madre  de los Henríquez Ureña, había muerto en 1898.

El Dr. Enrique Cotubanamá Henríquez, a quien sus amigos y familiares llamaban Cotú, no olvidaba que había nacido en la República Dominicana, donde su padre y sus hermanos mayores eran figuras de gran prestigio intelectual y político, y en Cuba leía la revista Carteles en la cual se publicaron cuentos míos en 1936 y 1937. En esos años los cubanos vivían los sacudimientos políticos que produjeron la lucha contra la dictadura de Gerardo Machado y la caída del dictador, ocurrida al comenzar el mes de septiembre de 1933. Entre los efectos de esos sacudimientos estuvo la creación del Partido Revolucionario Cubano, que fue bautizado con el mismo nombre que tuvo el que había fundado José Martí para organizar con él la Guerra de Independencia iniciada en febrero de 1895.
El Partido Revolucionario Cubano de los años posteriores a la caída de Machado era conocido por la denominación de auténticos que se les daba a sus miembros, y en su creación jugó un papel de cierta importancia el Dr. Enrique Cotubanamá
Henríquez, a quien le tocó redactar la parte doctrinaria de esa organización política.

Todo lo dicho en el párrafo anterior sirve para explicar por qué el Dr. Henríquez bajó cierto día del año 1938 a los muelles de la capital dominicana adonde había llegado en uno de los barcos cubanos que hacían la ruta Habana-Santiago de Cuba-Santo Domingo y se dirigió a la casa de un familiar al que le preguntó mi dirección. La respuesta que le dieron fue que yo estaba viviendo en San Juan de Puerto Rico, y unos meses después el Dr. Henríquez se presentó en la Biblioteca Carnegie, donde yo trabajaba en la transcripción de todo lo que había escrito Eugenio María de Hostos.
(Esa transcripción se hacía en maquinilla de escribir con el propósito de organizar la producción literaria del gran pensador puertorriqueño que iba a ser publicada en la colección de sus obras completas).

Lo que el Dr. Henríquez fue a tratarme, o mejor sería decir, a proponerme, fue que yo debía dedicarme a la creación de un partido político cuya finalidad sería liberar a la República Dominicana de la dictadura trujillista. Ese partido, explicó, se llamaría Revolucionario Dominicano como el de Cuba se llamaba Revolucionario Cubano. Entre las cosas que dijo la que me impresionó fue su oferta de escribir todo lo que se refiriera a la base ideológica o doctrinaria del Partido Revolucionario Dominicano. Yo le oía sin hacer el menor comentario y mucho menos preguntas porque lo que él decía era para mí tan novedoso como si el Dr. Henríquez hablara en una lengua extraña.

No quería ser político

Yo no quería ser político. Para mí la política era lo que me había llevado a abandonar mi país, pues tal como lo dije en una carta dirigida a Trujillo, fechada en San Juan de Puerto Rico el 27 de febrero de 1938, cuatro o cinco meses antes de recibir la visita del Dr. Henríquez, de seguir viviendo en la República Dominicana, “además de no poder seguir siendo escritor, tenía forzosamente que ser político”, y aclaraba: “...yo no estoy dispuesto a tolerar que la política desvíe mis propósitos o ahogue mis convicciones y principios. A menos que desee uno encarar una situación violenta para sí y los suyos, hay que ser político en la República Dominicana. Es inconcebible que uno quiera mantenerse alejado de esa especie de locura colectiva que embarga el alma de mi pueblo y le oscurece la razón: el negro, el blanco, el bruto, el inteligente, el feo, el buenmozo: todos se lanzan al logro de posiciones y de ventajas por el camino político.
¿Cómo es posible que no se comprenda que la política no es arte al alcance de todo el mundo? La marcha de la sociedad  la rigen los políticos; ellos deben ser seis, siete; así es en todos los países y así ha sido siempre; nosotros involucramos los principios universales y exigimos que las mujeres, los niños y hasta las bestias actúen en política. Yo, que repudiaba y repudio tal proceder, vivía perennemente expuesto a ser carne de chisme, de ambiciones y de intrigas. Yo no concibo la política al servicio del estómago, sino al de un alto ideal de humanidad”.

Tan fuerte era mi repudio a la actividad política que se ejercía en la República Dominicana, que en otro párrafo de esa carta le decía al dictador: “Yo sé que he salido de mi tierra para no volver en muchos años, porque considero que la actual situación será de término largo y porque sé que fuera de un cargo público yo no tendría ahora medios de vida en mi país, y no podría estar en un cargo público absteniéndome de hacer política”.

El criterio que exponía en esa carta se lo expuse también al Dr. Henríquez, sin mencionarle el hecho de que yo le había escrito a Trujillo diciéndole lo que significaba para mí la política tal como ella se aplicaba en mi país, y la mayor parte del tiempo que usamos en hablar de ese tema la consumió él explicándome la diferencia que había entre la política que se ejercía en Cuba y la que se llevaba a cabo en la República
Dominicana. Precisamente, decía el Dr. Henríquez, para que el pueblo dominicano pudiera aprender en la práctica diaria qué es la política y cómo debe ejercerse, era absolutamente necesario librar al país de la tiranía trujillista.

Esa entrevista con el hijo del Dr. Francisco Henríquez y Carvajal me dejó tan impresionado que pocos días después empecé a buscar información acerca de cómo había organizado José Martí su Partido Revolucionario Cubano, y lo que llegué a saber fue poco, o mejor sería decir muy poco. Lo que me interesaba era tener una idea precisa de lo que había que hacer para formar hombres que al mismo tiempo que tuvieran una idea clara de lo que debía ser la política dominicana supieran cómo actuar para sacar del poder a Trujillo y a sus colaboradores más cercanos. Nada de eso fue tratado en la conversación que sostuve con el Dr. Henríquez, y por mucho que busqué, en la Biblioteca Carnegie no hallé un libro que pudiera ayudarme a aclarar mi concepto de lo que era la política.

Una cosa piensa el burro...

Como desde mi niñez había leído en la casa de mi abuelo materno la historia del Cid Campeador y en la mía el Don Quijote, y como mi padre destacaba siempre que se hablaba de episodios históricos de algún país, sobre todo si se trataba de uno europeo, la importancia de los jefes militares no sólo en las guerras sino también en actividades civiles, yo crecí con una idea fija, aunque no sabía por qué, acerca del papel que juega en cualquier país la persona que ahora llamamos líder, y en la conversación que mantuve con él, o sería más apropiado decir que él mantuvo conmigo, le pregunté al Dr. Henríquez quién, a su juicio, debía o podía ser el líder de ese partido que él me proponía fundar, y su respuesta fue que debía ser yo, a lo que respondí diciendo que yo no tenía las condiciones que se requerían para dirigir un partido político; que a mi juicio el líder debía ser el Dr. Juan Isidro Jiménez Grullón, que llevaba un nombre conocido en todo el país porque su abuelo, que tenía el mismo nombre, había sido presidente de la
República dos veces, y su bisabuelo lo había sido una vez; le expliqué que el Dr. Jiménez Grullón estaba viviendo en Nueva York ,pero que yo le pediría que viajara a Puerto Rico para hablar con él sobre la posibilidad de fundar el Partido Revolucionario
Dominicano. El Dr. Henríquez halló que lo que yo decía tenía sentido, y en la noche de ese mismo día, mientras el buque cubano en que había llegado a San Juan de
Puerto Rico navegaba de retorno a Cuba, le escribí al Dr. Jiménez Grullón pidiéndole que se llegara a San Juan donde tenía algo importante que tratarle.

Cuando el Dr. Jiménez Grullón llegó a San Juan yo le tenía preparada una conferencia que debía dar en el Ateneo Puertorriqueño, el lugar donde se reunían los intelectuales más conocidos de la isla borinqueña. Allí había dado yo una titulada Mujeres en la vida de Hostos. La del Dr. Jiménez Grullón sería sobre la situación política de la República Dominicana, y al decirla se lució porque era un orador natural que sabía usar las palabras y además sabía manejar las manos cuando tenía que moverlas para reforzar con sus movimientos lo que iba diciendo. Con esa conferencia el nieto del jefe del partido que llevó su nombre (el Gimenista, popularmente conocido como el de los bolos) quedó presentado a los intelectuales de Puerto Rico, primer escalón, pensaba yo, de la escalera que debía conducirlo al liderazgo del futuro Partido Revolucionario Dominicano, si ese partido era creado como lo proponía el Dr. Enrique Cotubanamá Henríquez.

El Dr. Henríquez volvió a Puerto Rico y en esa segunda ocasión le presenté al Dr. Jimenes Grullón. Con la presentación quedaba yo libre de seguir ocupándome en tareas políticas, al menos, así lo creía, pero el campesino dominicano de esos años repetía con frecuencia un refrán: “Una cosa piensa el burro y otra el que lo está aparejando”, y el que aparejaba al burro de la historia dominicana tenía planes diferentes a los míos; tan diferentes que de buenas a primeras Adolfo de  Hostos, hijo de Eugenio María de Hostos, entró en el salón de la Biblioteca Carnegie, donde bajo mi dirección dos mecanógrafas copiaban los trabajos de Hostos, y me dijo: “Prepárese para ir a Cuba a dirigir la edición de las obras completas.
El concurso de su publicación ha sido ganado por una editorial cubana. Por su trabajo allá se le pagarán 200 dólares mensuales”. En la vida de algunos seres humanos se dan hechos que parecen fortuitos y no lo son, pero es al cabo de algún tiempo cuando los protagonistas de esos hechos advierten que no fueron casuales. Por ejemplo, un año antes de mí llegada a La Habana rodeado de varios bultos en los que iban las copias mecanográficas de todo lo que Eugenio María de Hostos había escrito —al menos, todo lo que se había reunido hasta el año 1937— yo no conocía al Dr. Enrique Cotubanamá
Henríquez  y ni siquiera tenía noticias de su existencia; y sin embargo cuando descendí la escalera del vapor Iroquois para llegar al muelle junto al cual había atracado el buque de ese nombre, allí estaba él esperándome, y mientras aguardábamos la bajada del equipaje el Dr. Henríquez me dijo que había contratado para mi uso, en una pensión, una habitación con baño y servicio sanitario, que en el alquiler estaba incluida la comida y que la casa donde se hallaba la pensión estaba cerca de la suya; que él me acompañaría en el viaje del muelle a esa casa y me visitaría al día siguiente para llevarme al lugar donde él vivía, al cual iríamos a pie porque la distancia entre las dos casas era corta, y en efecto, así era, y por ser así al segundo día de mi llegada a La Habana estaba yo en los altos de una casa de piedra situada frente al mar, en el paseo llamado Malecón. Delante de mí, separado de él por un escritorio, el Dr. Enrique Cotubanamá Henríquez leía unos papeles en los cuales se describía lo que sería el Partido Revolucionario Dominicano, incluyendo un esbozo de sus futuros estatutos, y con esa lectura comenzaba una etapa nueva en mi vida, la del aprendiz de la teoría y la actividad política.

Texto tomado del libro  "EL PLD: UN PARTIDO NUEVO
EN AMÉRICA" de  Juan Bosch,