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lunes, 29 de agosto de 2016

¿Qué pasa en nuestro cerebro cuando leemos?

Analía Llorente
HayFestivalQuerétaro@BBCMundo6

¿Pensaste alguna vez qué pasa por tu cabeza cuándo lees?
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Image caption¿Pensaste alguna vez qué pasa por tu cabeza cuándo lees?
"Leer es una gran manera de expandir nuestro horizonte de experiencias".
Así opina Raymond Mar, doctor en Psicología de la Universidad de York, en Canadá, que estudió el comportamiento del cerebro cuando una persona lee.
Y es que leer la historia de un personaje en una novela es casi igual a vivirla, según estudios sobre la actividad cerebral.
Pero este es solo uno de los descubrimientos de los científicos sobre el enigmático funcionamiento del órgano más complejo del humano y su relación con la lectura.
BBC Mundo entrevistó a tres investigadores que estudiaron qué pasa en nuestro cerebro cuando leemos.

Cerebro vs mente

Al leer la acciones de un personaje de ficción, en el cerebro se activan las zonas motoras como si uno realizara esa actividad.Image copyrightTHINKSTOCK
Image captionAl leer la acciones de un personaje de ficción, en el cerebro se activan las zonas motoras como si uno realizara esa actividad.
Si hay algo que los científicos destacan desde un principio es la diferencia entre cerebro y mente.
"Con el fin de entender lo que hace el cerebro, tenemos que entender lo que hace la mente. No podemos hablar del cerebro por sí solo", señala Keith Oatley, profesor emérito de Psicología Cognitiva de la Universidad de Toronto, Canadá.
"No es el hecho de saber simplemente si un área particular del cerebro se activa cuando leemos, sino en conocer cómo funciona la mente en ese proceso", coincide Raymond Mar, doctor en psicología de la Universidad de York, también en Canadá.

Fotos en la mente

El cerebro toma fotos de lo que lee.Image copyrightTHINKSTOCK
Image captionEl cerebro toma fotos de lo que lee.
Una de las primeras reacciones al leer es crear fotos en la mente.
"Hay evidencia de que cuando se lee, la mente crea o recuerda objetos que se asemejan a la descripción", afirmó Mar a BBC Mundo.
"Básicamente, si lees una rica descripción de una escena, podrás ver la activación cerebral en la corteza visual. Hay similitudes entre percibir y leer acerca de la percepción", añadió.

¿Vivimos lo que leemos?

Oatley y Mar concluyeron que el cerebro, al parecer, no distingue claramente entre leer sobre la experiencia de un personaje de ficción y vivir esa actividad en la vida real.
"Aparentemente hay similitudes en la forma en que el cerebro reacciona a leer sobre algo y experimentarlo", explicó Mar.
En rojo, las regiones del cerebro que se activan durante la lectura de historias de ficción.Image copyrightRAYMOND MAR (2011)
Image captionEn rojo, las regiones del cerebro que se activan durante la lectura de historias de ficción.
Según el especialista, cuando una persona lee que un personaje ficticio está realizando determinada actividad, las áreas del cerebro que se activan son las mismas a las que esa persona utiliza para llevar a cabo esa acción.
"Como sabemos, cuando leemos una historia cuyo protagonista enfrenta una situación peligrosa o temerosa, nosotros sentimos miedo", ejemplificó Mar.
Y esto está claramente relacionado con la empatía, el sentimiento de identificación con algo o alguien.
"Se descubrió que hay áreas del cerebro que se pueden supervisar para saber si la gente es empática en la vida ordinaria, y esas regiones son las mismas que se activan cuando se está leyendo acerca de los personajes, porque el proceso psicológico es similar", advirtió Oatley a BBC Mundo.
Según los científicos, leer una detallada descripción sobre un personaje, puede hacernos poner en su lugar y casi experimentar sus mismas sensaciones.Image copyrightTHINKSTOCK
Image captionSegún los científicos, leer una detallada descripción sobre un personaje, puede hacernos poner en su lugar y casi experimentar sus mismas sensaciones.

Movimientos

Si leemos un verbo que denota actividad, ¿el cerebro interpreta que la estamos haciendo?
"Las regiones motoras en el cerebro que se activan cuando leemos en silencio una palabra de acción, están muy cerca de las regiones que se activan cuando se lleva a cabo el movimiento", señaló Véronique Boulenger, investigadora en Neurociencia Cognitiva del Laboratorio de Dinámicas de Idioma en Lyon, Francia.
Si se lee una acción realizada con la pierna como patear, caminar o correr, el cerebro activará la región motora, según la investigadora.
Para los investigadores, una de las cosas que sucede cuando leemos es que sentimos empatía con los personajes.Image copyrightTHINKSTOCK
Image captionPara los investigadores, una de las cosas que sucede cuando leemos es que sentimos empatía con los personajes.
"De alguna manera, el cerebro simula la acción que lee", añadió Boulenger a BBC Mundo.

Competición

Pero, ¿qué pasa si leo un verbo de acción e intento hacer un movimiento al mismo tiempo?
"En el estudio pedimos a los participantes que simultáneamente lean los verbos de acción en una pantalla y tomen un objeto. Descubrimos que la concreción de los movimientos eran más lentos que llevarlos a cabo sin estar leyendo", explicó Boulenger.
Esto sucede porque existe una "interferencia o competición" en el cerebro por la utilización de los mismos recursos del cerebro, agregó la investigadora.

Literal o idiomático

En otro estudio con Imágenes por Resonancia Magnética Funcional (IRMf), que rastrea la actividad cerebral en tiempo real, la doctora Boulonger analizó la lectura de frases literales o idiomáticas, que incluían un verbo de acción relacionados con el brazo o la pierna.
En inglés, el verbo GRASP significa literalmente tomar o agarrar, mientras GRASP AN IDEA refiere a entender una idea. Por otro lado, KICK quiere decir patear y KICK THE HABIT es abandonar un mal hábito.Image copyrightBOULENGER 2009 FMRI
Image captionEn inglés, el verbo GRASP significa literalmente tomar o agarrar, mientras GRASP AN IDEA refiere a entender una idea. Por otro lado, KICK quiere decir patear y KICK THE HABIT es abandonar un mal hábito.
"Para ambos tipos de frases, además de la activación de regiones cerebrales del idioma (frontal inferior y la corteza temporal), se observó la activación de regiones cerebrales motoras y pre-motora", describió.
Según la especialista, las flechas muestran que las frases relacionadas al brazo activan la zona del cerebro motora que representa el brazo, mientras que las oraciones con piernas provocan la activación motora de una zona del cerebro distinta.
Esto responde a la somatotopía de la corteza motora del cerebro, que es la organización en la cual las diferentes partes del cuerpo están representadas en distintas sub-regiones de la corteza motora.

Paralelismo

¿Has tomado fotos mentales de las descripciones que lees?Image copyrightTHINKSTOCK
Image caption¿Has tomado fotos mentales de las descripciones que lees?
También existe una superposición entre las regiones cerebrales que parecen estar involucradas en el proceso de comprensión de historias y las que utilizamos para entender a otras personas.
Entonces, al leer y sentir empatía con personajes de ficción ¿se puede entender mejor a las personas en la vida real?
Así lo cree el doctor Mar.
"Esto puede significar que podríamos aprender algo o mejorar nuestra capacidad para entender a otras personas si frecuentemente leemos y nos involucramos en historias y personajes dentro de ellas", analizó.
"Por ejemplo, puede que nunca sepamos cómo es como vivir como una persona con discapacidad, pero podríamos acercarnos a entender esa experiencia si leemos un relato muy bien escrito que nos pone en el lugar de la persona que lo está viviendo", finalizó.
Este artículo es parte de la versión digital del Hay Festival Querétaro, un encuentro de escritores y pensadores que se realiza en esa ciudad mexicana entre el 1 y 4 de septiembre de 2016.

Por qué se está acabando el agua


BBC, iWonder
CascadaImage copyrightGETTY
Casi dos millones de personas se mueren al año por falta de agua potable. Y es probable que en 15 años la mitad de la población mundial viva en áreas en las que no habrá suficiente agua para todos.
Nuestro planeta contiene más de mil millones de billones de litros de H2O, pero poca se puede tomar.
Más del 97% del agua en la Tierra es salada. Dos tercios del agua dulce está retenida en glaciares y capas de hielo polar. De lo que queda, la mayor parte está atrapada en el suelo o en acuíferos subterráneos.
Eso deja disponible para la mayoría de los seres vivos una fracción mínima.
Y la humanidad no sólo la necesita para tomar: casi todo lo que hace involucra al agua de alguna manera.

¿Cuánto usa usted?

Es difícil imaginarse cuán alto es el consumo individual, si uno sólo piensa en lo que toma o lo que gasta duchándose o lavando la ropa. Pero hay un uso "escondido": el agua que se necesita para cultivar la comida que comemos y hacer los productos que usamos y consumimos.
El total del requerimiento global de agua al año es de más de cuatro billones de litros al año, y las fuentes naturales del precioso líquido ya no dan abasto.
¿Cuánto gastamos con lo que hacemos y en producir lo que consumimos?
GráficoImage copyrightBBC WORLD SERVICE
Fuente: AY Hoekstra y MM Mekonnen, 2012; MM Mekonnen y AY Hoekstra, 2011; AK Chapagain y AY Hoekstra, 2007 y MM Mekonnen y AY Hoekstra, 2010

Si se acaba

Sequía
Desde hace tiempo sabíamos que la escasez de agua potable amenazaba con convertirse en un grave problema para todo el mundo.
Cerca de una de cada diez personas en el planeta –casi 800 millones– no tiene acceso a fuentes seguras.
El Foro Económico Mundial y otras instituciones calculan que para 2030 habrá una demanda 40% más alta, que el planeta no podrá suministrar.
Eso afectará la agricultura, lo que aumentará los precios de los alimentos.
Y, como señala el geólogo Ian Steward, no es difícil imaginarse que si no se encuentra una solución pronto, la posibilidad de que estallen guerras por agua dulce es alta.

Para limpiar el agua sucia

Agua limpia y sucia
Los científicos han ideado una gama de tecnologías que podrían ayudar a lidiar con la crisis del agua.
Una forma de abordarla es usando botellas especiales para limpiar el agua sucia y tornarla en potable. Las botellas contienen unos filtros de tamaño nanométrico que pueden remover las bacterias y virus. Pero algunos contaminantes –como el plomo– se pueden colar. No obstante, las botellas se han utilizado con éxito en operaciones de rescate.
Otra opción es la conocida como "destilación por compresión de vapor", en la que se calienta el agua sucia para que se convierta en vapor y condensarla como agua potable.
Atardecer en el marImage copyrightTHINKSTOCK
Image caption"Agua, agua por doquier, ni una gota para beber"... a menos de que se le quite lo salada.
Así que purificar el agua sucia es posible, pero es costoso e ineficiente.
La solución más simple podría ser sencillamente mejorar la manera en la que administramos lo que tenemos. En los países en desarrollo, por ejemplo, se pierden 45 millones de metros cúbicos de agua dulce al día por fugas subterráneas.
Y, ¿qué tal si se pudiera usar agua del mar en vez de agua dulce? En 2009, unos científicos reportaron que habían desarrollado unos cultivos que toleraban la sal.
O quizás, hay una alternativa mejor...

Tornar el agua del mar en agua dulce, ¿la solución mágica?

GráficoImage copyrightBBC WORLD SERVICE
La desalinización parece ser la mejor solución para la crisis, pero no es tan simple como suena.
En la naturaleza, el proceso llamado ósmosis hace que el agua se mueva a través de una membrana semipermeable desde áreas con concentraciones bajas de sal a áreas de alta concentración.
Para desalinizar, tiene que ocurrir lo opuesto.
Se requiere mucha presión para forzar al agua a pasar por la membrana en la dirección contraria, lo que implica un gasto de energía alto que, además, resulta costoso.
Para que la desalinización se convierta en una alternativa viable, se necesita o mucha energía barata o la manera de hacer que el proceso sea más eficiente.

miércoles, 17 de agosto de 2016

Einstein


A los niños un poco vagos no les suelen gustar los estudios, pero eso no impide que dentro de ellos pueda esconderse todo un genio. Albert Einstein, uno de los mayores científicos de la historia, es el ejemplo perfecto. Aunque él fue uno de esos niños con pocas ganas de aprender lo más básico, al crecer comenzó a tener un gran interés por conocer cosas y, poco a poco, fue deshaciéndose de la pereza que lo poseía. Solo había que encontrar los estímulos necesarios: todo empezó nada más y nada menos que con una brújula.
Mientras la mayoría de los bebés ya están gateando y dando sus primeros pasos cuando rondan el año de edad, al pequeño Albert no le parecía agradar la idea de empezar a ponerse a andar. No fue lo único en lo que demostró ser un poco más lento de lo normal: hasta los dos años no se puso a usar palabras. El pequeño Einstein lo tenía todo para preocupar a sus familiares. Lentitud para aprender a andar, sin dotes para la conversación… ¿Qué sería lo próximo?
Sin embargo, cuando tenía cinco años, se produciría el acontecimiento con el que se comenzó a forjar al gran científico. A esa edad, Einstein estuvo en cama, enfermo. Para darle ánimos, su padre le regaló una brújula. Aquella era la primera vez que el joven Einstein veía un artefacto tan prodigioso: pusiera donde pusiera la brújula, su aguja siempre señalaba al mismo lugar.
Sorprendido, el pequeño preguntó cómo funcionaba. Pero que alguien le explicara los campos magnéticos no le valía. Él quería verlo con sus propios ojos: ¿esos campos se podían ver y oír?
Aquel regalo le despertó la curiosidad por la lectura y el funcionamiento de las cosas. Gracias a uno de esos libros que leyó ya con 15 años, se preguntó cómo sería montar sobre un rayo de luz y ‘navegar’ subido a él por el espacio exterior. Sería una de las primeras de tantas preguntas que intentaría resolver a lo largo de su vida y que luego estaría incluida en su aportación a la ciencia más conocida.
Sin embargo, esta curiosidad no sirvió para que Einstein dejara de ser un perezoso. Al menos, durante un tiempo. En el colegio demostró su maestría con las matemáticas, pero no parecía tan trabajador en materias como Química o Francés. Los profesores veían al joven como un alumno lento, demasiado lento, hasta el punto de que consideraban que se pensaba demasiado la respuesta a una pregunta antes de contestar. Su pereza iba a más: no practicaba deporte, rechazaba las órdenes que le daban y no conseguía aprender nada de memoria. Uno de los profesores del instituto le dijo que no llegaría a nada en la vida.
Afortunadamente estuvo rodeado de personas que, como su padre cuando le regaló la brújula, le incitaron el amor por la curiosidad. Su madre, Pauline, le enseñó a tocar el violín, mientras que su tío Jacob le enseñó las nociones básicas de álgebra. Además, Jacob motivó a su sobrino realizando experimentos en un taller que montaron juntos.
Quizá por esa desidia, Einstein abandona el colegio a los 15 años: despreciaba ese ambiente que no le permitía saciar su curiosidad. Ni siquiera tuvo mejor suerte con los exámenes de acceso a la Escuela Politécnica de Zúrich, con 16 años, aunque consiguió aprobarlos un año después.
Pero tampoco en esta institución fue capaz de quitarse la etiqueta de vago mientras estudiaba Física. Precisamente su profesor de Matemáticas lo llamó nada más y nada menos que “perro vago”. Fue el último de su promoción y, cuando terminó los estudios, se convirtió en el único que no recibió una oferta de empleo.
Con 23 años, dos años después de graduarse, sus amigos le encontraron un trabajo en la oficina de patentes de Berna (Suiza). Un puesto ideal para dar rienda suelta a su amor por la ciencia, ya que hacía las tareas diarias en apenas dos horas y dedicaba el resto de la jornada a este menester. Gracias al tiempo que le dedicaba, en apenas tres años formuló su famosa teoría de la relatividad especial, que entre otras muchas cosas demuestra que la relación espacio/tiempo no es constante en todo el universo, como se expone en la paradoja de los gemelos.
Sin embargo, este es uno solo de los muchos descubrimientos que hizo. Para entonces, ya no no tenía nada que ver con el bebé vago que se negaba a andar. Una brújula, la animadversión hacia la educación reglada y la curiosidad lo convirtieron en todo un genio. Ya lo decía él: “No tengo ningún talento especial. Solo soy especialmente curioso”.