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martes, 19 de abril de 2016

“Ningún político latinoamericano puede permitirse ignorar a Moscú”



Ilustración: Dmitri Divin

En este momento resulta de gran importancia tranquilizar a los miembros de la comunidad empresarial rusa y latinoamericana, convencerlos de que los últimos cambios políticos en la región no influirán de forma negativa en las relaciones bilaterales.
¿De qué cambios se trata?

En primer lugar, de las enormes dificultades por las que están pasando en estos últimos años los políticos latinoamericanos que suelen considerarse como socios fiables y en ocasiones incluso aliados de Moscú.

En Argentina, Cristina Kirchner se enfrenta a los mayores problemas de todos desde que su protegido perdió las elecciones presidenciales en noviembre del año pasado. Kirchner mantenía una muy buena relación personal con Vladímir Putin, y según algunas fuentes de Kommersant, su intervención fue clave para conseguir que la mayoría de los países de la región establecieran un régimen sin visados con Rusia. Su sucesor,Mauricio Macri, considerado como un político partidario de EE UU, durante la campaña electoral apostó por reducir el contacto con Moscú y Pekín a la mínima expresión.

Otra importante aliada de Rusia, la presidenta de Brasil Dilma Rousseff, se enfrenta actualmente a la presión de sus enemigos políticos, que la amenazan con inhabilitarla. Finalmente, en Venezuela el presidenteNicolás Maduro, sucesor de Hugo Chávez, perdió las elecciones parlamentarias contra una oposición cuyos líderes mantienen una actitud extremadamente suspicaz hacia Moscú.

En líneas generales, actualmente en Latinoamérica las fuerzas de izquierdas, que han mantenido tradicionalmente unas relaciones más estrechas con Moscú, únicamente han logrado conservar sus posiciones en los países menos ricos e influyentes: Bolivia, Ecuador y Nicaragua.

En América Latina el péndulo ha oscilado sensiblemente hacia la derecha y esta parecería una tendencia alarmante para los círculos empresariales rusos. No obstante, la mayoría de los representantes de estos círculos que han participado en el foro se han mostrado bastante optimistas. A pesar de la crisis económica en Rusia, que ha afectado a la actividad económica exterior en todas las regiones, en general las empresas rusas han logrado mantener sus posiciones en Latinoamérica.

Varias fuentes de Kommersant enumeran con satisfacción los últimos logros económicos en la región: México ha comprado 20 aviones Sujói Superjet 100 y otros 10 se encuentran en camino; varias centrales hidroeléctricas en Argentina y Uruguay están equipadas con turbinas rusas; el ejército uruguayo utiliza camiones rusos Ural; Argentina ha comenzado a recibir trolebuses rusos, etc.

En el plano político las cosas tampoco parecen tan desesperanzadoras. No estamos en los años 70 u 80 del siglo pasado, cuando las fuerzas de derechas latinoamericanas daban la espalda a Moscú de forma tan contundente y únicamente miraban hacia Washington, según algunos expertos uruguayos, argentinos, chilenos y bolivianos.

Hemos llegado a una época en que los políticos son más pragmáticos, incluidos los de derechas. Nadie quiere apostar por un solo país, jugárselo todo a una carta, navegar a la deriva hacia un único polo en un mundo multipolar.

Por esta razón, incluso en el caso del acercamiento entre Argentina y EE UU no tiene por qué producirse una ruptura con Rusia. El presidente del Instituto Bering-Bellingshausen, Gerardo Bleier, expone como ejemplo la decisión del nuevo líder argentino de enviar a Moscú a su ministra de Asuntos Exteriores, Susana Mabel Malcorra. Mauricio Macri también envió representantes de su administración al foro de negocios en Montevideo.

“Ya lo ven: una cosa son las declaraciones en campaña y otra cosa muy distinta es la política real. El presidente Macri no es ninguna excepción”, comenta a Kommersant Gerardo Bleier. Y la entrevista termina en un tono del todo optimista: “Ningún político latinoamericano puede permitirse ignorar a Moscú”.


La Ronda de negocios y el Foro mediático “Rusia y América Latina”organizado por el fondo Roscongress y el Instituto Bering-Bellingshausen para las Américas (IBBA) tuvo lugar a finales de marzo en Montevideo. Reunió a directores y representantes de grandes compañías tanto rusas como latinoamericanas del sector energético, agropecuario, aéreo y de otros sectores relevantes.

Artículo publicado originalmente en ruso en Kommersant.

Lea más:


Los rusos hacen amigos en Latinoamérica

TOMADO DE:
La opinión del autor no coincide necesariamente con la de RBTH.

jueves, 10 de diciembre de 2015

¿Fin del ciclo progresista o reflujo del cambio de época en América Latina?

Por: Katu Arkonada



Katu Arkonada
Politólogo vasco. Ha coordinado las publicaciones “Transiciones hacia el Vivir bien” y “Un Estado muchos pueblos, la construcción de la plurinacionalidad en Bolivia y Ecuador”. Es miembro de la Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad.

Hace tiempo que venimos leyendo que el ciclo progresista en América Latina y el Caribe ha llegado a su fin. Aprovechando la muerte del Comandante Chávez, y un cierto reflujo en los avances logrados por los procesos de cambio en el continente, la derecha comenzó a construir un discurso que intenta deslegitimar la década ganada para las mayorías sociales y populares.
Pero en los últimos tiempos, también desde varios sectores de la izquierda se ha venido construyendo la tesis del fin del ciclo que viene a complementar el discurso de la derecha contra los gobiernos de izquierda y nacional-populares. Uno de los amanuenses de la izquierda lightberal, Pablo Stefanoni, habla de una deriva lulista[1] de la izquierda latinoamericana. Una compañera de Stefanoni en el grupo de apoyo al trotskismo anti kirchnerista del FIT en la Argentina, Maristella Svampa, escribe en el diario de la oligarquía Clarín sobre una crisis del pluralismo político y un populismo de alta intensidad[2] en Bolivia y Ecuador. Mientras tanto, por el lado de la izquierda autonomista, Raúl Zibechi sostiene que estamos no solo ante el final del ciclo progresista, sino que el progresismo no ha sido un avance[3].
Desde otra posición, el paraguayo-brasileiro y militante del PT Gustavo Codas afirma[4]que Venezuela, Brasil y Ecuador, cada uno con sus matices, enfrentan una serie de problemas económicos y políticos, con una importante movilización de la derecha nacional (en ocasiones con apoyo del exterior). Esta coyuntura, unida a la solución de compromiso en Argentina donde la candidatura presencial la encabeza Daniel Scioli, nos lleva a pensar en que nos encontramos inmersos en un reflujo del cambio de época puesto en marcha en América Latina en 1998.
Ese flujo que dejó atrás la larga noche neoliberal tuvo su apogeo en los dos años que transcurrieron entre finales de 2004 y finales de 2006 donde se puso en marcha el ALBA-TCP; llegaron al gobierno Evo Morales y Rafael Correa; fueron puestas en marcha herramientas fundamentales del cambio de época como teleSUR o la Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad; y en Mar del Plata el instrumento imperialista llamado ALCA fue enterrado por 3 patriotas nuestroamericanos, Chávez, Lula y Néstor Kirchner.
En cambio hoy, sin la presencia física del Comandante y con Fidel retirado de la conducción política en Cuba; con una derecha recargada que trata de llegar al gobierno a veces por dentro de la institucionalidad y a veces por fuera; y con instrumentos de desintegración latinoamericana como la Alianza del Pacifico, el TPP o el TISA tratando de construir un Consenso anti-posneoliberal, la guerra de posiciones en Nuestra América conduce a las fuerzas de izquierda, tanto las revolucionarias como las reformistas, a posiciones de repliegue.
Este nuevo momento del cambio de época exige un esfuerzo de honestidad intelectual para, desde la lealtad y el compromiso con los procesos de cambio, tratar de leer el momento de reflujo y generar propuestas para las izquierdas latinoamericanas y caribeñas. En ese sentido proponemos  7 tesis para alimentar el debate desde la necesidad que tenemos de hacer un diagnóstico del momento histórico en que nos encontramos con el fin de obtener una radiografía de la coyuntura actual.
1.- La crisis del capitalismo ha venido para quedarse
Entre 2004 y 2014 el precio medio del barril de Brent  fue de 86’989 dólares. 87 USD de media en 10 años a pesar de que en 2008 y tras la quiebra de Lehman Brothers el precio del barril de Brent se desplomó de los 147 USD de julio hasta los 35’58 USD con los que cerraba el año.
Actualmente el barril de Brent se mantiene entre los 45 y 50 dólares, y no se prevén subidas significativas mientras la desaceleración china favorezca el exceso de producción actual. Al mismo tiempo, importantes productores como Arabia Saudita o Venezuela no disminuyen la producción para garantizar el 100% de los ingresos, lo que nos sume en un círculo vicioso en el que no hay manera de desactivar la sobreproducción. A la reducción de la demanda del gigante asiático y el mantenimiento de la producción de los países productores de la OPEP se le suma la producción en Estados Unidos de gas de esquisto mediante fracking, método de extracción que se convierte en terrorismo ambiental solamente rentable a partir de precios entre 60 y 70 dólares. Por lo tanto, es en la franja entre los 50 dólares actuales y los 70 que permitirían a la mayor parte de los campos de extracción ser rentables, donde se va a mover en los próximos meses la guerra energética no declarada entre Estados Unidos y Arabia Saudita.
En cualquier caso no parece que en los próximos años los precios del petróleo vayan a volver a acercarse a los de la última década, que permitieron a los procesos de cambio en América Latina y el Caribe una redistribución de la riqueza y reducción de la pobreza sin precedentes. Si además le sumamos la tendencia a la baja en el precio de los minerales adquiridos por China, que consume cerca del 40% de la producción mundial, parece un hecho que los tiempos de vacas gordas han terminado.
Todo lo anterior apuntala la necesidad de una diversificación productiva y un cambio en la matriz energética. Es necesario generar una transición desde el modelo extractivista, herencia colonial y neoliberal, a un nuevo modelo de desarrollo que incorpore el derecho al desarrollo y a sacar de la pobreza a una parte significativa de la población, con los Derechos de la Madre Tierra.
2.- El mundo multipolar ya está aquí
Aunque solemos hablar de la transición a un nuevo mundo pluripolar y multicéntrico, la realidad es que ya estamos inmersos en él. El declive de la hegemonía de Estados Unidos (al mismo tiempo que entra en una peligrosa fase de dominación violenta); la emergencia de los BRICS; el rol geopolítico de América Latina en las relaciones Sur-Sur; o el avance de la integración latinoamericana con una CELAC sin EEUU ni Canadá reflejo de la Patria Grande que soñaron los libertadores, son claros síntomas de este nuevo escenario geopolítico.
Hay dos variables fundamentales de este escenario en América Latina y el Caribe. La apertura de relaciones y embajadas entre Estados Unidos y Cuba, inicio de una nueva era y símbolo de la soberanía no solo de una Cuba digna a lo largo de más de 60 años de agresiones ininterrumpidas, sino de toda Nuestra América. El otro síntoma es la presencia cada vez mayor de China en la región. Hoy en día, excepto el Puerto de Mariel en Cuba, todas las grandes inversiones en la región son de capital chino, comenzando por la faraónica obra para construir un canal en Nicaragua y siguiendo por las principales inversiones en recursos naturales, petróleo, gas y minería. Pero la cada vez mayor presencia china tiene grandes diferencias con la otrora hegemonía estadounidense; frente al hard power de los Estados Unidos, basado en la imposición económica o militar, se está construyendo un soft power con características chinas que hace de la diplomacia económica y cultural la base para las relaciones. O dicho de otra manera, China no va a construir bases militares en America Latina y el Caribe o patrocinar golpes de estado contra gobiernos legítimos.
Pero la voraz demanda china de recursos naturales ha provocado una reprimarización de la economía latinoamericana. Excepto en los países donde los recursos están en manos del Estado, que ejerce de flujo conductor hacía otros sectores, en general el sector primario está más ligado al capital financiero que a otros sectores de la economía. América Latina y el Caribe se mueven ahora mismo en un triángulo incierto entre un Consenso Bolivariano, un Consenso de Beijing y un Consenso de las Commodities.
3.- Necesidad imperiosa de profundizar la integración
En la medida en que la crisis del capitalismo se profundiza y la derecha avanza en su ofensiva, los procesos corren el riesgo de cerrarse hacia dentro y mantener una posición defensiva. Ningún proceso va a poder profundizar y mucho menos radicalizar los cambios por sí solo si no es inserto dentro de un proceso de integración latinoamericana y caribeña más amplio.
Es necesario por tanto ampliar la integración política a una integracion económica, científica, tecnológica y cultural, integracion amplia que permita, como propone Gustavo Codas, y frente al proceso de reprimarización continental, crear cadenas de valor regionales.
Al mismo tiempo, se hace urgente y necesaria la reactivación del ALBA e ir dotando de una institucionalidad mayor a la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).
4.- Desactivación de los instrumentos para la desintegración latinoamericana
Es necesario sumar al cambio de época los países que siguen apostando por un modelo económico neoliberal. Especialmente los de la Alianza del Pacifico y en particular Colombia y México. Es por ello que tenemos que hacer nuestras la reivindicación de la paz, con justicia social, en Colombia, y la apuesta por fortalecer un proyecto alternativo de izquierda en México, frontera sur de los Estados Unidos. La incorporación de estos dos países no solo abriría un horizonte radicalmente diferente sino que profundizaría la integración nuestroamericana y ayudaría a desactivar los nuevos ALCA del siglo XXI, instrumentos para la desintegración latinoamericana como la Alianza del Pacífico, el TPP o el TISA.
5.- Enfrentar la derecha recargada
Durante buena parte del cambio de época, la derecha quedó desorientada y a la defensiva. Fueron las embajadas de Estados Unidos los que hicieron el papel de principal opositor a los gobiernos de izquierda en la región mediante el patrocinio de golpes de Estado, duros o blandos. Los opositores locales eran simples títeres todavía anclados en el discurso del Consenso de Washington y parapetados tras los viejos partidos del neoliberalismo.
Sin embargo hoy tenemos una derecha renovada, asesorada por los gurús del marketing político neoliberal y asumiendo un rol de paraopositores que no dudan ni un momento en camuflarse bajo una estética y discurso más amable tan posmoderno como pseudo posneoliberal, que no ataca directamente las conquistas logradas en la década ganada.
Esta derecha reciclada y transformista trata de robarse las banderas de la democracia y los derechos humanos apelando sobre todo a los nuevos actores de la política, la juventud y las clases medias. Y ahí es donde los procesos tienen un reto en reactualizar su programa y praxis política para seducir a una juventud que no ha vivido el terrorismo social neoliberal y llega a una mayoría de edad dando por sentada la presencia del Estado en la economía y la redistribución de la riqueza. Lo mismo sucede con las nuevas clases medias que tienen la “ilusión” de continuar su ascenso social y para ello se les hace atractiva la idea de votar por un “gestor”, normalmente un candidato proveniente del mundo empresarial y con un discurso que apela a la ciudadanía moderada por encima del clivaje izquierda-derecha.
Frente a ello, más que perder tiempo en atacar a esta derecha que solo hace sus tareas, amparada por las elites económicas y con el apoyo de las transnacionales comunicacionales, debemos reactualizar y hacer más atractivo el proyecto político de las izquierdas, como única manera de sostener y profundizar los procesos. Las posibles derrotas electorales por venir serán única y exclusivamente responsabilidad nuestra.
6.- La necesidad de los liderazgos
Y para prepararnos para las próximas batallas políticas, es necesario dar un debate sobre la cuestión de los liderazgos. La muerte del Comandante Chávez nos coloca ante el espejo de unos procesos que dependen en demasía de líderes de una enorme talla política e intelectual. Pero además estos liderazgos son fruto de una época de resistencia e insurrección al neoliberalismo que ya dejamos atrás.
Será difícil que en Bolivia vuelva a surgir un líder como Evo Morales que lleva en su esencia el componente antiimperialista, anticolonial y anticapitalista cuando han sido expulsadas del territorio nacional la DEA, USAID y el propio embajador estadounidense; cuando los dirigentes sindicales han pasado de enfrentar un gobierno neoliberal a ocupar cargos de conducción política en el Estado; o incluso cuando las relaciones internacionales del movimiento social se construyen sobre todo con otras izquierdas en el gobierno. Es por ello más necesaria que nunca la necesidad de construir liderazgos colectivos y fortalecer el poder popular y la formación política pues solo de estas semillas pueden germinar otros dirigentes preparados para liderar una nueva etapa ascendente del cambio de época que deje atrás el reflujo coyuntural. Pero al mismo tiempo mientras líderes como Evo sigan con la capacidad de conducir los procesos, debemos habilitar los mecanismos que sean necesarias para que la legalidad no obstaculice la legitimidad.
7.- La importancia de las batallas electorales
Por paradójico que parezca, la irreversibilidad de los procesos depende en buena parte en este momento histórico de las victorias electorales que se vayan produciendo en el campo de la izquierda. Para ello a su vez es necesario no retroceder en ni una sola de las conquistas logradas hasta el momento. Tenemos claro que llegar al gobierno no supone tener el poder, y que una vez llegado hay que enfrentar una guerra de posiciones con el poder ejercido por las burguesías nacionales e internacionales desde sus atalayas económicas o mediáticas. Pero para poder llegar a ese momento de plantearse la construcción de hegemonía es necesario primero la victoria electoral.
Este 2015 nos deja todavía 2 importantes citas electorales, las elecciones presidenciales de Argentina en octubre y las legislativas de Venezuela en diciembre. A pesar de las contradicciones que nos pueda generar, es necesario apoyar la candidatura de Scioli-Zannini en la Argentina, bien rodeada por el núcleo duro kirchnerista; ya llegará el momento de la crítica si el próximo gobierno se desvía del horizonte trazado por Néstor Kirchner y Cristina Fernandez. Y lo mismo en Venezuela, donde debemos dar todo el apoyo a los candidatos y candidatas del PSUV y del Gran Polo Patriótico frente al terrorismo económico y mediático que enfrente la Revolución Bolivariana y Chavista. Lo mismo en el caso de dos países como Brasil o Ecuador, donde más allá de las tensiones, debemos apoyar los legítimos gobiernos de Dilma y Correa.
Ya no es tiempo de política ficción sino de definición. Tiempo de audacia para generar pensamiento crítico siempre desde abajo y a la izquierda, manchándose con el barro de la praxis en medio de las contradicciones, y no leyendo la realidad con el lápiz rojo virtual en una mano desde el wifi de los cafés de los barrios de clase media. Recordando las palabras del Comandante Chávez: “Que nadie se equivoque, que nadie se deje confundir, uno puede criticar a la revolución pero este es el camino de la salvación de la Patria”.


América Latina vive los estragos de la política económica internacional

Ignacio Ramonet: América Latina vive los estragos de la política económica internacional


Ignacio Ramonet. Foto: Archivo de Cubadebate
Ignacio Ramonet. Foto: Archivo de Cubadebate
El analista político Ignacio Ramonet aseguró este jueves en La Habana que las fuerzas progresistas de este continente viven un momento de preocupación por lo sucedido en Argentina con el triunfo presidencial de Mauricio Macri, en las elecciones parlamentarias de Venezuela y por la situación en Brasil, y también, los estragos de la política económica internacional.
“Hay mucha reflexión sobre si se estaría agotando el ciclo progresista que comenzó el 6 de diciembre de 1998, con la victoria en las elecciones del Presidente Chávez… Estamos a 17 años de esa victoria, es necesario reflexionar. En algunos países no se ha agotado nada, no hay ninguna fatalidad. Pero sí hay problemas en la economía de América Latina, que sigue basada en la exportación de los productos primarios”, dijo en la Mesa Redonda de la Televisión Cubana, en diálogo con el director de este espacio televisivo, Randy Alonso.
Ante el actual escenario mundial de baja brutal de los precios del petróleo, la contracción de las economías del continente ha afectado a los gobiernos de izquierda, que se ven obligados a reducir su inversión social, reconoció.
Ignacio Ramonet (Pontevedra, 1943) dirigió durante 18 años Le Monde Diplomatique, uno de los medios más prestigiosos del mundo y principal tribuna del movimiento altermundista. Afincado en Francia, este periodista español que actualmente dirige LeMondeDiplo, la versión española del citado mensual, aseguró que otro elemento a tomar en consideración en la geopolítica mundial es China, que durante años mantuvo una expansión productiva con vistas a la exportación.
“Recientemente, ese modelo dejó de ser sostenible y en estos momentos potencia la producción hacia su mercado interno y exporta menos. Por otro lado, hay sobreabundancia del petróleo y los precios se derriten”, añadió el autor de Cien horas con Fidel y Hugo Chávez, mi primera vida.
No es que la derecha haya reencantado a las sociedades. Puso como ejemplo que en Venezuela el movimiento de los votos no se corresponde con los escaños. La diferencia entre el campo chavista y la MUD, en termino de votos, es del 14 por ciento, y sin embargo los escaños es el doble para la derecha, dijo.
La pregunta es por qué se votó a la oposición, en Venezuela, y también ocurre en Argentina.  El problema es que los parámetros de agradecimiento y desagradecimiento no son pertinentes en política electoral, aseguró Ramonet. “No, porque la gente ya lo recibió. La elección se gana con una promesa de mejoría”. Es muy interesante lo que dijo Maduro cuando se dieron los resultados de las elecciones del domingo, y lo dijo con mucha nobleza: nosotros debemos plantearnos la calidad de la Revolución.
En Cubadebate una amplia versión de las palabras de Ramonet esta noche en la Mesa Redonda:

La derecha no propone nada

En Argentina la derecha no propone nada, la MUD tampoco ha propuesto ningún programa en estas legislativas, más bien se ha concentrado en el descontentos de la población. Se ha enfrascado en hacer una guerra contra los gobiernos como la guerra económica: los desabastecimientos forzados, en Venezuela; en Argentina, la guerra de los fondos buitres.
Estos países se han desendeudado. La derecha tiene muy poco argumentos, no es que la derecha haya reencantado a las masas populares. En Venezuela el núcleo duro del chavismo ha votado por su partido, pero el movimiento de una pequeña franja del electorado amplifica los escaños en el Parlamento. Los 14 puntos obtenidos por delante del chavismo, se transforman en más de un 50 por ciento de los escaños.
Quizás haya que refelxionar sobre si en estos 17 años, en todo este tiempo quizás haya que reflexionar sobre el desgaste de estos gobiernos progresistas. Yo recuerdo en las elecciones en Ecuador, cuando la oposición ganó las municipales, había muy poco que reprocharle al partido de Correa. Las infraestructuras y las condiciones, eran mucho mejores.

Por qué se votó a la derecha

Entonces habría que preguntarse por qué se votó por la MUD o contra el kichnerismo en Argentina.
Qué no ha hecho la revolución bolivariana por su pueblo, te lo digo yo que conozco esa sociedad desde antes de la Revolución, yo creo que los parámetros de agradecimiento o desagradecimiento no son medibles. No es nada excepcional. No hay nada que agradecer realmente, la elección se gana con una promesa de mejoría. ¿Cuál fue la primera reflexión de Maduro cuando aceptó la derrota electoral? Ahora debemos hacernos muchas preguntas en términos de calidad de la Revolución.
Es decir, no se trata de cantidad, no se trata de hacer 100 mil escuelas, sino de qué pasa dentro de ellas. Eso fue lo que ocurrió en Brasil cuando la gente comenzó a protestar. Se estima que Lula y Dilma han sacado de la pobreza a 15 millones de pobres. Tú no puedes luego de sacar de la pobreza, no puedes pensar que te lo agradezcan, sino que ahora quieren calidad de los servicios.
Esto plantea muchas preguntas teóricas a la izquierda, porque es una experiencia para todos los movimientos de izquierda en la región. Los menores de 30 años en Venezuela, ya no saben lo que es el neoliberalismo, lo que es la pobreza, porque Chávez sacó a miles de personas de la pobreza. Si se sigue hablando únicamente con los pobres y los más humildes, te equivocas porque hay un grupo importante que ya salió de esa pobreza y no puedes entregarle ese sector la derecha.
Si una vez que terminas la pobreza no tienes discurso la gente se va para los partidos de centro derecha o pasa como en Brasil, que protestan por la calidad. Los electores son inteligentes, son adultos y saben por quién votan.
(Noticia en construcción)