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jueves, 19 de julio de 2012

La oligarquía financiera y la democracia secuestrada


                                                                                                          En Europa se ha impuesto la “marktkonforme demokratie”
El pasado 1 de septiembre Angela Merkel dijo en el Bundestag: “vivimos en una democracia parlamentaria y por tanto la confección del presupuesto es un derecho básico del parlamento. No obstante, encontraremos la manera de hacerlo para que resulte acorde con los mercados. Aquel día Frau Merkel dejó claro que no se aprobaría ningún presupuesto que desagradara a la oligarquía financiera que controla los negocios mundiales.

La mentira

Leo Strauus, discípulo del nazi Carl Schmitt, siempre defendió que las élites tienen que mentir para poder gobernar: “los gobiernos, a través de la prensa, sólo deben dar a la población un mínimo de información fidedigna”. “Si se quiere mantener la fe de las masas en un futuro mejor, no hay ningún otro camino que la mentira y el engaño”. Para Strauss sólo se puede conseguir el “consentimiento” a las propuestas formuladas desde “la alta política”, a través de la mentira. Strauss fue – es – guía de los neocons.

En la misma universidad donde impartía ideología Strauss, enseñaba economía Milton Friedman al frente de la famosa y muy liberal Escuela de Chicago. El pensamiento de Friedman se basa en la creencia -interesada- que los mercados competitivos y libres de la intervención del estado son buenos para la eficiencia de la economía. Y proponía medidas como: mínima participación del Estado en el gobierno económico, ningún control político, ningún salario mínimo, ninguna subvención, privatizar la seguridad social, ningún estado del bienestar.

La apropiación de los bienes comunes

En la Universidad de Chicago se cocía la usurpación de los bienes públicos y de la ciudadanía. Había que decidir sin embargo, cómo y cuándo hacerlo. Los primeros experimentos fueron el año 73 en Chile. Con el apoyo de la presidencia y de los políticos norteamericanos, la Escuela de Chicago con Friedman a la cabeza, apoyaron a Pinochet, justificaron e impulsaron la violencia de estado y consiguieron, principal objetivo, el enriquecimiento de los más ricos a costa de los más débiles por medio de la represión cárcel y muerte de muchos de los ciudadanos que clamaban por sus derechos. El asesinato y la cárcel ensombrecieron Sudamérica en nombre de la guerra al comunismo.

En el transcurso de los años 80 se fue imponiendo en Estados Unidos, un cambio de hegemonía del pensamiento social que nos ha llevado del keynesianismo al neoliberalismo. Un dato nos lo certificará: a finales de los 70 los más ricos podían llegar a pagar en impuestos al estado hasta un 70% de sus beneficios. Robert Reich, que fue ministro de Trabajo y Asuntos Sociales en la era Clinton, nos explica que a través de las deducciones al final tan sólo pagaban el 50%. El año 2011 esta cifra descendió al 36%. Del 70 al 36 en 30 años! Y aún hay más puesto que a través de las vías de escape paralegales y fraudulentas, el año pasado 18.000 de las familias más ricas de EEUU no tuvieron que pagar impuestos.

Los 80 fueron años de plomo para las clases populares. En Estados Unidos con Reagan, en Gran Bretaña con Thatcher. En la vieja y continental Europa el estado del bienestar también comenzó a retroceder. Pero no era suficiente.

El neoliberalismo

Llegamos así al 13 de enero de 1993 fecha oficiosa del nacimiento del Consenso de Washington. John Williamson, el economista que había redactado las misiones originales de FMI y Banco Mundial, convocó a la elite neoliberal para decidir cómo “convencer” a los políticos para que adoptaran medidas contrarias a los intereses de la mayoría de los votantes. Políticas que deberían facilitar el traspaso de la propiedad y los bienes públicos a manos privadas. La reunión tuvo lugar en el “Carnegie Conference Center” de Washington, Para asegurar sus intereses y dado que las crisis provocadas son iguales de efectivas que las reales, decidieron que mentir a los ciudadanos no debería ser un problema si con ello conseguían sus propósitos. Para conseguirlo acordaron aprovechar y favorecer los momentos catastróficos porque es cuando la ciudadanía acepta mejor los cambios traumáticos. Y señalaron 4 objetivos a los gobiernos del mundo: desregulen, privaticen, adelgacen el estado y aprueben legislaciones favorables a las transnacionales – liberalicen.

La privatización del futuro

Las crisis reales, las provocadas, las favorecidas, las exageradas, han cuajado. El Norte, como antes le había pasado al Sur, ha caído en shock. Asustados, incapaces de reaccionar juntos, nos preocupa más la supervivencia personal que la colectiva sin darnos cuenta de que la oligarquía cuando maneja los mercados, sólo piensa en imponer la tiranía del dinero en favor del 1% de la población mundial. Y que los objetivos señalados en el 93 para el Sur, lo son ahora para el norte.

¿Qué pretenden, qué quieren conseguir?

Pues traspasar a su propiedad privada dos de los mecanismos claves para la equidad, las dos cosas a las que los humanos, respirar, beber, comer y procrear al margen, no renunciaremos nunca: salud para vivir, educación para vivir mejor en el futuro. Ellos, los oscuros mercados, saben que pagaremos por tenerlas porque no hay futuro sin salud ni educación. ¿Les permitiremos que se las apropien con el único objetivo de acumular riqueza a costa de los derechos sociales de la mayoría? Aceptaremos convertirnos – aún más – en objetos de negocio?

No todos los políticos pero….

Merkel dijo que el Bundestag no aprobaría ninguna medida que no fuera bendecida por los mercados. En todos los parlamentos europeos está pasando lo mismo. ¿Dónde están los políticos independientes de los mercados? La democracia controlada, supervisada, dirigida, he aquí lo que tenemos delante. Entonces, ¿debemos considerar democrático a un sistema político que decide en sede parlamentaria secuestrar una buena parte de la soberanía popular? ¿Es esta la democracia que proponen? ¿Es esto democracia? ¿No deberíamos exigir a los partidos políticos y a sus representantes que si no están de acuerdo con esta “percepción” de la democracia, salgan a la calle y denuncien inequívocamente lo que ya es para muchos una perversión democrática y una vulneración de los derechos humanos? ¿Estamos asistiendo a un crimen contra la humanidad cuando a la mayoría se le dificulta por ley si no impide, el derecho al trabajo, a la salud, a la educación y al buen vivir?


Josep Cabayol Virallonga

(Jaque al Neoliberalismo)
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