MORAL Y LUCES

MORAL Y LUCES

sábado, 25 de enero de 2014

En la hora memorable de Danilo

Por DIÓMEDES NÚÑEZ POLANCO 

En Nueva  York, poco antes  de  partir  en  el  buque  italiano Leonardo Da Vinci  para  Europa, el  presidente  electo  dominicano Juan   Bosch fue  invitado  por  John  F.  Kennedy a  visitar la  Casa  Blanca. Ese  encuentro,  realizado el  jueves,  10  de  enero  de  1963, a las  12 del  mediodía, Bosch lo contaría en  sus   detalles, tiempo  después. Ahora sólo  citamos    una  parte,  especialmente la  referida  a  su decisión  de  rescindir  el contrato del  Estado  dominicano con la  Esso  Standard Oil,  por  considerarlo  lesivo  al   interés nacional, y  su  relación,  en la  distancia,  con la  actitud   presidencial  y  de nuestro   pueblo  en general,  que  desembocó en  el  acuerdo Barrick-Gobierno,  el  pasado  8  de  mayo. 
“Cuando me entrevisté con Kennedy en la Casa Blanca – cuenta don  Juan -, a principios de enero de 1963, observé cuidadosamente a ese hombre joven  – demasiado joven, quizá, para ser el Presidente de la nación más poderosa del mundo -; lo observaba mientras yo hablaba y mientras él me hablaba. Vestía con sencillez; no con sobriedad  sino con sencillez – zapatos marrón claro, traje gris a rayas perla, corbata de tonos azules, camisa blanca; todo usado, nada nuevo -, como si se hubiera propuesto no ofender la pobreza dominicana con la exhibición, en su persona, de la riqueza norteamericana. Se comportaba con la naturalidad de un viejo amigo. Pasamos revista a los problemas comunes a su país y al mío; y cuando le dije que los dominicanos pasaban hambre, se movió como si hubiera recibido una herida.
Ambos nos miramos a los ojos. Le expliqué que el Consejo de Estado había dado, en forma casi oculta, una concesión de refinería petrolera a una conocida firma norteamericana en condiciones que recordaban los tiempos más floridos del imperialismo de su país, y que yo iba a rescindir ese contrato. Al mencionarle la palabra imperialismo le vi el dolor en la cara. “Es un punto delicado, pero le ayudaremos”, me dijo. Meses después, la poderosa empresa renunció al contrato. (Crisis  de  la democracia de  América  en la  República   Dominicana, 3ra.  Edición dominicana,  Editora Alfa y Omega, Santo Domingo,   R. D., 1999,  pp. 160-61).
Era  tan importante   para  el Presidente   Bosch resolver  el  caso  de la  Esso  y  la  refinería  de  petróleo, que  de una  hora y  dos  minutos  de  conversación,  ese  tema  ocupó  la  tercera  parte.
En  gran  medida, el  Presidente  Danilo  Medina que  hablaba  en  la  Asamblea   Nacional, el  pasado  27  de  febrero, con  el  contenido y   el  tono  de    sus  palabras, rememoró   al  Presidente  Bosch  de 1963 y de  siempre. Advirtió: “El  oro que  subyace en  la patria de Duarte, Sánchez,  Mella  y Luperón es  del  pueblo dominicano. Y de  nadie más.”
Lo que  siguió después  es   historia  conocida.
Todo  responde al  tiempo  que  viven América   Latina y   toda   la   humanidad. Se  trata  de un  cambio  de  época, no  necesariamente  una  época  de   cambios. Esto  quedó  definido  en  las  conclusiones  de  la  V Conferencia General   del  Episcopado  Latinoamericano, celebrada en  Aparecida,  Brasil, con la presencia del Papa  Benedicto XVI,  en  mayo  de   2007. Al  tema  nos  hemos  referido en  artículos publicados en  el suplemento Areíto,  de este  periódico, en los meses de  febrero y  marzo  pasados, con  el  título de  “Imprenta  e   internet: las  grandes  eras  de la  historia”.
A pesar  de la  crisis  financiera  y económica  global,   avanza  la ola   de  gobiernos progresistas y  de  izquierda   en  América  Latina y   se  proyectan  con  fuerza  los  países  emergentes del  mundo  con el  crecimiento más   rápido  de sus  economías,  agrupados en  el   Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). También  a  principios  de la  década de  1960  se  vivía un  momento   especial, independientemente  de que  entonces  se  produjeran  las  contradicciones  más  sonadas  de la  etapa de la   Guerra  Fría,  como fue  la  crisis  de los  misiles entre  los  Estados  Unidos  y la  Unión   Soviética,  por los  cohetes  rusos  instalados en  Cuba,  en  octubre  de   1962.  A  ese   panorama se  refirió el profesor Bosch,  en  su  discurso de juramentación  como presidente, el  27 de  febrero  de 1963:
“Como  país  americano  nos  hallamos en el  centro de  la  gran  corriente  revolucionaria que  está  sacudiendo al  Nuevo  Mundo,  y   si tomamos en cuenta que  esa  fuerza  poderosa es más  potente en  países  que no  pudieron  desarrollarse  a tiempo debido  a que se lo impidieron las  tiranías   u  otras   fuerzas  sociales  negadas  al  progreso,  debemos  admitir  que en la  República   Dominicana  estamos  obligados a  avanzar de prisa, tan  de prisa  como   sea  posible  sin salirnos  en momento alguno  de las  formas  democráticas…”.
 El presidente  Danilo  Medina está  correspondiendo,  con  creces,  con la  cuota  que  le  toca en  este proceso,  como han  de hacerlo también  los  funcionarios  públicos  y   cada  ciudadano.
La  recuperación de la  dignidad  nacional  y  la capacidad de  soñar, con  gestos  y  acciones como  las del   histórico 8 de  mayo,   en un mundo  turbulento,  constituyen  el  mejor  homenaje  de los  dominicanos al Padre  Fundador  de la   República, Juan  Pablo  Duarte,   en su  bicentenario, en  esta  hora memorable  de  Medina.

TOMADO DEL PERIODICO HOY

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