MORAL Y LUCES

MORAL Y LUCES

domingo, 28 de octubre de 2012

Promover “una revuelta cultural”


A propósito de Marinaleda y la creación de consciencia colectiva popular
Promover “una revuelta cultural”



Para Ramón Fernández Durán y Paco Fernández Buey, activistas y educadores políticos, a quienes tanto hubiera gustado seguir ayudando a promover esa revuelta.
PresentaciónLas acciones realizadas por el (SAT) [1] a lo largo del 2012 -ocupación de sedes bancarias, fincas, locales de grandes empresas y marchas de protesta bajo la campaña “Andalucía en Pie”- han puesto nuevamente ante la mirada ciudadana la inmemorial lucha jornalera por la tierra, la libertad y la justicia social. El 7 de agosto, por ejemplo, docenas de militantes del SAT entraron en dos supermercados de Écija (Sevilla) y Arcos de la Frontera (Cádiz) pertenecientes a Mercadona y Carrefour respectivamente, cadenas comerciales que controlan el 40% de la distribución de alimentos y que operan como un oligopolio que determina precios, beneficios, salarios, tipos de productos, etc. Con esa acción simbólica, las personas que participaron en ellas se llevaron pacíficamente varios carros con alimentos básicos para entregárselos a los más necesitados, y denunciaron los “recortes sociales” de las políticas neoliberales, y la pobreza y falta de soberanía alimentaria existentes. Otro ejemplo es la ocupación de la finca de Somonte (Palma del Río, en Córdoba) de unas 400 hectáreas, en manos actualmente de banqueros y terratenientes. Los jornaleros quieren transformarla en tierra de regadío y construir en ella una cooperativa que toma como modelo la realizada en Marinaleda. Portavoces y líderes jornaleros como Juan Manuel Sánchez Gordillo (sindicalista y alcalde de Marinaleda), Diego Cañamero (sindicalista y portavoz del Sindicato Andaluz de Trabajadores), o Lola Alvarez (jornalera y portavoz del Sindicato Andaluz de Trabajadoras en Córdoba), han estado en la boca de muchos (y en la inhumanidad e insensibilidad de bastantes), siendo constantemente atacados e insultados, cuando no vapuleados, por los medios de desinformación dominantes en manos del poder corporativo y financiero conservador.
Con todo, más allá del indispensable objetivo de obtener tierra y trabajo con los que vivir dignamente y resolver las necesidades más básicas, otro logro de enorme importancia en la lucha por ganar poder colectivo es el proceso de cambio en la mentalidad, ideas, valores y formas de vida de los trabajadores y las trabajadoras. Tomando como ejemplo la histórica lucha que dura ya más de tres décadas del pueblo de Marinaleda y las palabras de su alcalde, este artículo ilustra la necesidad e importancia política de un cambio cultural imprescindible.

Un oasis de lucha que da mil frutos
Un pequeño pueblecito de apenas 3.000 habitantes a poco más de 100 kilómetros al este de Sevilla. En el ayuntamiento y la alcaldía ondean banderas republicanas. Los nombres de sus calles no son comunes: ‘Ernesto Che Guevara’, ‘Miguel Hernández’, ‘García Lorca’, ‘calle de los jornaleros’, ‘plaza del pueblo’, ‘plaza de Salvador Allende’... Tampoco lo son los múltiples servicios públicos que ofrece para toda la población: asistencia médica, escuela pública, vivienda, guardería infantil, atención para mayores, instalaciones deportivas… una radio y televisión populares. La localidad tiene tierra cultivable, agua y una industria agrícola floreciente y crecientemente ecológica. El desempleo es mínimo, la desigualdad económica muy baja, y la policía local y la guardia civil no existen porque no hacen falta.
Gente luchadora y curtida, solidaria y fraternal, orgullosa de sus logros, y esperanzada con sus proyectos de futuro. Los presupuestos son participativos, la democracia del pueblo es real, participativa; poder de un pueblo donde las mujeres juegan un papel primordial. Sus conquistas sociales no se deben al azar o a un regalo divino. El enorme avance político y social de Marinaleda radica en su larga tradición de lucha jornalera y en una valiente y tozuda lucha colectiva repleta de ocupaciones fincas, huelgas de hambre, encierros, que dura ya más de tres décadas. Resumamos con brevedad algo de esa historia reciente.
En 1978 el Sindicato de Obreros del Campo (SOC), surgido apenas dos años antes, [2] ocupa la finca de Bocatinaja (Osuna) reclamando la repoblación forestal y la reforma agraria. Es la primera ocupación en Andalucía desde la II República. En abril de 1979, la Candidatura Unida de Trabajadores (CUT), un pequeño partido independiente creado por militantes del SOC logra la mayoría absoluta (77,3% de los votos y 9 concejales por 22,7% y 2 concejales para la UCD) en las elecciones municipales de Marinaleda siendo elegido como alcalde el sindicalista y profesor de instituto Juan Manuel Sánchez Gordillo. Tras doce años de luchas y múltiples actividades, procesos judiciales, represión política y policial, y de una incansable insistencia, finalmente consiguen 1.200 hectáreas para su cultivo. La tierra del “Humoso” [3] será ahora, por fin, para quien la trabaja. Tras dos décadas de luchas en la memoria, en 1997 empieza a funcionar la primera industria cooperativa popular de propiedad colectiva. Marinaleda, históricamente un pueblo de jornaleros pobres y con un desempleo elevadísimo, se acerca ahora al pleno empleo gracias a la cooperativa agrícola y a la industria del aceite y el envasado de diversos productos agrícolas. Hoy, el pueblo sigue en lucha por el bienestar popular, promoviendo, fuera y dentro del pueblo, múltiples acciones sociales con el apoyo masivo de su población y de una amplia mayoría absoluta en el ayuntamiento. [4]
El avance político y social de Marinaleda, arraigado en una centenaria tradición histórica de lucha jornalera y una valiente lucha de más de tres décadas, ha conseguido logros sociales de enorme valor: acabar prácticamente con el paro (“ahora ya no hacen falta los terratenientes, ni los aguatenientes, ni los semillatenientes” dice Sánchez Gordillo), terminar con la emigración (ahora ya ningún trabajador tiene que salir del propio pueblo para encontrar un trabajo), acabar con la explotación de los jornaleros (el fruto del trabajo generado ahora se reinvierte en el bienestar colectivo de los trabajadores), y avanzar enormemente en la obtención de derechos (servicios sociales, sanitarios, educativos, deportivos, culturales y de comunicación). [5]
“Y esto es la Democracia: darle al que no tiene, caminar hacia la igualdad, llenar los bolsillos del alma y la vida de bienes concretos que los facilite la existencia.” [6]

Democracia real: poder popular
La principal razón que permite explicar logros de tamaña importancia y magnitud debe buscarse en la profunda consciencia colectiva popular, las maneras en cómo la población se ha agrupado, identificado y organizado para luchar, crear poder popular y promover un constante rio de solidaridad y democracia real. Esa es quizás la principal enseñanza de Marinaleda, su democracia de base, su experiencia de poder popular y el papel central de su aspiración a la justicia social y la libertad real. Eso es lo que ha hecho posible hacer acciones colectivas con una enorme contundencia y fuerza.
“La experiencia de poder popular es como una especie de democracia directa donde el pueblo es el protagonista de su propia libertad, de sus propias decisiones.” [7]

Esa democracia se vehicula alrededor de las “asambleas populares”, que concentran centenares de personas y que se realizan muchas decenas de veces durante el año; ahí es donde se toman todas las decisiones, desde las más pequeñas a las más importantes. Otros órganos de democracia popular organizados desde su origen son un “senado popular”, compuesto por unas 70 personas, un órgano abierto donde están representadas todas las calles del pueblo y que sirve como órgano de educación y formación, y un “grupo de acción”, donde los concejales se reúnen semanalmente para discutir temas y problemas relacionados con el pueblo. Esas prácticas buscan devolver el poder al pueblo. Pretenden elaborar un contrapoder subversivo que se oponga al poder para acabar con la explotación, transformar la realidad y llegar a una paz que provenga de la igualdad de derechos, económica y poder. Como el mismo Sánchez Gordillo ha señalado: “el alcalde es todo el pueblo”. [8]
En la construcción de ese proceso, la credibilidad, la coherencia entre el decir y el hacer, entre el discurso y la vida, es fundamental. Eso permite, a la vez, que se limiten al máximo posibles abusos del poder. Un primer ejemplo, ni el alcalde ni ningún concejal ganan nada por su trabajo en el ayuntamiento, lo cual permite ahorrar importantes sumas de dinero que son invertidos en el pueblo y es una muy buena muestra de modelo de ética política. Un segundo ejemplo, todos los cargos políticos son elegibles y revocables por la asamblea. Tercer ejemplo, cualquier responsable político debe firmar un documento donde se compromete a ser el primero a la hora de la lucha y los sacrificios y el último a la hora de obtener beneficios; dicho con las palabras de una jornalera dirigente del SAT: “[los responsables deben ser] los primeros en poner la cara, pero los últimos en poner la mano.” [9] Un último ejemplo del propio alcalde cuando explico su propio caso: “Si gano más porque soy profesor de instituto tengo que compartir mi sueldo con los que tienen menos. No puedo ser de izquierdas y tener una casa cinco veces mejor que los vecinos, ni más dinero, ni más comodidades.” [10]
“No se puede hablar de una manera y vivir de otra (…) uno es lo que hace no lo que dice”. [11]

La democracia directa y la construcción de una identidad común, posibilitan la participación colectiva, la solidaridad, la generosidad y el abandono de individualismos sin sentido. En uno de los carteles de una de las asambleas de Marinaleda se lee: “Quien aspire a ser revolucionario que empiece a fusilar inmediatamente su egoísmo.” [12]

Los domingos rojos
El proceso social y colectivo avanza sustancialmente sobre todo en 1979 cuando el Colectivo de Unidad de los Trabajadores, tras ganar las elecciones y llegar al ayuntamiento, detecta un importante déficit presupuestario que impide poder ofrecer servicios básicos para el pueblo. Como sea que el servicio de recogida de basuras no tiene presupuesto, la asamblea popular decide prestar en forma gratuita y voluntaria dicho servicio durante meses gracias al trabajo de más de 400 vecinos, incluidos el alcalde y los concejales. Además de las basuras, colectivamente los vecinos deciden trabajar, voluntaria y generosamente, muchas veces al año para arreglar calles, jardines, viviendas y otras prioridades de la comunidad. Esa otra manera de ser y entender la vida, esa manera nueva de recobrar una personalidad propia, una manera original de entender el mundo. Nacen los “domingos rojos”.
Muy de mañana van / años que llevan yendo / rompiendo los egoísmos / que amurallan todos los cercos / donde encarcelan al hombre / para que nunca sea pueblo / ni revienten los mil frutos / que todos llevamos dentro / ni de rienda al amor / ni le de aire a la esperanza / que llevamos siglos siguiendo / con tantos corajes y siglos / que a miles se apilan los muertos / que soñaron con la Justicia / que da de comer al hambriento / trabajo al que está en paro / y derechos al sin derecho / cobijo al desnudo y al que nada tiene sustento (…) Muy de mañana van / los puños llevan tan llenos / las flores que van sembrando / dejan olores eternos / que caminaran entre otras generaciones / seguro que entre otros pueblos / para poder despertarnos / para vivir bien despiertos.
Domingos Rojos los llaman / son la utopía que estamos siendo... [13]

Crear una revuelta cultural
Los engaños, las feroces críticas, las mil y una acciones represivas realizadas contra las luchas populares de Marinaleda generaron, desde su mismo origen, la reflexión de una búsqueda, de una necesidad política: desarrollar una cultura propia. [14]
“Una de las consecuencias que sacábamos de todos los acontecimientos que nos venían sucediendo era que se hacía necesario mejorar la cultura de nuestro pueblo. Que la cultura es un arma imprescindible para el caminar de los hombres de los pueblos. Que todo cambio está condenado al fracaso si no se produce una transformación profunda en quienes tratan de producirlo… y sobre todo comprobábamos la buena fe, el sacrificio y el coraje que ponían nuestras gentes pero la tremenda escasez de unos saberes mínimos que multiplicaran todos aquellos enormes esfuerzos (…) Fuimos buscando las raíces casi perdidas, fuimos reencontrando nuestra identidad casi desaparecida… poco a poco, al menos fuimos entendiendo la necesidad que los explotados tenemos de aprender y aprender si queremos salir del pozo de la explotación.” [15]

Para crear una cultura popular propia, basada en la solidaridad y en la ayuda mutua, la práctica es fundamental, los domingos rojos, las múltiples luchas, las huelgas de hambre, lo muestran.
“En estos días que llevamos de lucha [huelga de hambre] he podido confirmar que, aunque nadie sabe leer ni escribir, el pueblo no es analfabeto. He caído en la cuenta de que no es más analfabeto quien menos sabe leer o escribir sino aquel que no sabe mamar el saber del gran libro de la vida. Lo que ocurre son dos saberes distintos casi opuestos, dos culturas, casi dos civilizaciones. Una que domina y se ensancha, la otra que se resiste a desaparecer. El pueblo tiene su manera de entender la vida… su cultura, lo que ocurre es que esa cultura no se cotiza en el mercado y es fusilada continuamente desde arriba, porque esa es la esencia misma del pueblo ¿Y esa grandeza del pueblo quien la arroja a los arroyos?” [16]

Sin embargo, la creación de esa nueva cultura, señala Sánchez Gordillo, se enfrenta a grandes dificultades “sociológicas” en un pequeño pueblo inmerso en una autonomía y país capitalistas: la represión causada por un sistema que no permite alternativas y que se opone a todo aquello cuanto cuestiona su existencia y legitimidad, la difusión permanente de una mentalidad e ideología burguesa que el sistema va “introduciendo” en nuestras mentes sin que nos demos cuenta, y la ausencia de medios culturales, informativos y de comunicación propios, son quizás las más importantes. Para el alcalde de Marinaleda, vencer esas dificultades representa un reto de enorme magnitud que debe ser una obsesión si se quiere que el pueblo verdaderamente recupere su cultura. A eso, Sánchez Gordillo lo denominó hacer una “revuelta cultural”.
“La revuelta cultural es un paso imprescindible para cualquiera de los caminos y formas que el pueblo pueda escoger hacia su liberación. Creemos que el pueblo tiene que recuperar su cultura. No una cultura cualquiera, sino su propia cultura, aquella que nace de sus raíces, sus sentires y sus intereses éticos, políticos y económicos. No es darle “cultura al pueblo" sino, por el contrario, dejar que el propio pueblo elabore y exprese su cultura.“ [17]

Para generar una revuelta cultural que acabe con la invasión y deformación a la que la cultura burguesa somete a la ciudadanía trabajadora, se deben recorrer todos los rincones que caracterizan al movimiento obrero y popular, e ir mucho más allá de las luchas electoralistas inmediatas características desde hace tiempo de las fuerzas de izquierda.
“Preciso es decir que las direcciones de los partidos de izquierda, no han hecho un compromiso cultural serio con el pueblo y que han preferido la vía fácil del electoralismo, del mitin tente-tieso, que busca el voto y no la reflexión, que convierte a las masas en meros consumidores pasivos de una mercancía política que se vende (…) A fuerza de tanto cambalache, consensos y comportamientos objetivamente burgueses, la clase obrera se ha empezado a confundir. No sabe bien hacia dónde van sus intereses y se atolondra para terminar sin querer saber nada (“porque todos son iguales”). [18]

Si el pueblo no dispone de una cultura nueva que lo galvanice terminará dividido y sin ilusión para avanzar recuerda Sánchez Gordillo. Pero la batalla por una cultura popular es muy difícil ya que no tiene una rentabilidad política inmediata. La cultura burguesa dominante nos bombardea sin cesar con mil maneras para confundirnos, distraernos, idiotizarnos… y deshumanizarnos. En un texto de 1980, el alcalde de Marinaleda lo decía con estas palabras:
“Hoy se habla y se habla de la apatía actual del movimiento obrero, pero nadie tiene el valor de hablar de sus causas, pero nadie tiene el coraje de decir por las claras que el obrero está desilusionado porque ha dejado de saber cuál es su mundo en contraposición con el mundo que le imponen (…)

Hace falta esta revuelta cultural que obliga a la coherencia entre palabras y hechos. Que dé a las masas más capacidad de reflexión y de poder, para que los dirigentes que esas masas generen no se conviertan en castas aparte que habitan en hoteles de cinco estrellas, desde donde es muy difícil entender el hambre. Hace falta esta revuelta cultural para que la igualdad en derecho y poder sea dentro de las organizaciones obreras un hecho y no una simple utopía. Y sobre todo para que todos los trabajadores podamos tener la certeza de que nuestra lucha no se desvía ni un sólo minuto de los intereses que a través de los siglos han ido buscando los explotados: una sociedad sin explotadores (…)
Estamos solos pero no vencidos, por eso desde aquí llamemos a cuantos estén dispuestos al combate cultural que ponga en pie a nuestro pueblo andaluz.” [19]
Un combate que tiene que hablar de la libertad, la distribución de la riqueza y la lucha política. Un combate cultural que “se encuentra en la raíz de todo, incluso de la cuestión del poder” señaló Manuel Sacristán. Un combate cultural que, más allá de líderes y portavoces, se sabe anónimo, porque los héroes obreros son héroes anónimos, que conocen el principio de modestia porque saben que existe la muerte, que cada generación muere y le sigue otra.[20] Un combate cultural, imprescindible para humanizarnos a nosotros mismos, en la defensa tenaz del único camino de salvación justo y razonable, el de una humanidad más justa y libre en una tierra habitable.

NOTAS:
[1] Sindicato de Obreros del Campo.
[2] La Asamblea Fundacional del SOC se celebró en Antequera en el verano de 1976 siendo el primer sindicato legalizado en Andalucía tras la dictadura franquista. El primer Congreso del SOC se celebró en Morón de la Frontera en septiembre de 1977 siendo el primer Congreso del sindicalismo agrario desde la Guerra Civil. En el 2007 se constituyó el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), tras la unión de varios sindicatos andaluces entre los que estaba el SOC.
[3] El Humoso (también llamado “Los Humosos”), es un cortijo de 1.200 hectáreas situado en el municipio sevillano de Écija en la Vega del Genil, en la comarca de Sierra Sur, a 11,5 km de Marinaleda. El Humoso perteneció hasta 1991 al duque del Infantado cuando, tras un largo y duro periodo de lucha jornalera encabezada por el SOC, pasó a manos de los habitantes de Marinaleda, quienes fundaron la "Cooperativa Marinaleda S.C.A."
[4] En las elecciones municipales de 2011, la CUT integrada en IULV-CA consiguió 9 concejales (con el 73,1% de los votos) mientras que el PSOE de Andalucía logró 2 concejales (21,4%). El PP (4,1%) no obtuvo representación.
[5] El pueblo cuenta con una agroindustria que da empleo a 500 familias que son copropietarias. Su acción se basa en el cooperativismo solidario: el sueldo es igual para todos los trabajadores (1.200 € al mes por 35 h semanales). Los beneficios son para crear empleo e incluso se da trabajo a jornaleros de pueblos aledaños. Existe una cooperativa instalada en una granja de la localidad donde son cultivadas y se hacen conservas de alcachofas, pimientos y otras legumbres. La sanidad y servicios sociales son públicos: la atención médica se realiza a través de un consultorio. Hay atención para ancianos en los hogares de Marinaleda y Matarredonda, y asistencia a domicilio de las personas enfermas o muy mayores. La vivienda es un derecho, no una mercancía; el suelo es municipal, a disposición de quien quiera hacerse su casa (el ayuntamiento pone los albañiles y arquitectos gratis y el futuro propietario pone su trabajo). Con ello, ya se han realizado 350 viviendas de 90 m2 con 100 m2 de patio, por 15€ mes. Los niños y niñas tienen educación (el instituto José Saramago), una guardería municipal (de 7 a 16h) por sólo 12€ mes, y parques infantiles. En cuanto a instalaciones deportivas, se cuenta con dos piscinas municipales al aire libre, pabellón cubierto, gimnasio y dos campos de fútbol, cuatro pistas de tenis y cinco de pádel. Para la promoción de la cultura y participación social se ha realizado un proyecto de alfabetización por el método de Pablo Freire, se cuenta con una radio y TV propias, el sistema wifi es gratuito para todo el pueblo. [6] JM Sánchez Gordillo entrevista en el documental “Un domingo rojo en Marinaleda: de la casa a la lucha.” Directora: Lola G. Luna, 1986. Ver: http://www.lolagluna.com/videos/25DomingoRojo/25DomingoRojo.html
[7] JM Sánchez Gordillo. Charla-Debate “Otras Políticas son posibles” en la casa de la Cultura de Coin (Málaga), organizada por la Asociación Cultural de Progreso y Libertad “VIVA COIN”. 20 de enero de 2012. Ver: http://www.youtube.com/watch?v=h54DlIIKUFk&feature=relmfuhttp://www.youtube.com/watch?v=UOdPc0x4Sew
[8] JM Sánchez Gordillo entrevista en el documental “Un domingo rojo en Marinaleda: de la casa a la lucha.” Directora: Lola G. Luna, 1986. Ver:http://www.lolagluna.com/videos/25DomingoRojo/25DomingoRojo.html
[9] Citado por Lola Álvarez, 22 de septiembre 2012, Centre Cívic de Sant Narcís, Girona. Álvarez es responsable del SOC-SAT en la ocupación de Somonte (http://somonte.net/), una finca de la Junta Andaluza que iba a ser privatizada y que, siguiendo el ejemplo de Marinaleda, está siendo ocupada desde hace meses por los jornaleros del SAT que quieren trabajar la tierra.
[10] JM Sánchez Gordillo. Charla-Debate “Otras Políticas son posibles” en la casa de la Cultura de Coin (Málaga), organizada por la Asociación Cultural de Progreso y Libertad “VIVA COIN”. 20 de enero de 2012. Ver: http://www.youtube.com/watch?v=h54DlIIKUFk&feature=relmfuhttp://www.youtube.com/watch?v=UOdPc0x4Sew
[11] JM Sánchez Gordillo. Charla-Debate “Otras Políticas son posibles” en la casa de la Cultura de Coin (Málaga), organizada por la Asociación Cultural de Progreso y Libertad “VIVA COIN”. 20 de enero de 2012. Ver: http://www.youtube.com/watch?v=h54DlIIKUFk&feature=relmfuhttp://www.youtube.com/watch?v=UOdPc0x4Sew
[12] Cartel colgado en la Asamblea de Marinaleda. En el documental: “Un Domingo rojo en Marinaleda. De la casa a la lucha”. http://www.lolagluna.com/videos/25DomingoRojo/25DomingoRojo.html
[13] JM Sánchez Gordillo. Fragmento del poema “Domingos Rojos”
[14] JM Sánchez Gordillo. Marinaleda. Andaluces, levantaos. Granada: Aljibe, 1980.
[15] “La revuelta cultural”. Sección incluida en el libro de Juan Manuel Sánchez Gordillo. Marinaleda. Andaluces, levantaos. Granada: Aljibe 1980:53-54.
[16] JM Sánchez Gordillo. Marinaleda. Andaluces, levantaos. Granada: Aljibe 1980:99-100. [17] “La revuelta cultural”. Sección incluida en el libro de Juan Manuel Sánchez Gordillo. Marinaleda. Andaluces, levantaos. Granada: Aljibe 1980:55.
[18] “La revuelta cultural”. Sección incluida en el libro de Juan Manuel Sánchez Gordillo. Marinaleda. Andaluces, levantaos. Granada: Aljibe 1980:55-56.
[19] “La revuelta cultural”. Sección incluida en el libro de Juan Manuel Sánchez Gordillo. Marinaleda. Andaluces, levantaos. Granada: Aljibe 1980:56.
[20] Fernández Buey F, López Arnal S (editores). De la primavera de Praga al marxismo ecologista. Entrevistas a Manuel Sacristán. Madrid: Los libros de la Catarata, 2004:97-98.

Joan Benach es profesor de salud pública y salud laboral en la UPF, y amigo y colaborador habitual de SinPermiso.
María Menéndez trabaja en el departamento de salud laboral de CC.OO.
Salvador López Arnal es miembro del CEMS (UPF) y colaborador del diario digital Rebelión. J
Jordi Mir es profesor de humanidades en la UPF y miembro del CEMS (UPF).
Carles Muntaner es profesor de enfermería y salud pública en la Universidad de Toronto (UofT).
Benach, Menéndez y Muntaner son miembros de GREDS-EMCONET (UPF, Barcelona).

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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