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viernes, 12 de mayo de 2017

Domingo A. Núñez Polanco: En mi 63 aniversario




El pasado 12 de mayo del 2016 al igual que hoy estoy de aniversario. Para la ocasión (2016)  escribimos lo siguiente:

“Desde   la 10 diez  de la noche de aquel domingo 12 de mayo de 1954 vine al mundo desde el vientre de mi madre.  Hacen 62 primaveras de mi primer contacto directo con la luz cósmica.  Desde entonces 744 meses (hoy: 756)  han transcurrido de mi paso por esta galáctica, más exactamente unos 22,320 días (hoy: 22725), tiempo suficiente y oportuno para hacer una reflexión consigo mismo: 

“Que hecho que no debía haber hecho y que no hice que debía haber hecho”

Existe un momento de la vida en que se juntan el coraje, la osadía, la razón, entonces uno respira profundo, contiene la respiración, camina hasta el borde del precipicio y… salta. Aquí estoy saltando hacia un desafío gigantesco, cuyo alcance ni yo mismo podría prever.

Por de pronto, salto junto a Diomedes y a un nutrido grupo de hombres y mujeres comprometidos con las mejores causas del pueblo dominicano. Nos abocamos a dar el gran salto hacia adelante con la formación y desarrollo de un espacio socio-político y cultural, EL M30J impregnado de la solidez de un pensamiento humanista y patriótico frente a la ausencia de vínculos, de compromiso con los ideales. 

Estamos dando el gran salto que va de la inutilidad de la existencia a la búsqueda de un sentido a través de la coherencia y del compromiso con los demás.

Hay que promover y  conseguir un ser humano que quiera saber lo que es bueno y lo que es malo; que se apoye en el progreso humano y científico. Un  ciudadano que rechace la cultura de la vida fácil, la búsqueda del bienestar o placer sin más, sabiendo  que no hay verdadero progreso humano, si este no se desarrolla con un fondo moral. Ahí está el gran reto,  el gran salto, pero no al vacío, sino al porvenir”.

Hoy, a mis 63 primaveras  me llega el recuerdo de unos textos de ese gran pensador argentino, el humanista José Ingenieros:
 “Cada ser humano es cómplice de su propio destino; miserable es el que derrocha su dignidad, esclavo el que se forja la cadena. Ignorante el que desprecia la cultura, suicida el que vierte el veneno en su propia copa. No debemos maldecir la fatalidad para justificar nuestra pereza; Debemos preguntarnos en secreta intimidad: ¿aplicamos toda nuestra energía en todo lo que hicimos?  ¿Pensamos bien nuestras acciones; primero, y pusimos después en hacerlas la intensidad necesaria?”.

No estoy todavía en edad de dármela de consejero por todo lo vivido. Pero si me creo en el deber de decir algo. Por fuerza del destino esa es nuestra misión: sembrar patria y humanidad.  Lo digo y lo dicen otros “La juventud termina cuando se apaga el entusiasmo. No hay mayor privilegio que el de conservarlo hasta la madurez; es don de pocos y parece milagro en quien lo atesora hasta la ancianidad, como el gran filósofo Sócrates y por igual nuestro Comandante eterno Fidel Castro que vivió hasta que quiso. 

Os digo que hombre o mujer sin creencias se forman retóricos que hilvanan palabras sin ideas, apáticos que juzgan la vida sin vivirla, expresan  valores negativos, ponen piedras en todo los caminos para evitar que anden otros los que ellos no pueden andar.

Volviendo a ese gran ciudadano de la patria grande, José Ingenieros, a quien mi generación leyó con vehemencia: “La belleza de vivir hay que descubrirla pronto, o no se descubre nunca. Solo el que  ha poblado de ideales  su juventud y ha sabido servirlos con fe entusiasta puede esperar una madurez serena y sonriente, bondadosa con los que no pueden, tolerante con los que no saben”.

“El porvenir de los pueblos está en la libre iniciativa de los jóvenes. La juventud se mide por el inquieto afán de renovarse, por el deseo de emprender obras dignas, por la incesante floración de ensueños capaces de embellecer la vida. Joven es quien siente dentro de sí la fuerza de su propio destino.  Sin ideales no puede haber iniciativa”.

Decíamos al principio de esta perorata: “Existe un momento de la vida en que se juntan el coraje, la osadía, la razón”, de ahí que decimos: La libre iniciativa significa renunciar a la complicidad de los demás. Buscando una verdad, trasmutando un valor estético, corrigiendo una injusticia, inventando en las artes o en las industrias, regando un campo, formando una biblioteca, plantando un rosal. Todo progreso es variación, es porvenir.   

El tiempo no vuelve atrás, es evidente. Esto es una verdad tan grande como la que hay un Dios en el cielo. Pero a veces uno se siente con la necesidad de recordar. Porque hoy no queda casi nadie de los de antes y los que hay han cambiado. Pero más vale tarde que nunca!  

Este poema hecho canción del poeta universal Pablo Neruda  me trae muchos recuerdos de esa época de sueños y utopías y con esa letra tan llena de patria... "Nos abocamos a dar el gran salto hacia adelante con la formación y desarrollo de un espacio socio-político y cultural, EL M30J impregnado de la solidez de un pensamiento humanista y patriótico del Juan pueblo, el Juan patria; el Juan maestro apóstol. 

LA TIERRA SE LLAMA JUAN

DETRÁS de los libertadores estaba Juan
trabajando, pescando y combatiendo,
en su trabajo de carpintería o en su mina mojada.
Sus manos han arado la tierra y han medido
los caminos.

Sus huesos están en todas partes.
Pero vive. Regresó de la tierra. Ha nacido.
Ha nacido de nuevo como una planta eterna.
Toda la noche impura trató de sumergirlo
y hoy afirma en la aurora sus labios indomables.
Lo ataron, y es ahora decidido soldado.
Lo hirieron, y mantiene su salud de manzana.
Le cortaron las manos, y hoy golpea con ellas.
Lo enterraron, y viene cantando con nosotros.
Juan, es tuya la puerta y el camino.

La tierra
es tuya, pueblo, la verdad ha nacido
contigo, de tu sangre.

No pudieron exterminarte. Tus raíces,
árbol de humanidad,
árbol de eternidad,
hoy están defendidas con acero,
hoy están defendidas con tu propia grandeza
en la patria..., blindada
contra las mordeduras del lobo agonizante.

Pueblo, del sufrimiento nació el orden.
Del orden tu bandera de victoria ha nacido.
Levántala con todas las manos que cayeron,
defiéndela con todas las manos que se juntan:

y que avance a la lucha final, hacia la estrella
la unidad de tus rostros invencibles.



Ahí esta el gran salto, el gran reto. Levantar las banderas éticas, patrióticas y humanistas del Juan Pueblo, el Juan patria y el Juan maestro apóstol. 

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