MORAL Y LUCES

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lunes, 5 de noviembre de 2012

El futuro de Puerto Rico y su deteriorada economía



San Juan, Puerto Rico
Los puertorriqueños tendrán la oportunidad de decidir este 6 de noviembre si quieren convertirse en el estado número 51 de EE.UU. Si la opción consigue la mayoría de votos, el Congreso estadounidense deberá considerar la situación económica de la isla y cómo ella podría afectar al resto del país.
La economía de Puerto Rico ha experimentado una progresiva caída desde 1970.
El modelo económico actual, basado en las inversiones de grandes empresas que se sienten incentivadas por beneficios fiscales y la generosidad del gobierno, no está funcionando, según lo han explicado funcionarios clave y expertos entrevistados por la Iniciativa Cronkite Borderlands.
La tasa de desempleo en la isla casi duplica a la de EE.UU. La fuerza laboral es una de las más bajas del mundo, lo que indica que a un alto porcentaje de puertorriqueños les resulta mejor depender de los beneficios del gobierno que trabajar.
El ingreso per cápita en Puerto Rico es de US$15.203 anual. Esto no representa ni la mitad del de Misisipi, que es el estado más pobre en Estados Unidos. El mayor empleador de la isla es el gobierno. Las empresas basadas en EE.UU. cosechan beneficios fiscales como inversionistas extranjeros, pero luego no invierten sus ganancias localmente para impulsar la infraestructura, el crecimiento y el desarrollo de puestos de trabajo.

Características únicas

"Tenemos la pobreza que tenemos, necesitamos lidiar con ella y eso es un problema", dice el comisionado residente Pedro Pierluisi, quien representa a Puerto Rico en el Congreso de EE.UU. aunque de que no tiene derecho a voto.
La revista británica The Economist calculó que de 1990 a 2009, el gobierno estadounidense gastó US$182.000 millones más en Puerto Rico de lo que recibió del territorio en impuestos.
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La verdad es que el deterioro de la economía comenzó en los años 70 y la sección 936 se promulgó en esa época. Como pensamos que todo iba a resolverse con esa aprobación, no nos adaptamos a la globalización, ni a las tendencias actuales del mundo"
Carlos Colón de Armas, Universidad de Puerto Rico
Otros once estados tuvieron un déficit mayor, pero el de la isla fue el más alto cuando se evaluó su porcentaje de producción económica anual, el Producto Interno Bruto (PIB). El déficit de Puerto Rico fue 290% de su PIB.
Mediciones comparables indicaron que los estados más cercanos fueron Nuevo México, Misisipi y Virginia Occidental. ¿La conclusión? Puerto Rico se beneficia de los gastos federales más que ningún otro de los estados pobres de Estados Unidos.
Pero para los puertorriqueños, los problemas van mucho más allá de la economía y tienen sus raíces en la paradójica relación con EE.UU., que muchos consideran paternalista y de segunda clase.
Como ciudadanos estadounidenses, los puertorriqueños pueden viajar libremente a ese país y servir en el ejército. Sin embargo, no pueden votar en las elecciones presidenciales y sólo tienen un delegado sin derecho a voto en el Congreso de EE.UU.
Tanto Pierluisi como el gobernador Luis Fortuño consideran que a través de la cualidad estatal se podría construir el futuro de la isla.
"Si el modelo ha funcionado en 50 estados del país, ¿por qué no habría de hacerlo aquí?", se pregunta Pierluisi.
Los cierto es que Puerto Rico, por muchas razones, sería un estado con características únicas y su economía, sin duda, sería la más débil.

Deterioro económico

Pero, ¿en qué momento fracasó la economía de Puerto Rico? El modelo obsoleto podría ser el culpable. Si bien puede haber funcionado en algún momento, los partidarios de la estadidad aseguran que ya no tiene sentido.
La sección 936 del Código de Impuestos Internos de EE.UU. otorgó ingresos libres de impuestos a las corporaciones estadounidenses en Puerto Rico para promover el crecimiento económico.
EE.UU., Puerto Rico
Los puertorriqueños pueden viajar libremente a EE.UU. e incluso servir en el ejército, pero no pueden votar en las elecciones presidenciales.
Este crédito fue derogado por el principio Small Business Acten 1996, pero la medida estableció una transición de diez años que permitió a esas compañías reclamar el 60% de los salarios e inversiones de capital.
El exgobernador Carlos Romero Barceló cree que "inicialmente fue un buen truco para atraer industrias a Puerto Rico", aunque considera que los créditos fiscales basados en la nómina habrían generado más trabajo para los puertorriqueños.
Según él, al presidente Barack Obama se le ha sugerido recientemente que tal política atraería a aquellas industrias que están considerando la inversión extranjera en China y otras economías emergentes.
Incluso después de que expirara la sección 936, las empresas estadounidenses se han mantenido debido a la infraestructura y la fuerza laboral de la isla. Además, las cargas financieras siguen aliviadas gracias a las leyes fiscales: la tasa máxima de impuestos para las empresas extranjeras que operan en Puerto Rico es solo de 7%.
Según el economista y profesor de la Universidad de Puerto Rico, Carlos Colón de Armas, muchos defensores de la autonomía atribuyen -erróneamente- los problemas económicos de la isla al fin de los incentivos fiscales de la 936.
"La verdad es que el deterioro de la economía comenzó en los años 70 y la sección 936 se promulgó en esa época. Como pensamos que todo iba a resolverse con esa aprobación, no nos adaptamos a la globalización, ni a las tendencias actuales del mundo", aseguró Colón de Armas.

Dependencia de EE.UU.

El subsidio fiscal tampoco ha sido beneficioso para el Departamento del Tesoro de EE.UU.
Se estima que los créditos fiscales para las empresas estadounidenses en Puerto Rico le cuestan a EE.UU. aproximadamente $3.000 millones al año, según un estudio realizado en 2006 por la oficina de contabilidad del gobierno (GAO, por sus siglas en inglés).
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El fracaso que estamos viendo en la isla en términos de economía, violencia y corrupción es el resultado de un sistema educativo fracasado que ha sido diseñado en el marco de una sociedad paternalista"
Franklin Delano López, Partido Nueva Democracia
Para la exsenadora Miriam Ramírez de Ferrer, quien durante muchos años ha estado en contra de las políticas fiscales subsidiadas, las ineficiencias del sistema tributario no terminan allí.
"Tenemos una economía falsa. Somos un país extranjero por los beneficios fiscales que les ofrecemos a las corporaciones multinacionales. Sin embargo, también somos un territorio con ciudadanos estadounidenses. Entonces, ¿qué somos?", se pregunta Ramírez.
Con tanto énfasis en el capital extranjero durante los últimos años, la economía doméstica de Puerto Rico no ha prosperado. Su Producto Nacional Bruto (PNB), que mide la situación económica de los residentes, se ha reducido drásticamente en los últimos 40 años.
En 1970, el PNB representaba el 93% del PIB, que mide cuan fuerte es la economía nacional de un país. Eso significa que casi todos los productos y servicios producidos en Puerto Rico provenían de fuentes internas. En 2010, 40 años más tarde, la producción local sólo representa el 65,8% de la producción total.
Además de su dependencia de la inversión exterior, Puerto Rico se ha convertido cada vez más dependiente de Washington. De los aproximadamente US$22 mil millones que recibe de EE.UU. cada año, más de $6.000 millones fueron invertidos en ayuda federal, como cupones de alimentos y fondos para vivienda de interés social en 2011.
En lugar de beneficiar a los puertorriqueños y de fomentar una fuerte plataforma para el crecimiento de la industria de la manufactura y de las pequeñas empresas, el sistema fomenta la ayuda del gobierno, dice Franklin Delano López, expresidente del Partido Nueva Democracia de Puerto Rico.
"El fracaso que estamos viendo en la isla en términos de economía, violencia y corrupción es resultado de un sistema educativo fracasado que ha sido diseñado en el marco de una sociedad paternalista", concluye el político.
(*) News21 es un programa de la Corporación Carnegie de Nueva York y la Knight Foundation, que está ayudando a cambiar la manera en la que se enseña el periodismo en Estados Unidos y entrena a una nueva generación de profesionales para que sean capaces de transformar la industria mediática. Su sede está en la Escuela Walter Cronkite de Periodismo y Comunicación de la Universidad Estatal de Arizona.
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