Relaciones insulares de atracción y rechazo

No se puede ceder al derecho de preservar la nacionalidad
Escrito por: FABIO R. HERRERA-MINIÑO
Definitivamente las relaciones dominico-haitianas se desenvuelven de una manera similar a esos matrimonios de muchos años de unión con muchos enfrentamientos personales, no pueden separarse, terminando con rencores guardados por años, junto con momentos de aceptación y de aparente entendimiento.
Las relaciones de las dos naciones de la isla han estado cuajadas de muchos agravios, agresiones y recelos, donde nunca ha cuajado unas relaciones de franco entendimiento, que se agrava ahora en el siglo XXI con la oleada migratoria haitiana que encuentra en la agricultura, la construcción y el turismo su medio de vida, que en su país no aparece.
De ahí que la amenaza de la diplomacia haitiana de prohibir el trasiego semanal de sus ciudadanos que inundan los  mercados fronterizos en demanda de toda clase productos que no tienen en su país, es la punta de un iceberg de algún interés occidental para forzar a un reconocimiento de los miles de haitianos que en su país no se les dota de ninguna identificación y que las actas de nacimiento brillan por su ausencia. La excusa es para que los haitianos paguen los impuestos aduanales que son evadidos en esas actividades comerciales.
Entonces, amenazando que impedirán el ingreso de haitianos a los mercados fronterizos, es procurar que los servicios diplomáticos y migratorios dominicanos abandonen los pocos empeños de hacer valer el derecho del país de regular su frontera, poniendo  orden en una inmigración indetenible, la cual se debe aceptar sumisamente el arropamiento humano,  que ya  Verón, en Higüey, lo han convertido en el Departamento No. 11 de Haití.
No hay dudas de que la diplomacia dominicana le teme a la occidental, recientemente lo vimos con el nuevo sometimiento al país en la corte de los derechos humanos para  juzgar al país por una matanza ocurrida hace doce años, y que nuestra diplomacia no le dio seguimiento, ni mucho menos le puso caso, ya que todos sabemos cuales son los intereses mas importantes para los funcionarios y máxime si tienen proyectos políticos entre manos.
No hay dudas que el sendero de  las relaciones isleñas parece que se tornará muy escabroso  ante la presencia en Haití de un gobierno empeñado en consolidarse, en que la presencia de las fuerzas de las Naciones Unidas le podría ayudar en esos intentos, al tiempo que busca incordiar  mediante acciones diplomáticas o comerciales a los dominicanos, de manera que los obligue a postrarse a las aspiraciones haitianas de asegurar su presencia definitiva en la parte oriental de la isla.
El panorama para el buen manejo del gobierno dominicano que se instalará el próximo 16 de agosto es de un desafío inevitable para poner a prueba la inteligencia de la diplomacia criolla, así como de sus mecanismos de control migratorio, en que sin renunciar a sus plenos derechos de regular la entrada de ilegales haitianos, al menos se establezcan los mecanismos que determinen la mejor manera de aceptar una masa humana sedienta de trabajo, de alimentación salud y educación, sin poner en peligro la nacionalidad y soberanía dominicana.
Hay muchas voces responsables, como la de nuestro cardenal, de que los asuntos migratorios son de la plena soberanía, y en consecuencia, no se puede ceder al derecho irrevocable de preservar la nacionalidad, pese a tantas presiones  que nos llegan de países, que desde hace tiempo buscan que la frontera desaparezca para un libre acceso de los haitianos.