
El Progresista: "Moral y luces", es un espacio para el estudio, análisis, refexion y propuestas en el ámbito político, económico, social y cultural desde una perspectiva histórica tomando como referente el pensamiento ético, humanista y patriótico de Duarte, Luperon y Bosch, las tres raíces del árbol de la patria
MORAL Y LUCES

domingo, 23 de abril de 2017
viernes, 21 de abril de 2017
Juan Bosch, un hombre excepcional.
Juan Bosch, un hombre excepcional.
Juan Bosch es de esos casos humanos realmente excepcionales. La simple lectura de su vida, su obra, su historia, el análisis más objetivo de la forma en que se desenvolvió su pensamiento y su actividad a lo largo de su vida, lo hacen en realidad ante los ojos de todos, un hombre verdaderamente excepcional. Nadie, como el, fue capaz de interpretar con toda la profundidad y toda la esencia y todo el valor del ideario Latinoamericanista y antillano enarbolado por Bolívar, Eugenio María de Hostos, José Martí, Máximo Gómez, Betance y Luperón.
También, nadie como Bosch, fue capaz de estudiar y aplicar el método científico de las ciencias sociales, el materialismo histórico, para estudiar, analizar, interpretar los procesos socioeconómicos y políticos, y muy especialmente el dominicano, a la luz de su realidad histórica, social, económica, y política.
El profesor Juan Bosch, fue fundador de los dos grandes partidos de masas de la historia política dominicana que hoy por hoy le dan sostenibilidad a la democracia política: PRD Y PLD.
Pocas veces en ningún proceso- y tal vez nunca en un proceso político- un pensamiento, un mensaje, una inteligencia haya sido capaz de hacer un aporte tan grande a su patria. Y es que Bosch, fue un infatigable investigador, un incansable trabajador, puede decirse que desde que tuvo conciencia política, no descanso un solo instante a lo largo de su vida, de investigar, de estudiar y de trabajar para lograr una sociedad más justa y equitativa.
No ha habido gladiador que haya librado más combates ideológicos que los que libro Juan Bosch. Es asombrosa la cantidad de batallas en el campo ideológico libradas por el. En nuestra historia, nos hablan mucho sobre los grandes héroes de nuestra luchas independentistas y se narran sus proezas, y sus victorias, que bien… y realmente, cuando a los dominicanos llegue el momento de evaluar mucho más racional, cuando tengan la oportunidad de apreciar los acontecimientos de la vida, de la historia pasada de aquella figura quien fuera un gladiador, batallador en otros campos de batalla: en el campo de las ideas.
Cuando se haga una evaluación superior de la personalidad, la historia de Bosch junto con otros prohombres dominicanos y americanos, descollara como hombres de pensamiento, inteligencia, y conducta que mayor trascendencia ha tenido en la historia dominicana.
Hay que decir que no solo ha sido Juan Bosch uno de los hombres mas creadores, mas luchadores y mas geniales, sino unos de los hombres mas valiente, moralmente valiente. Valentía que demostró en pruebas dificilisimas, en decisiones dificilisimas, a lo largo de su vida y a lo largo del proceso histórico y político que le tocó dirigir.
Creemos sinceramente que estudiar la vida de Juan Bosch, estudiar el pensamiento de Juan Bosch, las doctrinas de Bosch y el ejemplo de Juan Bosch constituyen no un homenaje sino una conveniencia, un beneficio para el pueblo dominicano, Latinoamérica y el Caribe.
El mejor homenaje que se le puede hacer a Juan Bosch es siguiendo su ejemplo.
Realmente cuando se estudia su obra y su vida, cuando se estudia su pensamiento y su doctrina, los pueblos adquieren lo que pudiera llamarse un verdadero tesoro desde el punto de vista político e histórico.
Creemos que este magnífico movimiento, el 30 de Junio eminentemente Boschista, debe profundizar en el estudio de la vida, de la obra y de la doctrina del Profesor Juan Bosch con el propósito de volver a Bosch en su teoría y práctica.
Las obras de Bosch son numerosas, de un alto contenido y valor político, histórico y social. Algunos son más circunstanciales, otros son de un valor perenne, de un valor duradero, de un valor eterno. Prácticamente no hay una sola palabra, un solo escrito de Bosch que no tenga un valor por si mismo. Y creemos que debemos hacer un esfuerzo por continuar imprimiendo, divulgando y estudiando las obras del profesor Juan Bosch. Eso nos permitirá comprender mucho mejor los procesos sociales, políticos e históricos.
Cualquier obra de Juan Bosch que se haya leído alguna vez y vuelve a su lectura al cabo de algunos años, sobre todo cuando se vive en medio de un proceso, se le encuentran cosas nuevas, un interés siempre renovado.
Hay que decir que el pensamiento de Bosch ha tenido una influencia en el proceso histórico Dominicano en los últimos sesenta años y sin lugar a dudas en gran parte de nuestra América. Las ideas del profesor Juan Bosch a raíz de la revolución de abril de 1965, se divulgaron ampliamente por el mundo, y en nuestro país encontraron una tierra fecunda, encontraron seguidores que se inspiraron en ese nuevo pensamiento más avanzado, desde el punto de vista de la transformación de la sociedad, mejor decir un giro más hacia la izquierda… Los dominicanos de estas ultimas generaciones de una manera u otra estuvieron y estarán profundamente influidos por el pensamiento del maestro apóstol Juan Bosch.
Domingo Núñez Polanco.
martes, 11 de abril de 2017
Bosch: Para ser útil a un pueblo, hay que tener condiciones especiales.
JUAN BOSCH
“Si mi vida llegara a ser tan
importante que se justificara algún día escribir sobre ella, habría que empezar
diciendo: “nació en la vega, república dominicana. el 30 de junio de 1909, y
volvió a nacer en San Juan de puerto rico a principios de 1938, cuando la
lectura de los originales de Eugenio María de Hostos le permitió conocer qué
fuerzas mueven el alma de un hombre consagrado al servicio de los demás”.
“El hecho más importante de mi vida hasta poco
antes de cumplir 29 años fue mi encuentro con Eugenio María de Hostos, que
tenía entonces casi 35 años de muerto. El encuentro se debía al azar; pues,
buscando trabajo, lo halle como supervisor del traslado a maquinilla de todos
los originales de aquel maestro de excepción… (…) Eugenio María de Hostos, que
llevaba 35 años sepultado en la tierra dominicana, apareció vivo ante mí a
través de su obra, de sus cartas, de papeles, que iban revelándome día tras día
su intimidad; de manera que tuve la fortuna de vivir en la entraña misma de uno
de los grandes de América, de ver cómo funcionaba su alma, de conocer –en sus
matices más personales- el origen y el desarrollo de sus sentimientos.
Hasta ese
momento, yo había vivido con una carga agobiante de deseo de ser útil a mi
pueblo y a cualquier pueblo, sobre todo si era Latinoamericano; pero, para ser
útil a un pueblo, hay que tener condiciones especiales. ¿Y cómo podía saber yo
cuales condiciones eran esas, y como se las formaba uno mismo sino las había
traído al mundo, y como las usaba si las había traído? La repuesta a todas esas
preguntas, que a menudo me ahogaban en un mar de angustia, me la dio Eugenio
María de Hostos, 35 años después de haber muerto. (…) la lectura de los
originales de Eugenio María de Hostos me permitió conocer que fuerza mueven, y
como la mueven, el alma de un hombre consagrado al servicio de los demás”,
(Juan Bosch, Hostos el sembrador)
lunes, 10 de abril de 2017
Ecuador: El pueblo dijo "ni un paso atrás"
Desde Quito - La victoria obtenida por Alianza País en el balotaje del 2 de abril confirma que el pueblo ecuatoriano supo discernir lo que estaba en juego: la continuidad de un gobierno que marcó un antes y un después en la historia contemporánea del Ecuador o el suicida salto al vacío, emulando la tragedia argentina. Lenin Moreno y Jorge Glas representan la consolidación de los avances logrados en numerosos campos de la vida social durante diez años bajo el liderazgo de Rafael Correa; su adversario, Guillermo Lasso, personificaba el retorno de la alianza social que tradicionalmente había gobernado al Ecuador con las desastrosas consecuencias por todos conocidas. Un país con grandes mayorías nacionales secularmente sumidas en la pobreza, con índices de desigualdad y exclusión económica, social y cultural aberrantes.
Una nación víctima de la insaciable voracidad de banqueros y latifundistas que saqueaban impunemente a una población que tenían como rehén y que, en su desenfreno, provocaron la megacrisis económica y financiera de 1999. En un alarde de falsificación de los hecho históricos a esa tremenda crisis la denominaron, amablemente, “feriado bancario”, a pesar de que en su vorágine acabó con la moneda ecuatoriana, que fue reemplazada por el dólar estadounidense, y provocó la estampida de unos dos millones de ecuatorianos que huyeron al exterior para ponerse a salvo de la hecatombe.
Una nación víctima de la insaciable voracidad de banqueros y latifundistas que saqueaban impunemente a una población que tenían como rehén y que, en su desenfreno, provocaron la megacrisis económica y financiera de 1999. En un alarde de falsificación de los hecho históricos a esa tremenda crisis la denominaron, amablemente, “feriado bancario”, a pesar de que en su vorágine acabó con la moneda ecuatoriana, que fue reemplazada por el dólar estadounidense, y provocó la estampida de unos dos millones de ecuatorianos que huyeron al exterior para ponerse a salvo de la hecatombe.

Son varios los factores que explican este alentador resultado, para Ecuador y para toda América Latina. Uno: los traumáticos recuerdos del 1999 y el descaro con que los agentes sociales y las fuerzas políticas de aquella crisis –antes que nadie Guillermo Lasso- proponían la adopción de las mismas políticas que la habían originado. La candidatura de la derecha manifestó que ampliaría los márgenes de autonomía de las fuerzas del mercado, reduciría el gasto público, privatizaría la salud y la educación, bajaría los impuestos y acabaría con la hidra de siete cabezas del supuesto “populismo económico”. La política social sería recortada porque sin decir cómo, Lasso aseguraba que crearía un millón de nuevos empleos en cuatro años, pero se cuidó muy bien de notarizar esta promesa en el programa de gobierno que, tal como lo prescribe la legislación electoral, inscribió ante un escribano público. En el terreno internacional, Lasso declaró que cerraría la sede de la UNASUR, entregaría a Julian Assange a las autoridades británicas y se alejaría de todos los acuerdos y organismos regionales como la UNASUR, la CELAC y el ALBA.
Dos, el intenso trabajo de campaña hecho por el binomio Moreno-Glas, que le permitió establecer un profundo vínculo con la base social del correísmo y de llevar a cabo, de nueva cuenta, una extenuante recorrida por las 24 provincias del país, afianzando una presencia territorial y organizacional cuyos réditos fueron evidentes a la hora de abrir las urnas. Otro factor explicativo, el tercero, fue el apoyo de Correa y su denodado esfuerzo por apuntalar con una vertiginosa dinámica gubernamental, la campaña de la fórmula oficialista. Si algo hacía falta para ratificar el carácter excepcional de su liderazgo era esto: una victoria inédita en la historia ecuatoriana porque nunca antes un gobierno se había re-elegido al cambiar la candidatura presidencial. En línea con esto hay que recordar que en la primera vuelta Alianza País había obtenido la mayoría absoluta de los diputados a la Asamblea Nacional y que un 55 por ciento de la ciudadanía votó a favor de la propuesta del gobierno de prohibir que los altos funcionarios y gobernantes pudieran tener sus dineros invertidos en paraísos fiscales. En otras palabras, apoyo interno en lo institucional y en el plano de la sociedad civil no le faltará al nuevo presidente.
En los días previos predominaba en los ambientes de la Alianza País una profunda preocupación. Las encuestas no estaban arrojando los resultados que se esperaba y ponían en cuestión el entusiasmo militante con que Moreno y Glas eran recibidos en todo el país. La campaña de terrorismo mediático fue de tal magnitud y bajeza moral, y este es el tercer factor que hay que tomar en cuenta, que hizo que el votante aliancista temiese manifestarse ante las preguntas de los encuestadores. Las acusaciones lanzadas en contra de Correa y Glas eran tan tremendas como carentes por completo de sustancia. Lo significativo del caso es que la derecha acusaba en los medios pero se abstenía de hacer una denuncia en los tribunales. Como dijo uno de los observadores en la reunión con la gente de CREO-SUMA: “no queremos chismes, aporten datos concretos”. Nunca lo hicieron. Pero, abrumada e intimada por esta artillería mediática (que contó con la activa colaboración de algunos “dizque periodistas” argentinos, en realidad agentes de propaganda al servicio de las peores causas) y por las veladas amenazas de los profetas de la restauración una parte significativa de los encuestados se definían como “indecisos” cuando en realidad no lo estaban. La verdad salió a la luz a partir del escrutinio.
Las tres raíces del árbol de la patria dominicana |
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
viernes, 7 de abril de 2017
BOSCH: La Revolución Dominicana de abril fue auténtica.
BOSCH: La Revolución Dominicana de abril no fue un hecho improvisado.
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El Coronel Caamaño en acción de combate contra el invasor Yanqui |
Los Estados Unidos, que en el mes de abril (1965) tenían en Vietnam 23 mil hombres, desembarcaron en Santo Domingo 42 mil. Para los funcionarios de Washington, los sucesos de la República Dominicana eran de naturaleza tan peligrosa que se prepararon como si se tratara de llevar a cabo una guerra de la que dependía la vida misma de los Estados Unidos. La fuerza de los Estados Unidos se usó en el caso de la Revolución Dominicana de una manera absolutamente desproporcionada. Un pueblo pequeño y pobre que estaba haciendo el esfuerzo más heroico de toda su vida para hallar su camino hacia la democracia fue ahogado por montañas de cañones, aviones, buques de guerra, y por una propaganda que presentó ante el mundo los hechos totalmente distorsionados.
La Revolución Dominicana de abril no fue un hecho improvisado. Era un acontecimiento histórico cuyos orígenes podían verse con claridad. En realidad, esa revolución estaba en marcha desde fines de 1959, y fue manifestándose gradualmente, primero con una organización clandestina de jóvenes de la clase media que fue descubierta a principios de 1960, después con la muerte de Trujillo en mayo de 1961, más tarde con las elecciones de diciembre de 1962 y por último con la huelga de mayo de 1964. El golpe de Estado de septiembre de 1963 no podía detener esa revolución. Fue una ilusión de gente ignorante en achaques de sociología y de política pensar que al ser derrocado el Gobierno que yo presidí la revolución quedaba desvanecida. Fue una ilusión creer, como consideraron los que formulan en Washington la política dominicana, que una persona de buena sociedad y de los círculos comerciales era el hombre indicado para dominar la situación dominicana.
Fueron precisamente el uso de la fuerza y la frivolidad del favorito de Washington —Donald Reid Cabral— los factores que aceleraron el estallido de la revolución de abril.
La Revolución Dominicana tenía causas no sólo profundas, sino además viejas. La falta de libertades de los días de Trujillo y el desprecio a las masas del Pueblo volvieron a gobernar el país a partir del golpe de Estado de 1963; el hambre general se agravó con la política económica sin sentido del equipo encabezado por Reid Cabral, y la corrupción trujillista resultó a la vez más extendida y más descarada que bajo la tiranía de Trujillo. Se pretendió volver al trujillismo sin Trujillo, un absurdo histórico que no podía subsistir. La clase media y las grandes masas se aliaron en un mismo propósito; barrer ese pasado ignominioso que había renacido en el país y retornar a un estado de ley y de honestidad pública.
Veamos ahora el punto que toca al tiempo histórico. Lo que le da carácter peculiar a la historia de Santo Domingo es lo que en otras ocasiones he llamado su “arritmia”. Los acontecimientos dominicanos suceden en un tiempo que no corresponde al tiempo histórico general de la América Latina. El momento histórico en que se hallaba la República Dominicana en abril de 1965 era el equivalente de 1910 en México, y es curioso que los Estados Unidos actuaran sobre Santo Domingo, en cierto sentido, como lo hicieron sobre México en 1910, aunque alegaran para ello que en Santo Domingo estaba en marcha una segunda Cuba. Pero en Santo Domingo no podía estar en marcha en abril de 1965 una segunda Cuba como no podía producirse en México de 1910. Lo que había estallado en la República Dominicana en abril de 1965 era —y es— una revolución democrática y nacionalista; y el 1965 era el momento histórico exacto para que los dominicanos iniciaran su revolución democrática y nacionalista. En términos de 1965, justicia económica.
Por otra parte, el nacionalismo es un sentimiento que se origina en la necesidad vehemente de hacer progresar en todos los órdenes el propio país, en la necesidad de afirmar la conciencia nacional en el campo económico, en el político y en el moral, y toda revolución verdadera, sobre todo si es democrática, tiene un alto contenido de nacionalismo. Para no equivocarse en el caso de la Revolución Dominicana de 1965 bastaba con situarla en su tiempo histórico. Eso hubiera servido también para evitar el costoso error político de considerar que era una revolución comunista o en peligro de derivar hacia el comunismo.
El precio que pagarán los Estados Unidos por ese error será alto, y a mi juicio lo veremos en nuestro propio tiempo. Un índice de la magnitud del error es el tamaño de la fuerza usada originalmente para embotellar la revolución. Los Estados Unidos, que en el mes de abril tenían en Vietnam 23 mil hombres, desembarcaron en Santo Domingo 42 mil. Para los funcionarios de Washington, los sucesos de la República Dominicana eran de naturaleza tan peligrosa que se prepararon como si se tratara de llevar a cabo una guerra de la que dependía la vida misma de los Estados Unidos. Siempre recordaré como un síntoma de esa enorme equivocación un detalle de la densa propaganda hecha por el departamento de guerra psicológica, el del famoso submarino ruso capturado en el puerto de la vieja capital dominicana. Ese submarino desapareció misteriosamente tan pronto llegaron a Santo Domingo los primeros periodistas norteamericanos independientes, pero sigue navegando en las aguas del rumor interesado.
La fuerza de los Estados Unidos se usó en el caso de la Revolución Dominicana de una manera absolutamente desproporcionada. Un pueblo pequeño y pobre que estaba haciendo el esfuerzo más heroico de toda su vida para hallar su camino hacia la democracia fue ahogado por montañas de cañones, aviones, buques de guerra, y por una propaganda que presentó ante el mundo los hechos totalmente distorsionados. La revolución no fusiló una sola persona, no decapitó a nadie, no quemó una iglesia, no violó a una mujer; pero todo eso se dijo, y se dijo en escala mundial; la revolución no tuvo nada que ver ni con Cuba ni con Rusia ni con China, pero se dio la noticia de que 5 mil soldados de Fidel habían desembarcado en las costas dominicanas, se dio la noticia de que había sido capturado un submarino ruso y se publicaron “fotos” de granadas enviadas por Mao Tse-Tung. La reacción norteamericana ante la Revolución Dominicana fue excesiva, y para comprender la causa de ese exceso habría que hacer un análisis cuidadoso de los resultados que puedan dar la fe en la fuerza y el uso ilimitado de la fuerza en el campo político, y convendría hacer al mismo tiempo un estudio detallado del papel de la fuerza cuando se convierte en sustituto de la inteligencia.
En el caso de la Revolución Dominicana, el empleo de la fuerza por parte de los Estados Unidos comenzó a tener malos resultados inmediatamente, no sólo para el Pueblo dominicano sino también para el Pueblo norteamericano. Con el andar de los días, esos resultados serán peores para los Estados Unidos que para Santo Domingo. Pero mantengámonos ahora dentro del límite estrecho de los daños causados a Estados Unidos en Santo Domingo.
Por de pronto, la Revolución Dominicana, que hubiera terminado en el propio mes de abril a no mediar la intervención de los Estados Unidos, quedó embotellada y empezó a generar fuerzas que no estaban en su naturaleza, entre ellas odio a los Estados Unidos. Ese odio no se extinguirá en mucho tiempo. El nacionalismo sano de la revolución irá convirtiéndose a medida que pasen los meses en un sentimiento antinorteamericano envenenado por la frustración a que fue sometida la revolución.
Y es una tontería insigne considerar que el nacionalismo de los pueblos pequeños y pobres puede ignorarse, desdeñarse o doblegarse. La más poderosa de las armas nucleares es débil al lado del nacionalismo de los pueblos pequeños y pobres. El nacionalismo es un sentimiento profundo, casi imposible de desarraigar del alma de las sociedades una vez que aparece en ellas, y ese sentimiento, según lo demuestra la historia, lleva a los hombres a desafiar todos los poderes de la tierra. Ahora bien, cuando el nacionalismo democrático es ahogado o estrangulado, pasa a ser un fermento, tal vez el más activo, para la propagación del comunismo.
Estoy convencido de que el uso de la fuerza de los Estados Unidos en la República Dominicana producirá más comunistas en Santo Domingo y en la América Latina que toda la propaganda rusa, china o cubana. La fuerza, en su caso, fue empleada para impedirles que alcanzaran su democracia. Para muchos norteamericanos esto no es y no será cierto, pero yo estoy exponiendo aquí lo que sienten y sentirán por largos años los dominicanos, no las intenciones norteamericanas. Debido a que la fuerza nunca es tan fuerte como creen quienes la usan, los Estados Unidos tuvieron que recurrir en Santo Domingo a un expediente que les permitiera usar la fuerza sin exponerse a las críticas del mundo; y eso explica la creación de la junta cívico-militar encabezada por Antonio Imbert. Esa junta, como es de conocimiento general, fue la obra del embajador John Bartlow Martin, es decir, de los Estados Unidos; y pocas veces en la historia reciente se ha cometido un error tan costoso para el prestigio de los Estados Unidos como el que se cometió al poner en manos del señor Imbert parte de las fuerzas armadas dominicanas y al proporcionarles como justificación para sus crímenes el argumento de estar combatiendo el comunismo en Santo Domingo. Las matanzas de dominicanos y extranjeros —entre los últimos, un sacerdote cubano y uno canadiense— realizadas por las fuerzas de Imbert bajo el pretexto de que estaban aniquilando a los comunistas, quedarán para siempre en la historia dominicana cargadas en la cuenta general de los Estados Unidos y en la particular del señor Martin.
Esas matanzas fueron hechas mientras estaban en Santo Domingo las fuerzas norteamericanas; y además el embajador Martin sabía quién era Imbert antes de invitarlo a encabezar la junta cívico-militar. La tiranía de Imbert fue establecida a ciencia y conciencia, y después de la tiranía de Trujillo no había excusa que pudiera justificar el establecimiento de la de Imbert.
La revolución no fusiló a nadie ni decapitó a nadie; pero las fuerzas de Imbert han fusilado y decapitado a centenares, y aunque a esos crímenes no se les ha dado la debida publicidad en los Estados Unidos, figuran en los expedientes de la Comisión de los Derechos Humanos de la OEA y de las Naciones Unidas, con todos sus horripilantes detalles de cráneos destrozados a culatazos, de manos amarradas a la espalda con alambres, de cadáveres sin cabezas flotando en las aguas de los ríos, de mujeres ametralladas en los “paredones”, de los dedos destruidos a martillazos para impedir la identificación de los muertos. La mayor parte de las víctimas fueron miembros del Partido Revolucionario Dominicano, un partido reconocidamente democrático, pues la función de la llamada democracia de Imbert es acabar con los demócratas en la República Dominicana. Parece un sangriento sarcasmo de la historia que los crímenes que se le achacaron a la revolución sin haberlos cometido, hayan sido cometidos por un falso gobierno creado por los Estados Unidos sin que eso conmueva a la opinión norteamericana. La mancha de esos crímenes no caerá toda sobre Imbert, que al fin y al cabo es un ave de paso en la vida política dominicana; caerá también sobre los Estados Unidos y, por desgracia, sobre el concepto genérico de la democracia como sistema de gobierno. O yo no conozco a mi pueblo, o va a ser difícil que a la hora de determinar responsabilidades los dominicanos de hoy y de mañana sean indulgentes con los Estados Unidos y duros solamente con Imbert.
En general, va a ser difícil salvar a los Estados Unidos de responsabilidad en todos los males futuros de Santo Domingo, aún de aquellos que se hubieran producido naturalmente si la revolución hubiera seguido su propio curso. El Pueblo dominicano no olvidará fácilmente que los Estados Unidos llevaron a Santo Domingo el batallón nicaragüense “Anastasio Somoza”, el émulo centroamericano de Trujillo; que llevaron a los soldados de Stroessner, los menos indicados para representar la democracia en un país donde acababan de morir miles de hombres y mujeres del Pueblo, peleando por establecer una democracia; que llevaron a los soldados de López Arellano, que es para los dominicanos una especie de Wessin y Wessin hondureño.
En todos los textos de historia dominicana del porvenir figurará en forma destacada el bombardeo a que fue sometida la ciudad de Santo Domingo durante 24 horas los días 15 y 16 de junio. Todos estos puntos a que me he referido a la ligera son consecuencias del uso de la fuerza como instrumento de poder en el tratamiento de los problemas políticos. Una apreciación inteligente de los sucesos de Santo Domingo hubiera evitado los males que ha producido y producirá el uso de la fuerza que se desplegó en el caso dominicano.
Para la sensibilidad de los pueblos de la América Latina, para su experiencia como víctimas tradicionales de gobiernos de fuerza, todo empleo excesivo e injusto de la fuerza provoca sentimientos de repulsión. Desde el punto de vista de los latinoamericanos, los Estados Unidos cometieron en Santo Domingo el peor error político de este siglo. El presidente Johnson dijo que los infantes de marina de su país habían ido a Santo Domingo a salvar vidas, pero lo que puede asegurar el que conozca la manera de sentir de los latinoamericanos es que esos infantes de marina destruyeron en todo el Continente la imagen democrática de los Estados Unidos. Es que parece estar en la propia naturaleza de la fuerza destruir en vez de crear, y cuando se usa en forma excesiva e inoportuna, la fuerza tiende a destruir a quien la usa. Una revolución puede detenerse con la fuerza, pero sólo durante cierto tiempo.
En muchos sentidos, las revoluciones son terremotos históricos incontrolables, sacudimientos profundos de las sociedades humanas que buscan su acomodo en la base de su existencia. Y la Revolución Dominicana de abril de 1965 fue —y es— una revolución auténtica. Por lo menos eso creen los que tienen razones para conocer la historia, las fallas, las angustias y las esperanzas dominicanas, es decir los dominicanos que las hemos estudiado y estamos vinculados al destino de aquel pueblo por razones tan justas y tan honorables como puede estar vinculado el mejor de los norteamericanos al destino de los Estados Unidos.
Juan Bosch
Puerto Rico. 29 de junio de 1965
Bosch: Errores estratégicos y tácticos de los liberales
Los errores estratégicos y tácticos de los liberales latinoamericanos y
caribeños.
Recomendamos a nuestros amigos
lectores leer este texto de un fragmento del libro del profesor Juan Bosch: “Tesis de la dictadura
con apoyo popular”. En texto que hoy presentamos de Bosch es un interesante análisis
de cómo actúan y se comportan determinados grupos sociales y económicos en el
proceso de la lucha por el poder político. Nos señala los errores tácticos y estratégicos
cometidos por los liberales, como fruto de no conocer la estructura interna de
la sociedad. Hoy, estos señalamientos y análisis del profesor están más vigente
que nunca para que sean tomados en cuenta por los líderes demócratas y
liberales que en la presente coyuntura dirigen procesos de lucha por el poder
en la América Latina y el Caribe. Los hermanos de la Revolución Bolivariana de Venezuela
deberían darse una lecturita de estos planteamientos del profesor Bosch para no
errar en lo táctico y lo estratégico del proceso de la revolución chavista en
Venezuela.
En la revolución antioligárquica
de la América Latina se han cometido graves errores estratégicos porque no se
ha hecho un estudio de la composición social latinoamericana. La falta de ese
estudio ha conducido a considerar enemigos a los que no lo eran ni debían
serlo. Como es lógico, esos errores estratégicos han producido a su vez errores
tácticos.
El
no haber hecho a tiempo análisis correctos de las sociedades latinoamericanas
ha conducido a marxistas y a demócratas a errores graves. Podemos enumerar
algunos de ellos y también, por lo menos, un acierto.
Aferrados
a la idea de que en la América Latina hay una burguesía aliada del
imperialismo, los marxistas han creído que puede hacerse una revolución
democrático-burguesa antiimperialista bajo el liderazgo de la burguesía, y por
esa razón se han colocado en algunos casos al lado de las oligarquías creyendo
que eran burguesías y se han enfrentado a partidos de la pequeña burguesía que
pretendían hacer la revolución burguesa y a la revolución burguesa encabezada
por la burguesía.
Lo primero, por ejemplo, sucedió en Venezuela en 1945, lo
segundo en Costa Rica en 1948. En el caso de Venezuela los comunistas creyeron
que el presidente Medina Angarita representaba a la burguesía porque había
mantenido en su gobierno libertades democráticas, y lo cierto es que quien la
representaba era el pequeño burgués Rómulo Betancourt, y con él su partido
Acción Democrática.
En el caso de Costa Rica los comunistas del país,
organizados en el Partido Vanguardia Popular, participaron en la revolución de lado
de la oligarquía costarricense porque sus líderes creyeron que el presidente
Calderón Guardia representaba a la burguesía del país y que José Figueres,
líder de la revolución, representaba a la oligarquía. La oligarquía de Costa
Rica era fundamentalmente terrateniente, bancaria y comercial, y Figueres era
al mismo tiempo dueño de plantaciones de sisal y café, y comerciante; pero
sucedía que el sisal era una materia prima para una industria de sogas y sacos,
y era este aspecto de su actividad lo que determinaba la posición de Figueres
en el contexto social; él era el burgués, no el Dr. Calderón Guardia.
La
alineación de los comunistas venezolanos frente a Acción Democrática no les
costó la vida en el orden político porque en 1948 el gobierno de Acción
Democrática fue derrocado y Venezuela cayó bajo la dictadura militar que a partir
de 1950 encabezó Pérez Jiménez, y la larga lucha contra Pérez Jiménez, en la
cual los comunistas tomaron parte importante, rehízo su prestigio ante las
juventudes del país. Pero en el caso de Vanguardia Popular el error le costó
caro; el partido quedó aniquilado, no por las persecuciones, sino por la
pérdida de autoridad moral.
El
movimiento peronista fue antioligárquico y tuvo el apoyo de las masas
argentinas, pero no se determinó con claridad cuál era la oligarquía y ésta no
fue destruida, de manera que pudo rehacerse y echar del poder a Perón en 1955.
Mientras tanto, demócratas y marxistas en Argentina y en toda la América Latina
cayeron en el error de creer que el régimen peronista era una típica dictadura
oligárquica y personalista.
Así
como señalamos esos errores, que son sólo una parte de los muchos que se han
cometido en nuestros países, debemos señalar un acierto, el de Fidel Castro en
Cuba. La Revolución Cubana no se hizo contra la burguesía de la isla.
Importantes sectores burgueses de Cuba apoyaron a Fidel Castro contra Batista a
tal punto que José Bosch (Pepín), presidente de la compañía Bacardí —una
empresa verdaderamente burguesa, que tenía casi cien años de vida y fábricas de
ron y de cerveza en Cuba, Brasil, México y Puerto Rico; la de Cuba de capital
cubano y las otras de capital cubano asociado a capitales de los países donde
se hallaban—, fue personalmente a la Sierra Maestra a llevarle a Fidel Castro
un millón de pesos, que equivalían a un millón de dólares.
Los sectores más
avanzados de la pequeña burguesía de Cuba, en sus niveles bajo, mediano y alto
colaboraron desde las ciudades con Fidel Castro, y sin esa colaboración la
revolución castrista no hubiera podido tener éxito, pues lo cierto es que no
contó con el apoyo del proletariado ni urbano ni campesino; y esa pequeña
burguesía, cuya aspiración era que Cuba fuera una sociedad burguesa, no habría
ayudado a Fidel Castro si éste hubiera encabezado una revolución antiburguesa.
Lo
cierto es que si la burguesía cubana no se hubiera dejado arrastrar por la
oligarquía, y especialmente por la fuerza más poderosa del frente oligárquico
cubano, que era el imperialismo norteamericano, los burgueses habrían podido
convivir con la Revolución Cubana muchos años sólo a cambio de hacer las concesiones
realistas que iba a exigirles el proceso revolucionario. Pero los burgueses
cubanos se dejaron arrastrar por el frente oligárquico precisamente a causa de
su debilidad, y eso les costó sus bienes y aun su derecho a vivir en Cuba. En
realidad, fue la oligarquía que los llevó al suicidio, y no la revolución
fidelista, la que produjo la aniquilación de los sectores burgueses de la
sociedad cubana, de manera que la dirección de Fidel Castro fue políticamente
acertada, y en cambio la de la oligarquía no pudo ser más desastrosa.
La
oligarquía costarricense fue destruida a partir del triunfo de la revolución de
1948 en dos de sus sectores, el bancario y el comercial, pues al quedar
nacionalizada la banca del país, los créditos, que antes iban a dar casi en su
totalidad al comercio exportador-importador, fueron desviados hacia otros
sectores de la producción, como el agrícola y el industrial. Pero no se tomó
ninguna medida contra el sector latifundista ni contra el sector sacerdotal, y
no fue necesario tomarla contra el de las fuerzas armadas porque éstas no
existían.
¿Cómo
se explica que el imperialismo permitiera el triunfo de la burguesía
costarricense? ¿Por qué en ese caso no apoyó el imperialismo a sus aliados de
la oligarquía?
El
imperialismo no puso su poder del lado de la oligarquía de Costa Rica, como no
lo había puesto en 1945 del lado de la oligarquía venezolana, porque tanto en
Venezuela como en Costa Rica el comunismo se hallaba políticamente en el frente
oligárquico. Esa posición de los partidos comunistas de Venezuela y de Costa
Rica determinó la que tomaría el imperialismo. En Venezuela, las empresas
petroleras aceptaron pagar impuestos de la mitad de sus beneficios al
gobierno surgido de la revolución de
1945; en Costa Rica, la United Fruit aceptó una situación parecida en 1948. Los
errores de los partidos comunistas de Venezuela y Costa Rica precipitaron,
pues, un entendimiento entre imperialismo y burguesía.
Otros
errores fueron cometidos por las pequeñas burguesías revolucionarias, y un ejemplo
de esto último es la revolución boliviana de 1952. Esa fue una revolución
típicamente antioligárquica, que nacionalizó las minas y repartió las tierras,
dos fuentes de riqueza que se hallaban en manos de la oligarquía. Pero el
gobierno revolucionario boliviano cayó en la debilidad de dejarse penetrar por
la fuerza más poderosa de las oligarquías latinoamericanas, que es el
imperialismo norteamericano, y este, operado desde adentro, le arrebató el
poder.
En
la revolución antioligárquica de la América Latina se han cometido graves
errores estratégicos porque no se ha hecho un estudio de la composición social
latinoamericana. La falta de ese estudio ha conducido a considerar enemigos a
los que no lo eran ni debían serlo. Como es lógico, esos errores estratégicos
han producido a su vez errores tácticos.
La
responsabilidad de los errores cae por igual en los partidos marxistas y en los
democráticos. Arrastrados por la propaganda norteamericana, que es en fin de
cuenta la de los frentes oligárquicos, los grupos burgueses han tomado por
enemigos a los partidos reformistas democráticos cuya función era llevar la
lucha contra las oligarquías, y, por tanto, en favor de las burguesías, a
niveles de gobierno; los partidos reformistas, democrático-burgueses, se han dejado
arrastrar también por la propaganda norteamericana y se han dedicado a
combatir, y a menudo a perseguir, a los marxistas, que generalmente han sido
organizaciones minoritarias; y a su vez los marxistas se han dejado arrastrar
por la propaganda oligárquica y se han dedicado a combatir a los partidos
pequeños burgueses en vez de dedicarse a organizar la lucha contra las
oligarquías.
En ese panorama de confusiones ha habido algunas excepciones, pero
muy contadas. Los que no han cometido nunca el error de confundir a sus
enemigos han sido los frentes oligárquicos, y por esa razón han atacado a
muerte por igual a demócratas reformistas y a comunistas; han maquinado y
llevado a cabo golpes de Estado, levantamientos militares, expediciones como la
de Guatemala en 1954 y la de Cuba en 1961 o invasiones militares como la de la
República Dominicana en 1965.
Para
los frentes oligárquicos, y especialmente para su componente más poderoso, el
imperialismo norteamericano —hoy sustituido por el pentagonismo—, todo el que
intente arrebatarle su posición de dominio en la América Latina es un enemigo
al que hay que aniquilar rápidamente y sin contemplaciones.
Juan
Bosch
Tomado del libro de Bosch: “Dictadura
con apoyo popular”
A los empresarios dominicanos
Señores empresarios dominicanos por favor un poquito de desprendimiento, no aprieten más la tuerca que se corre. Ahora veo en la prensa nacional: “Empresarios reiteran impugnarán decisión aumento salarial” “El presidente del Conep, Pedro Brache, consideró como injusto que se haya aprobado el 20%...”. No creen ustedes, empresarios dominicanos, es más injusto el salario de miseria que les pagan a los empleados y obreros dominicanos que ni siquiera dan para cubrir sus necesidades básicas.
No sean tan angurriosos, es que no se conforman con el premio no justo que le da el gobierno dominicano, más de RD$ 200 mil millones de pesos en calidad de subsidios, que representan mas del 35% del PIB, por cierto, con estas compensaciones o donaciones al empresariado que hace el Estado Dominicano debiera terminarse, es lo más injusto que ojos humanos hayan visto, porque ese dinero le hace falta al pueblo quisqueyano para más salud, mas educación…
Viendo esta tozudez e intransigencia de los grupos económicos dominantes en la sociedad dominicana, eso de querer ganárselo todo a costa del infeliz hombre y mujer dominicana me llega al recuerdo una popular y sabia expresión de nuestro pueblo: “ A la puerca si la amarra corta se ahorca y si la amarara larga se enreda”
Empresarios dominicanos!!! Sepan ustedes que para mantener la poquita paz social que hoy se disfruta en la patria de Duarte, Luperón y Juan Bosch le ha costado mucho sacrificio al pueblo dominicano, no la sacrifiquen y contribuyan con una mejor distribución del ingreso nacional, que ustedes también serían favorecidos con el mantenimiento de la estabilidad social.
viernes, 31 de marzo de 2017
Juan Bosch un hombre de siempre
En su juventud vivió en Santo Domingo y trabajó en establecimientos
comerciales; más tarde viajó a España, Venezuela y algunas de las islas del Caribe.
A su retorno a la República Dominicana, al comienzo de los años ’30, publicó su
primer libro de cuentos Camino real, el ensayo indio y la novela La Mañosa,
aclamada por la crítica nacional. Dirigió desde sus inicios la página literaria
del periódico Listín Diario, en el cual se perfiló como crítico de arte y
ensayista.
En junio de 1934 contrajo matrimonio con la señora Isabel
García. Con ella procrearía dos de sus hijos: León y Carolina. En los primeros
años de la dictadura de Rafael Trujillo Molina fue encarcelado por razones
políticas, siendo liberado luego de varios meses. En 1938, sabiendo que el
tirano planeaba designarlo diputado, logra salir al exilio y se establece en
Puerto Rico. En 1939 se trasladó a Cuba, donde dirigió la edición de las obras
completas de Eugenio María de Hostos para la conmemoración de su Centenario. El
trabajo con los escritos originales de Hostos, termina de definir en Bosch su
vocación de patriota, latinoamericanista y humanista.
En 1939, junto a otros exiliados políticos, fundó el Partido
Revolucionario Dominicano (PRD), el cual organizó y dio a conocer en otros
países del Caribe y América Latina. En los años transcurridos entre 1940 y
1945, se destacó como uno de los más notables escritores de cuentos de la
región y laboró activamente en la formación de un frente antitrujillista encabezado
por el PRD. En la misma época, se desarrolla como un agudo analista político e
internacional, y hace parte en diversas luchas liberadoras de nuestros países.
Colaboró con el Partido Revolucionario Cubano y desempeñó un
destacado papel en la redacción de la Constitución de aquel país promulgada en
1940. Casa, en segundas nupcias, con Carmen Quidiello, de cuyo matrimonio
nacieron sus hijos Patricio y Bárbara.


Ganó importantes premios literarios a nivel internacional,
entre los cuales se distingue el premio “Hernández Catá” que se otorgaba en La
Habana a los cuentos escritos por autores de América Latina. Fue uno de los
principales organizadores de la expedición armada que se gestó en “Cayo
Confites”, en la cual participaron cientos de ciudadanos cubanos y centroamericanos
con intención de derrocar la dictadura de Trujillo. Entre ellos se encontraba
el joven Fidel Castro.
Posteriormente, Bosch se trasladó a Venezuela y a otros
países de América Latina, donde desarrolló una activa campaña antitrujillista y
consolidó su carrera de escritor, cuentista y ensayista de primera categoría, a
la par de consolidar fuertes vínculos con los sectores progresistas en cada uno
de los lugares donde se hace presente. Para ese momento había escrito cuentos
de profundo contenido social, entre los que pueden citarse “La Nochebuena de Encarnación
Mendoza”, “Luis Pie”, “Los amos” y “El indio Manuel Sicuri”. En Cuba, lugar al
que regresó requerido por sus amigos del Partido Revolucionario Auténtico,
desempeñó importantes papeles en la vida política e intelectual.
El 1º de enero de 1959 se produjo en Cuba el triunfo
encabezado por Fidel Castro, que motorizó un reordenamiento político,
económico, y social en los países del Caribe. Bosch, con instinto certero,
percibió el proceso histórico que se había iniciado, y dirigió a Trujillo una
carta, el 27 de febrero de 1961, en la cual le advertía que su papel político,
en términos históricos, había concluido en la República Dominicana, y que de no
dar por terminada su tiranía, “el próximo aniversario de la República será
caótico y sangriento; y de ser así, el caos y la sangre llegarán más allá del
umbral de su propia casa...”.
Ajusticiado Trujillo el 30 de mayo de ese año, Bosch regresó
a su país luego de veintitrés años de exilio, cuatro meses después de haberse
establecido en territorio dominicano el Partido que había fundado en 1939. Su
presencia en la vida política nacional, como candidato a la presidencia de la
República, revolucionó sustancialmente la forma de vinculación entre los
líderes políticos y el pueblo, así como el estilo de realizar campañas
electorales en el país. Su forma directa y sencilla de dirigirse a la
población, tanto rural como urbana, especialmente a través del programa radial
Tribuna Democrática, le permitió desarrollar una profunda influencia y simpatías
populares, que lo perfilaron como incuestionable ganador de las elecciones de
diciembre de 1962.
Celebrado el torneo electoral, Bosch obtuvo un triunfo
arrollador sobre sus contendores, alcanzando sobre un 60% de los votos. Juan Bosch,
Combatido por los sectores más conservadores de la sociedad desde antes de convertirse
en el primer presidente electo democráticamente después del fin de la dictadura Trujillista, tomó
posesión como Presidente de la República
el 27 de Febrero del 1963. Había conquistado la voluntad mayoritaria con un
mensaje dirigido a la conciencia de las masas del pueblo hasta ahora marginadas
del “drama nacional”, sin prácticas clientelistas ni demagógicas, propugnando
por una auténtica “revolución democrática” en el país.
Bosch dio inicio a una gestión gubernativa patriótica,
reformadora, de incuestionable honestidad administrativa y de profundas
transformaciones. Su gobierno fue derrocado por un golpe de Estado, ensayado al
menos en cinco ocasiones, y estimulado y apoyado desde el exterior,
especialmente por sectores de la extrema derecha del poder norteamericano.
En diciembre de 1963 caen el líder político Manolo Tavárez
Justo y otros patriotas, alzados en armas en defensa de la constitucionalidad
democrática. Menos de dos años después, la insatisfacción popular generó el
levantamiento militar del 24 de abril de 1965, que tenía como objetivo el
restablecimiento del gobierno constitucional que Bosch había presidido, y la
vigencia de la Constitución que su gobierno había promulgado el 29 de abril de
1963, la más progresista que ha conocido la República. En la epopeya conocida
como “Revolución de Abril” fueron protagonistas héroes de la estatura de
Francisco Alberto Caamaño Deñó, Rafael Tomás Fernández Domínguez, Juan María
Lora Fernández y Miguel Hernando Ramírez, entre muchos otros dominicanos y
dominicanas valientes.
Impedido de regresar al poder por la intervención militar de
los Estados Unidos, retorna al país el 25 de septiembre de 1965 y participa en
las elecciones realizadas el 30 de mayo de 1966 bajo la dirección y el control
de las fuerzas interventoras. A fines de ese año, Bosch se marchó al exterior
radicándose en España, donde realizó una extraordinaria labor intelectual y de
organización política produciendo algunas de sus obras más importantes entre
las cuales están: Composición social dominicana, Dictadura con respaldo
popular, Breve historia de la oligarquía, De Cristóbal Colón a Fidel Castro, y
numerosos artículos de diferentes géneros publicados en revistas, periódicos y
otras publicaciones del país y del exterior.
Regresó a la República Dominicana en abril de 1970 con la
intención de reorganizar y modernizar al PRD; quiso convertir a sus miembros en
militantes activos, estudiosos de la realidad histórica y social de su país;
sin embargo ese proyecto de transformación del PRD fue obstaculizado por grupos
de la derecha y la izquierda enquistado dentro del PRD liderado por José Francisco
Peña Gómez, Jacobo Magluta, Gil Morales, don Antonio Guzmán, Ambiorix Díaz
Estrella, entre otros.
El 15 de diciembre de 1973 funda junto a otros compañeros el
Partido de la Liberación Dominicana (PLD), una organización revolucionaria y
popular llamada a culminar “la obra inconclusa de los padres de la Patria”. La
idea esencial de este partido fue la creación de una vanguardia con autoridad
moral y política en el seno del pueblo trabajador, capaz de convocar y liderar
a las grandes masas. Bosch lo define como “un partido nuevo en América”. El PLD
se constituye como un partido no populista, altamente dotado de conciencia política,
métodos y capacidad organizativa, que logra un apoyo creciente entre los
ciudadanos, siendo el partido más votado en 1990 pero impedido de ostentar el
triunfo mediante el recurso del fraude electoral.
A partir de los setentas, todo su trabajo intelectual y
organizativo lo dedica a la lucha “por la liberación del pueblo dominicano”.
Prosigue, a su vez, con un ingente activismo en la arena internacional a favor
de la defensa de los derechos humanos, el derrocamiento de las dictaduras en
América Latina, el cese de las intervenciones imperialistas, la integración del
continente y la derogación de la deuda externa, entre otras causas. En este
campo de acción se vincula con grandes figuras de la política, las artes y el
pensamiento de los pueblos del Tercer Mundo y de países amigos de sus
aspiraciones.
El relevante aporte del profesor Juan Bosch a las letras nacionales
y americanas en la narrativa, novelas y ensayos lo han convertido en maestro de
dos generaciones de escritores, cuentistas, novelistas, ensayistas, periodistas
e historiadores entre los cuales se distinguen algunas de las más
sobresalientes figuras del país y de América Latina.
Su conducta patriótica, cívica, honesta, valiente y
militante, como gobernante y líder, lo convierten en un símbolo de la dignidad
nacional, en un orgullo para nuestro pueblo y en un ejemplo a seguir para las
generaciones presentes y futuras de la República Dominicana. Don Juan falleció
el 1º de noviembre de 2001, en Santo Domingo. Sus restos están sepultados en el
Cementerio Ornamental de La Vega, su ciudad natal.
Referencias bibliográficas:
Gutiérrez Félix, Euclides. Biografía de Juan Bosch.
Piña-Contreras, Guillermo. Juan Bosch: imagen, trayectoria y
escritura.
Revista Camino Real Nº 14, Fundación Juan Bosch, 2009.
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