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jueves, 2 de mayo de 2019

¿La vida tiene sentido?


Por Frei Betto *

Hélio Pellegrino decía que yo habría sido un buen psicoanalista. Yo le replicaba que la diferencia entre nosotros era que él consultaba por horas y yo no; que él cobraba y yo no…


A menudo, personas angustiadas en busca de oídos atentos y palabras de consuelo nos buscan a los frailes, los padres, los pastores. Suponen que por la función que cumplimos todos somos éticos y estamos capacitados para guardar sus confidencias debido al rigor del secreto de la confesión.

Lo peligroso es cuando el religioso se considera capaz de sustituir al terapeuta o se convence de que es, de hecho, un gurú merecedor de discípulos que lo lisonjeen con su admiración. En ocasiones, esa dependencia degenera en abusos sexuales. La prostituta entrega el cuerpo, pero no el alma. Y quien entrega el alma hace al cuerpo vulnerable.


Viktor Frankl (1905-1997), el psiquiatra austríaco fundador de la logoterapia, solía preguntarles a sus pacientes después de oírlos desahogarse: “¿Por qué no se mata? Si su vida es tan sufrida y sus problemas parecen insolubles, ¿por qué insiste en continuar viviendo?”

Siempre había un “gancho”, una razón que le impedía a la persona ponerle fin a su existencia: “No me mato a causa de mi hija”; “porque tengo fe”; “porque quiero acabar de pagar los plazos de la vivienda de mi familia”, etc.

Lo que diferenciaba a Frankl de Freud es que este consideraba que la frustración sexual era la causa de muchas angustias, mientras que el primero señalaba como causa la voluntad intencional, o sea, la falta de sentido de la existencia.

¿Cuántos jóvenes se muestran, hoy en día, angustiados por la vida? Hacen terapia, viven medicados, se mueven de una actividad a otra sin que ninguna los satisfaga. Algunos se refugian en el alcohol o las drogas, como si la vida fuera un peso insoportable que exige una muleta como punto de apoyo. Otros, como los asesinos de Suzano (SP), transforman el resentimiento en violencia letal y sacrifican sus vidas y las ajenas.


No recuerdo haber visto tanto desaliento juvenil en la década de 1960, a mis 20 años. Tal vez porque la generación de los “años dorados” tenía vicio de… utopía. No queríamos cambiar solamente el corte del pelo y los dictados de la moda. Queríamos cambiar a Brasil y al mundo. Entonces, el adjetivo “nuevo” definía el optimismo reinante: la bossa nova, el cinema novo, los Novos Baianos,[1] etc. Consumir ideas y cultura era más importante que comprar un carro nuevo.

El neoliberalismo logra ahora, con dosis descomunales de hedonismo y consumismo, narcotizar a buena parte de la juventud entre los 15 y los 30 años. Es la parte que ata sus sueños a cuatro supuestos valores: riqueza, belleza, fama y poder. No todos lo quieren todo. Las preferencias recaen en el sueño de ser rico y preservar una apariencia física seductora, como la de quien ha descubierto el elíxir de la eterna juventud.

No obstante, hay enormes contingentes de jóvenes que, a pesar de las dificultades que enfrentan (falta de ingresos, empleo, estudios de calidad), se sienten felices al abrazar un proyecto de vida. Encuentran un sentido por el cual la vida vale la pena.

Para algunos, el sentido es meramente de carácter personal, como convertirse en un buen profesional o fundar una familia. Muchos, sin embargo, tienen un sentido altruista, hacen de sus vidas un servicio para que otros tengan vida. Es de ese terreno que brotan personas como, Gandhi Betinho, Chico Mendes, Marielle Franco, Mandela y Luther King.


Entre los jóvenes que participan en proyectos sociales hay algunos que, poseedores de una ideología elitista, se empeñan en perfeccionar los mecanismos institucionales destinados a reprimir y combatir los efectos nocivos de la desigualdad social (menores infractores, delincuencia, etc.) sin preguntarse nunca por las causas de esos males.

Y hay otros que, sensibilizados por los efectos, se movilizan para atacar las causas. A esos, el neoliberalismo los considera enemigos. De ahí la Escuela sin Partido, la militarización de la educación, los ataques a todos los que se atreven a denunciar que el rey está desnudo.

El hecho es que solo hay perseverancia donde hay esperanza. Y quienes más temen la muerte son los que menos valor supieron darle a la vida.


Frei Betto
Betto, Frei
Escritor brasileño y fraile dominico, conocido internacionalmente como teólogo de la liberación, Frei Betto es autor de 60 libros de diversos géneros literarios –novela, ensayo, policíaco, memorias, textos infantiles y juveniles y de tema religioso. En dos ocasiones, 1985 y 2005, mereció el premio Jabuti, el reconocimiento literario más importante del país. En 1986 fue elegido Intelectual del Año por la Unión Brasileña de Escritores.
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ag/fb


*Escritor y asesor de movimientos sociales.



Referencias bibliográficas

[1] Grupo de rock de Bahía fundado en la década de 1960.

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